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MICRORRELATOS INÉDITOS DE ADRIANA DEL VITTO

  

ADRIANA DEL VITTO

 

 De otro pozo

Habiendo muerto el rey y, ante la insistencia de su madre, la princesa salió a buscar un sapo. Tal como mandaban los cuentos, lo besó y lo convirtió en príncipe.
Tuvieron un principito y una princesa, la más bella que alguien pudo haber imaginado alguna vez. Sin embargo, no fueron felices ni comieron perdices.
El imperfecto beso inicial había dejado la metamorfosis incompleta y la rugosidad de la piel se fue haciendo cada vez más evidente en el rey, quien con su lengua devoraba cuanta presa estaba a su alcance en insaciable hambre de resentimientos.
Un día la princesa, convertida ahora en reina madre, descubrió que sus hijos comenzaban a teñirse paulatinamente de un color verduzco al tiempo que los genes batracios se plasmaban en desagradables verrugas.
Rompiendo entonces el final feliz de su cuento, a costa de todos los dolores, las miradas y las lenguas, se armó de valor y saltó del pozo.

 

Disparos

Sin comprender por qué, ambos habían apuntado al otro. No tuvieron piedad. Nadie supo jamás quién había apretado el gatillo primero. De última, no importaba el orden, sino los resultados.
Ahora, los dos son el tema preferido de las charlas con sordina de los vividores de historias ajenas. A ellos no les importa demasiado que los devoren las palabras de los otros y siguen adelante con sus sueños.
Además de sus vidas, comparten la creencia que alguna vez escucharon de boca de sus ancestros: dicen que el disparo de una cámara sobre una persona permite que el fotógrafo se adueñe de su alma.
Por eso no les gustan las fotos. En su casa, sólo conservan aquellas dos que, sin saberlo hasta mucho después, se sacaron mutuamente.

 

Umbilical

Te dije que odiaba a los médicos. No me escuchaste. Como siempre.

Ella lucía esa sonrisa irrepetible en el rostro rebosante de estrellas, como ocurre en cada especie cuando el cascarón finalmente se agrieta y deja pasar la luz primera por entre las rendijas y ese ser único -y a la vez dramático- se refleja en cada rayo de sol.
Pero vos no me escuchas. Tendría que haberme acostumbrado.
Ahora estoy sentada en el consultorio para que alguien me explique por qué me creció esta horrible tripa que se extiende por más de 500 kilómetros. Justo hasta donde ella está, escribiendo su propia historia.

 

Payaso

Mi nombre siempre estuvo asociado a los laureles. Por eso, quizás, siento que puedo superar cualquier empresa. El día que salí a perseguirte por el océano, a pesar de mi falta de memoria a corto plazo, supe que el triunfo me iba a acompañar... "Ésa es mi Doris", diría mamá.
Pero vos, además de ser un payaso, fuiste un desagradecido. Que te quede bien claro: si no fuera por mí, jamás habrías encontrado a Nemo. Hoy todos te conocen como "el padre de...". Qué orgullo, papito. Ni una palabra para mí, ni un gesto.
Por eso mi vieja me decía: "Los peces no vuelan, Doris, buscate un pájaro".

 
Preferencias

Tontas. Todas. Totalmente. La de la caperuza se creyó todo lo que le mintieron, la mamá mandona, el lobo feroz, el lobo travesti, todos...
La blanca como la nieve, los engaños del cazador para alejarla del palacio, las palabras de la madrastra convertida en pordiosera que casi la mató...
La de cenizas, las fantasías del hada, del zapallo, la carroza, los ratones, los cocheros, el vestido... ¡el zapatito!
Por eso decidí alejarme de los cuentos maravillosos... me quedo con la señora Christie, porque en sus páginas siempre gana la lógica. Como en la vida. Casi...

 

Parricidio

Nunca me gustó el psicoanálisis. Sujetos incompletos, objetos que se caen, otros con minúscula, Otro con mayúscula, discurso y discursos, deseo, goce, lazo... "hay que matar al padre"...
Anoche llegué más temprano que nunca y lo encontré ahí, tirado en medio de las botellas empezadas. No pensé demasiado. Le partí una en la cabeza y me fui a dormir.
Ahora estoy en el móvil, les hablo de Freud y de Lacan. Ninguno me entiende. Me miran raro y me dicen que voy a envejecer tras las rejas.

 

Transgénicos

Lo primero que abandonó fue el pollo. Decía que las hormonas la trastornaban. Cuando se enteró del feetloft se alejó para siempre del asado, los bifes de chorizo y hasta las carteras y los zapatos de cuero.
Nunca militó, pero dejó la soja, el trigo, el maíz... No compraba ni frutas ni verduras perfectas, porque seguramente habían sido modificadas en su desarrollo...
Poco a poco se apartó de los amigos... el café la excitaba, el té la estreñía, la coca era un veneno...
La encontraron inerme en su cama... pequeña, frágil, consumida por su propio organismo, muerta de hambre.

 

Adriana Del Vitto nació en Santiago del Estero. Es profesora de Castellano, literatura y latín, Licenciada en Letras, Especialista en Lectura, escritura y educación; Diplomada en psicoanálisis y prácticas socioeducativas, Magister en literatura para niños y jóvenes.
Ha ejercido la docencia en todos los niveles de la educación. Durante 13 años trabajó en el diario El Liberal como jefe de Corrección, encargada de la página cultural y editorialista. Recibió el premio de la Asociación de Periodistas Argentinos por su contribución a la educación desde el periodismo. Fue distinguida como Mujer destacada en el rubro letras por el Consejo Deliberante de la Capital santiagueña y por la CTA filial local. Ha sido consultora de la Unesco para el Ministerio de Educación de la Nación desde 2009 hasta mayo de 2016. Recibió numerosos premios por sus trabajos literarios. Ha publicado los poemarios Distancias, El fuego de mis juegos y Septiembre no me gusta, y el libro de cuentos Sexto Sentido.