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MICRORRELATOS DE LUIS HÉCTOR GERBALDO 

Selección de Mariano Cuevas 

foto luis

 NATALIA Y EL SOLDADO

Rígido estaba su corazón al verla. La Princesita Natalia Dogolof, con sus ojos bailarines, escrutaba el salón buscándolo, él lo sabía. Quería gritarle. ¡Aquí estoy! Pero de sus labios no escapaba sonido. Para que reparara en su presencia hacía relucir su capote, erguía la plúmula de su casco de húsar. Todo en él es vibración. Loco está de amor por ella desde el momento que sintió la suavidad de sus manos. Firme en su posición, sentía como tintineaba su sable al compás de los giros alegres de la blanca falda, que con tanta gracia hacía volar la princesita Natalia. Si ella era feliz, él era más. Si ella reía, su risa lo elevaba a los cielos. Pero que no viera brotar lágrima alguna, que no sintiera su sollozo, su interior no lo soportaría, sería un solo crujir de su corazón. Sin duda, encontraría las fuerzas necesarias para desenvainar su espada y cargar contra el infame que provoque semejante pecado.

Todo en él es amor por ella. De pronto al ver que se acercaba, escuchó el grito.
─ ¡Princesita! No es juego de niñas los soldaditos de plomo. ¿Cuántas veces debo decírselo?─ Reprendió mademoiselle Cécile, su institutriz.

LOS DOMINGOS A LA MISMA HORA

Frente a un pequeño espejo, aplica un delineado fino alrededor de sus ojos. Peina sus pestañas. Eleva sus pómulos con mezcla de rojos. Debe ser un maquillaje austero, pero que resalte su belleza. Usa el mejor conjunto de soutien y culotte para éste día. Luego una falda lisa combinada con alguna blusa. No debe llamar la atención de su guardián. En la canasta, la vianda para calmar el apetito después del amor. Ritual repetido durante años, cada domingo a la misma hora, prestos a robar un poco de intimidad y pasión a la realidad que los separa. No hay renuncia de ninguno de los dos que pueda obsequiarles una vida juntos, solo queda el camino de la espera. El amor debe persistir cuando llegue el momento. Eso justifica la repetición dominical. Marina y Nahuel quedan con su abuela, cómplice que cuida sus hijos, sabedora de éstas citas de amor. Pero los niños crecen día a día, no será fácil ocultarles la verdad. Al bajar del bus, camina con paso seguro las pocas cuadras que distan de la penitenciaria.

ENLIL, SEÑOR DEL AIRE

Miró desolado las ruinas de Nippur. Volvió la vista y enfrentó la ira de Enlil.

─ Puedes culparme, Señor del Aire. Soy responsable por ellos.
─ Imbécil ¿No podías detenerlos? En sólo unos siglos envenenaron todo.
El castigo era la muerte. Como Señor de todos los Países, Enkukur era culpable.
─ Enlil. Ejecuta tu sentencia. Descarga tu espada huracanada sobre mí.
El Señor del Aire crispó su mano en el pomo de la espada. Detrás del gran monte Kurgal, emergía humo negro de las refinerías incendiadas. Basora estaba en llamas.

A RESGUARDO

Agustín escribe. Su brazo, a modo de hoz, rodea la hoja blanca. Ya dejó caer la cabeza en su hombro. Todo él transformado en público del bolígrafo que descarga palabras azules. Una tras otra fluyen sin cesar. Puede verse en su rostro cómo generan imágenes, situaciones que le llegan a preocupar; estrecha sus cejas, siente la desazón de los personajes. Se detiene por momentos, mira al vacío, ve lo que nosotros no vemos, escucha ése dialogo que luego podremos leer, quizás. Vuelve el bolígrafo a descargar su tinta en letras sentidas. Está solo entre todos. No escucha los comentarios de sus amigos, ni el ruido del ambiente, resguarda su hoja con el brazo para que la realidad no la contamine. De pronto se yergue, sonríe a su alrededor, y vuelve a zambullirse en esa mar de letras, que otra vez lo lleva de aquí para allá, hasta que parece transformarse en un escultor, quita un poco de masa, agrega donde le falta. Separa la hoja de su vista, ve todo a la vez, comprueba que el conjunto sea de su agrado, y con una enorme sonrisa, entrega la hoja a su maestra.

Agustín escribe, crea, deja su imaginación fluir sin miedo, todavía está a salvo de nosotros, todavía está a resguardo del mundo. Él y su bolígrafo.

ELLA EN EL ESPEJO

Cuando entré, ella estaba sentada en una de las mesas. Dejé el cuaderno al lado del servilletero y me senté de espaldas al bar, de frente al espejo que disfrazaba la pared. Pedí un té al momento que abría el cuaderno, preparé la lapicera. La realidad duplicada se extendía profundo, y en un rincón, ella. Toqué su presencia con la mirada, era especial, ese tipo de mujer que solo conocí una o dos veces en la vida, que me hacen sentir inferior, o mejor, inmaduro frente a la enorme personalidad que emiten. Dejó la copa de vino, y mientras recargaba su cabello detrás de la oreja, me miró preguntando si me molestaba la copa de vino. No, la verdad es que no me molesta, me resulta extraño verme frente a una taza de té y vos con un borgoña. Vamos a caminar, me hace falta. En otro momento, quizás, mi timidez me hubiera obligado a rechazar la invitación, pero ya estoy viejo para eso, ¿qué miedo podríamos tenernos? Caminamos en silencio, ella con su cabeza apenas inclinada, el cabello ocultándole a medias el rostro. Podía ver una pequeña mueca que hacía de sonrisa. No puedo imaginar porqué estás así. ¿Así cómo? Triste, callada. No puedes. ¿Por qué no? ¿Qué me hace distinta? Tenía mil razones para revocar esa afirmación, pero ninguna que le sirviera, creo. No sé si puedo ayudarte, solo tengo mi presencia que es bien poco. Se detuvo, nos miramos, y sin pacto previo simplemente nos abrazamos. Momento suave, protector, necesario. Gracias, lo necesitaba. Volvimos a nuestras mesas, se despidió con una mirada brillante de humedad. Escribí las últimas palabras en mi cuaderno. Salí del bar obligándome a no mirarla.

Los textos fueron seleccionados por Mariano Cuevas desde una serie que, gentilmente, nos envió el autor.

Luis Gerbaldo por él mismo

Mi nombre es Luis Héctor Gerbaldo, tengo 58 años. Nací y vivo en Córdoba, escribo desde joven, aunque relegando ésta actividad frente a las obligaciones laborales. En el verano del año 2006 se publica en el diario local Hoy dia córdoba un cuento de mi autoría en página central. Desde allí las publicaciones se sucedieron en continuidad, revistas electrónicas, publicaciones papel; la CIINOE me otorga en el año 2008 el Premio Internacional Especial en la categoría Monólogo teatralizado hiperbreve; luego se publican textos míos en la Antología bilingüe español – italiano Buena letra; textos temáticos, en formato bilingüe español – inglés son publicados en la revista Minatura; realizo la tarea de compilador en la publicación colectiva La cerradita; fui distinguido en algunos concursos motorizados por editoriales. El año 2016 debí concentrarme en dos actividades: la presentación y difusión de La cerradita; la formación del grupo Córdoba Breve, con la organización de la primera mesa de lectura de microcuentos, evento que superó las fronteras de la provincia. Desde hace cinco años coordino el taller de escritura creativa, dictado en Calicanto Casa de Arte.