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Editorial

 

Estamos llegando a las últimas horas de este difícil 2016. Se me ocurre que, por estos días, las urgencias cotidianas de mucha gente, superan con largueza a los temas menos apremiantes como por ejemplo, la cultura. No obstante, nosotros, los que hacemos Tardes Amarillas, seguimos apostando a nuestro trabajo.
Esto, de ninguna manera significa que nos desentendamos de las graves dificultades que enfrenta el ciudadano común (no solo en Argentina sino también en otros países hermanos) sino que nos anima la certeza de que cualquier futuro menos cruel y más grato para la especie humana deberá contener en su seno elementos indispensables entre los que se destaca la cultura. Ningún proyecto de liberación puede excluir la cultura y la dura pero agradable tarea de cultivar el espíritu. Y es por eso que, desde Tardes Amarillas, queremos seguir con nuestro pequeño pero sincero aporte.
Estos tiempos de festejos nostalgiosos y también mucha tristeza, nos obligan a detenernos y evaluar lo hecho y lo que nos falta hacer. Desde junio de 2014 Tardes Amarillas se ha mantenido en la red no sin mucho esfuerzo. Por nuestro equipo de trabajado han pasado diferentes personas pero, las urgencias a que hacemos referencia en párrafos anteriores, han obligado a algunos de nosotros a abandonar el proyecto para poder realizar otras tareas que les acerquen un mejor vivir. Lo hemos dicho hasta el cansancio; Tardes Amarillas se financia, exclusivamente, con dinero propio y no produce ganancias. También hemos repetido en numerosas oportunidades que (ahora ya casi no tanto) hemos recibido ofertas para la financiación de nuestro emprendimiento, pero la sola sospecha de que pueden limitar nuestro contenido u obligarnos a incluir contenidos que no reúnan los requisitos de calidad que procuramos mantener nos asusta por lo que preferimos seguir nuestro camino como hasta ahora; absolutamente independientes.
En este punto me parece oportuno recordar que nuestra revista pretende ser un espacio plural en el que todas las voces puedan ser escuchadas y que no tenga limitaciones de carácter ideológico, religioso o racial. La única limitación es que los artículos o notas cumplan con un mínimo de calidad; no sabemos si nuestro concepto cualitativo es o no el adecuado pero, merced a la experiencia que hemos adquirido en estos años que llevamos en la red, creemos que estamos en el camino correcto.
Ningún análisis retrospectivo puede obviar el agradecimiento a numerosas personas que, desinteresadamente, han ayudado a la supervivencia de la revista en un mundo altamente competitivo como es el mundo Internet.
La lista es larga y, probablemente, si la hiciéramos, siempre quedaría alguien en el tintero lo que terminaría por transformarla en una lista injusta e incompleta.
Por último, queremos renovar nuestro compromiso con los lectores y con quienes nos han ayudado a hacer de Tardes Amarillas una publicación virtual que nos enorgullece. Nos llena de satisfacción que hayamos podido sortear diferentes acechanzas para seguir apostando por la cultura. Ojalá el 2017 sea pródigo, no solamente para la revista sino para todos y que este deseo no siga siendo una utopía.

Antonio Cruz
Director