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2006-04-A

 

   

 

Lógica modal y posición subjetiva

Guillermo Bustamante Zamudio

 

Aventuro una mirada a la condición humana desde la lógica modal que sistematizara Aristóteles. Intento explicar la posición subjetiva que sacrifica la causa propia a nombre de un ideal (con el costo de la impotencia y la amargura garantizadas) y también la posición que construye un proyecto, un poco de libertad para llevar a cabo un deseo realizable en función de condiciones dadas.

Valores de la lógica modal

Necesidad.- No cesa de inscribirse, no puede no estar; condiciones en las que nos desenvolvemos y que contribuimos, con nuestros actos, a interpolar en una vida social cambiante. Cuando identificamos paradigmas que simplifican o complejizan, que abren o cierran opciones, hablamos con la esperanza de aludir a lo necesario; hay mecanismos de interpretación que han promovido a cierto tipo de discurso (la ciencia, por ejemplo) a la posición de representar lo necesario.
Contingencia.- Cesa de no inscribirse, no estaba y de pronto aparece, no obedece a las leyes de lo necesario, pero irrumpe allí y, a veces, las pone en crisis. Para algunos, con lo contingente no se puede hacer ciencia, pues no obedece a leyes de determinación. Para otros, tiene un papel importante, bien sea para construir explicaciones o para considerar la vida cotidiana. En tanto impredecible y efímero, a veces parece quedar representado de mejor manera por el arte. La ciencia trata de atraparlo, mediante un componente determinístico; ejemplo: la estadística como "medición de la incertidumbre".
Posibilidad.- Cesa de inscribirse, estaba y de pronto desaparece; aquello que construimos en las predicciones de las que no podemos tener certidumbre. Campo despreciado por el determinismo, que quiere llegar a tener certeza, que el campo de lo necesario crezca a expensas de lo posible. Para cierta perspectiva científica, el sueño es una enfermedad que la certeza puede curar. Es hegemónico creer que lo posible es reductible y, si no, forma parte de la especulación, la superchería o la superstición.
Imposibilidad.- No cesa de no inscribirse: ni estaba, ni está, ni podrá estar. No le quitamos terreno a lo imposible; en realidad, le creamos nuevos marcos de definición. Es el más allá de umbrales de la ciencia como la velocidad de la luz, el cero absoluto, la no reversibilidad del tiempo.

 

Tentación del sujeto

Desconocer lo necesario. Como cuando produce información para no conocer, para desconocer. Es más cómodo, más eficiente, no conocer y repetir ciertos circuitos establecidos por los roles que ocupamos, uno de los cuales es aplicar las llamadas "gramáticas" de las disciplinas que producen información muchas veces inservible, como en el caso de la copiosa información emitida por la "investigación" que cree encontrar el sentido de lo social a través de encuestas.
De otro lado —equivocando la lógica modal—, hacemos que algo contingente parezca necesario, llamándolo, por ejemplo, 'destino', 'idiosincracia'. Nuestra condición histórica, todo lo que ocurre en el marco de la sociedad, es contingente y, sin embargo, consideramos necesario alguno de sus aspectos. Hablamos de manera que parece natural aquello que en realidad es transformable, pues fue construido por los hombres, y entonces hacemos todo tipo de segregación, y decimos: "somos así", "qué le vamos a hacer", "si no lo hacemos nosotros, de todas maneras otros lo van a hacer", "ahí estamos pintados", etc. Creemos en la fatalidad. Por eso, parece dable desconocer el sentido del trabajo humano y pasar a obrar tal como está de moda, y creer, por ejemplo, que los "nuevos tiempos" nos hacen no sé qué tipo de desafíos.
Por su parte, en el lugar de lo imposible, ponemos un ideal sin condiciones de posibilidad. La telenovela, en lugar de las vicisitudes de la vida amorosa con seres de carne y hueso, en medio de cuyas batallas no siempre salimos bien librados; el chat, en lugar de la relación; la mujer o el hombre perfectos; el producto que satisfará completamente las necesidades; la vida si nos ganamos la lotería; en lugar de una explicación que requiera nuestro esfuerzo, una lo-teoría, o sea, una doctrina terminada y abarcante. El ideal es aquello que nos evita pensar, algo en relación con lo cual no hay que trabajar, pues es el reino de la demanda al otro, aunque no está desprovisto de activismo. Los grupos alojan este tipo de posición subjetiva, piensan en lugar de sus participantes, les explican de qué deben gustar, con quiénes deben relacionarse, les extraen cierta plusvalía, a veces los traicionan y se van con todo... o se quedan y, de todas maneras, se quedan con todo.
Por último, en el lugar de lo posible se instala la impotencia. Sin un proyecto contextualizado, en el que esté empeñado el deseo, cuando el horizonte es un ideal (del tinte que sea), se verifica con frecuencia la insuficiencia frente a lo que ocurre, el desánimo porque las cosas no van como deberían ("soy un fracasado: no he conseguido un carro"). La idea de que las cosas son como son (es decir, la contingencia como necesaria), ahora se encuentra adobada por la impotencia. El otro siempre es culpable o malagradecido.

 

Posibilidad abierta al sujeto

Tal torsión de la modalidad no es inmodificable. Es más: continuamente hay otras maneras de ubicarse. En tanto ha sido producido, puede también construirse otra perspectiva. El problema es dar lugar a que eso sea pensable, pues tal posición produce sus réditos.
Así, en el lugar de lo necesario puede ubicarse la naturaleza histórica de nuestra experiencia, el hecho de que toda época mira hacia atrás con una percepción distinta, de que siempre estamos haciendo y rehaciendo la historia. Eso no puede no estar (es necesario), aunque para algunos resulte cómodo creer que el sentido de la existencia viene de un lugar inexpugnable.
De tal manera, se puede recuperar el papel contingente de las condiciones históricas; trabajar en consecuencia con el hecho de que la situación actual no es una fatalidad, un destino, sino una construcción compleja, que entreteje infinidad de sentidos y prácticas. Se puede creer en algo, bajo la condición de la génesis histórica de ese algo; podemos aprender la historicidad de los saberes que han ido ganando —por razones que se pueden rastrear— la dignidad cambiante de la selección social.
Tal horizonte deshace la impotencia y permite colocar un proyecto en la posibilidad; es decir, un camino de trabajo en el que está inscrito un deseo, en relación con un contexto particular; es esperable, en esta dirección, que haya un entusiasmo, que haya un poquito de libertad. Ante la ausencia de un ideal, ya no se siente impotencia por los resultados, pues se sabe de las condiciones de realización del proyecto. Los proyectos vitales, así concebidos, enfrentan la condición humana, no la evaden.
Eso es posible bajo un conocimiento de lo imposible, pero no en el sentido de la lotería que nunca podrá ganarse, de la inhallable pareja ideal o de la teoría infalible, sino en el sentido del límite. En los límites está la condición existenciaria (Heidegger): somos seres para la muerte y sólo la conciencia de ello nos causa para construir algo. De otra manera, construimos a nuestras expensas, porque tenemos una amarga eternidad otorgada por un ideal inmovilizante, o no construimos nada ante la fatalidad del determinismo aplastante.

 

Guillermo Bustamante Guillermo Bustamante Zamudio nació en Cali, Colombia, en 1958. Es licenciado en Literatura e Idiomas y Magíster en Lingüística y Español. En 2002, obtuvo el Premio Isaacs con su libro Convicciones y otras debilidades mentales y en 2007, su libro Roles ganó el Tercer Concurso Nacional de Cuento de La Universidad Industrial de Santander. Junto a Harold Kremer, ha sido un cultor del minicuento en Colombia a través de la fundación y dirección de la revista Ekuóreo y las antologías Antología del cuento corto colombiano, Los minicuentos de Ekuóreo y Segunda Antología del cuento corto colombiano. Ha publicado los libros de microrrelatos, Oficios de Noé, en 2005; Libro sobre microcuento, en 2008; Escrito a dos manos con Harold Kremer y Ekuóreo: un capítulo del minicuento en Colombia, en 2008. Varios de sus cuentos componen antologías de microrrelatos en Colombia e Hispanoamérica.