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Microrrelatos de Ernesto Simón.

 

Ernesto Simón

 

Pesebre
Año 2129: el mundo es un caos. Dios decide pedirle explicaciones al Papa. Lo manda a buscar. Lo encuentra. Una vez que lo tiene enfrente, le pregunta: ¿Qué está pasando? ¿Qué nos pasó? Veo que el mundo se nos fue de las manos. El Sumo Pontífice se toma unos segundos y le dice que no está claro qué es lo que sucede en la Tierra. Supongo que la ambición del hombre, sumado al predominio irreversible del Mal, están prefigurando un escenario que no habíamos contemplado. Dios se queda callado. Lo mira. Espera. Señor, dice el hombre, predicamos por doquier la palabra que nos dejó tu Hijo, edificamos un templo en cada pueblo o gran ciudad y fuimos fieles a tu mandato. ¿Qué falló? Ahora Dios lo mira extrañado. Frunce el ceño. Pregunta: ¿Una iglesia en cada pueblo?, ¿una sucursal de mi morada en cada ciudad, por pequeña o grande que sea? Sí mi señor, tal como lo dices. Dios hace silencio de nuevo. Pierde la mirada en el horizonte difuso. Suspira con nostalgia. Y dice: Quién iba a imaginarlo, si empezamos apenas con un pesebre.

 

La sombra
Cansado de presidentes que rifan el país, o de estos otros que bajo el disfraz de patriotas se sientan a la mesa del Imperio, Luciano ya no supo en quién creer. Ha subido al techo de su casa. Desde aquí todo se ve más claro, piensa. El sol pega fuerte y su sombra es nítida. ¿Qué camino debo seguir?, le consulta. Y pasan las horas. Mientras conversan, él se mueve para todos lados. Camina. Va, viene. Pero su sombra se ha mantenido apuntando siempre en la misma dirección. Luciano se pregunta si será ésta una nueva lección que le ha dejado esa cosa difusa y oscura a la que todos llamamos sombra.

 

La costura del tiempo
En el año 2666 comenzó a rajarse la costura del tiempo. Desde entonces, la historia del mundo se dividió en dos versiones. Las letras se escribieron duplicadas. Todo se supo de dos maneras. El espejo se convirtió en matriz ineludible. Hubo un lado y hubo otro. Cuentan que los hombres nunca supieron de la misteriosa costura que Dios no había terminado de unir. Un trabajo mal hecho y la fatiga inesperada del Todopoderoso contribuyeron al malogrado final. La humanidad quedó condenada a conocer una sola de las dos versiones que cifran la historia.

 

Jesús vuelve
Hora cero: Jesús entra a un bar de Manchester. Viste pantalón de yin, camisa negra, campera de cuero y unos borcegos de suela alta. Lleva lentes oscuros, a pesar de ser noche, para que nadie lo reconozca. Su pelo largo y su barba descuidada no dicen mucho más.
Cero y treinta: Jesús pide un vodka con jugo de naranja y hielo. Bebe. Mira. Se asombra.
Una y cinco: Unos chicos esquinjeds, la cabeza rasurada y tachas por todas partes, le buscan la roña. Lo insultan. Uno lo escupe. Otro lo empuja contra la barra.
Una y catorce: Jesús se quita los anteojos. Los mira con furia. Levanta sus ojos al cielo y grita: Perdónalos señor, no saben lo que hacen. Los muchachos se ríen. Ordenan una jarra de cerveza que pronto pasa de mano en mano. Lo rodean. Soy Jesús, el Hijo de Dios, les grita aterrado. He vuelto a la tierra para salvarlos. Su voz no tiembla, sus piernas sí. No eres más que un vagabundo que busca nuestro favor, dice uno. El otro lo acusa de pobre infeliz, desgraciado indefenso y le pega una patada que da justo entre sus piernas. Jesús cae. La música aturde. Parece un corazón gigante que entró en taquicardia. La cerveza sigue su recorrido por el círculo de esquinjeds que lo rodea. Uno de ellos saca una navaja, se pone en cuclillas y la clava. Jesús se retuerce. El de la navaja hace un corto recorrido con su mano. Ahora le raja todo el vientre. Ríen. Toman. Patean. Música. Luces que se encienden y se apagan.
Una y treinta: Todo sigue igual. Esta vez no hizo falta cruz. No hubo Calvario. Magdalena ni se vio.

 

 

77 historias foto libro chica 1

 

 

Las historias de Ernesto Simón son sueños redondos. Tal cosa se me representa como la consagración de un hombre que logra escribir liberado de hacer diferencias entre el vuelo infantil, delirante, de los sueños, y la vida formal, conservadora del downtown sanjuanino. Hijo, como todos los de su generación, del enciclopedismo francés, Simón retiene en su prosa la cultura universal y la suaviza con el paganismo de los cerros. Sus textos, lo quiero decir, son trucos de magia de tres minutos y, como en las pruebas de René Lavand, no se puede hacer más lento el procedimiento. La prosa certera, económica, al servicio del absoluto de la vida, la muerte, los miedos y el infierno de haber sido, condensa rápidamente, como un ilusionista, la atención del lector con la vocación gratificadora del artista que da de sí, cuando tiene ganas, el destilado de su vida completa, la del propio artista -con su recorrido, su camino- y la del hombre detrás del artista -que trabaja, pena, se reproduce y se prepara para el día de mañana- que necesita comprar las horas que hacen falta para cumplir el delirio de escribir y hacer temblar.
Simón vio luz y subió los Andes, un escritor hace lo que quiere.

 

Esteban Schmidt

 

Biografía de autor
Ernesto Simón nació en San Juan, Argentina, en 1969. Es periodista y escritor. Ha conducido ciclos de radio y ha escrito en diferentes medios gráficos. Ha colaborado con notas para la revista Rumbos, que se edita en los diarios dominicales de casi todas las provincias del país. Ha publicado cuentos en diarios de distintas provincias argentinas, incluidos diario Uno de Mendoza y diario Perfil de Buenos Aires. Escribió artículos para revistas y diarios de San Juan, Mendoza y Buenos Aires. En 2010 escribió la obra de teatro Todos dicen algo, que se estrenó en el Festival Nacional de Teatro por la Memoria. Ha sido columnista de cultura y espectáculos en programas de televisión abierta. Escribe sobre música, autores y bandas en la revista Pensar Musical. En el año 2013 publicó el libro de microficciones 77 historias (Milena Caserola) y en 2015 publicó el libro de cuentos Argentinos por nada (Wu Wei). Actualmente sigue escribiendo para diario Perfil (Buenos Aires), MDZ (Mendoza), El Federal (La Rioja) y El País Diario (San Juan).