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Toño leyendo

 

     ¿QUÉ NOS ESTAMOS DISPUTANDO?

 

Acerca de las redes sociales, el plagio, la vanidad, la mezquindad y todos "esos avatares" del tercer milenio.

Antonio Cruz*

 «Vanidad de vanidades», dijo el Predicador; «vanidad de vanidades, todo es vanidad.» (Ecl 1,2)

Seguramente, Ítalo Calvino, el italiano que nació en Cuba y que profetizó muchos de los avatares que nos acosan en esta cotidianidad del tercer milenio en su extraordinaria "Lezione americane" (Seis propuestas para el nuevo milenio) jamás imaginó, de manera exacta, lo que se avecinaba. Tampoco creo que Orwell (1984) o Huxley (Un mundo perfecto), hayan previsto un futuro tan complicado y tan incierto como el que atravesamos. Pero no quiero referirme en esta nota a los cambios en la vida cotidiana que ha sufrido la sociedad en su conjunto sino específicamente a los inconvenientes que estamos atravesando aquellos que hemos abrazado la literatura (o cualquier otra forma del arte) en estos tormentosos días que nos tocan vivir.

Nadie puede dudar que el ejercicio de escribir y difundir lo que producimos ha sufrido una formidable transformación a partir de la aparición de Internet y, en especial, desde la masificación de las redes sociales. Si bien, la irrupción de la Web 2.0 o blogosfera, con su carga de tecnología blogguer y muchas similares, han contribuido de manera especial a la difusión de la literatura, no es menos cierto que esta masificación ha traído aparejado una serie de complicaciones como por ejemplo el riesgo de plagio, siempre latente, pero ¿Es unidireccional, ese riesgo? ¿Qué pasa cuando escribes un texto inspirado en otras fuentes y alguien tiene la certeza de que lo estás imitando, aunque eso no sea real?
Supongo que los lectores sabrán dispensar que, para referirme a un tema tan complejo, recurra a mi propia experiencia pero, se me ocurre que, a veces, «La experiencia propia cuesta cara y llega tarde». Debo aclarar que, al escribir esta nota, solo pretendo instalar la necesidad de un debate profundo sobre aquellas cosas que nos han cambiado la vida y que son propias del nuevo milenio; un debate serio y sincero sobre los desafíos que enfrentan la literatura (y seguramente otras artes) debido a la exagerada incidencia de las redes sociales en nuestro diario devenir y los peligros que nos acechan a quienes hemos abrazado la literatura como modo de vida.

Breve puesta en escena.

Algunos acontecimientos, aparentemente sin conexión entre sí, me impulsaron a escribir el siguiente texto. A pesar de que no me llevó demasiado tiempo terminarlo, no me decidía a publicarlo. Todavía confundido por los eventos, decidí conversar con varios colegas amigos pero no encontraba una respuesta, hasta que al final, una de esas noches en la que el alma vaga al garete, mientras leía la novela La sobrina de Úrsula del tucumano Rogelio Ramos Signes y me tomaba una buena copa de "Malbec", encontré un fragmento que me conmovió y que transcribo textualmente: «Hablar de libros y de música lo ponía siempre de buen talante; salvo cuando se discutía de alguna mezquindad entre colegas. Ese era un tema que lo sacaba de sí. "¿Qué nos estamos disputando?", era su pregunta "¡Si somos unos eternos aprendices!" Y lo decía totalmente convencido, incluyéndose en todos los casos.»1 Fue en ese momento que tomé la decisión de hacerlo.

Los hechos.

1) A fines de noviembre pasado, recibí la invitación de la Revista Virtual Brevilla para participar en una antología de relatos policiales. Aclaro que a pesar de que tengo varios cuentos policiales escritos y publicados, dicho género no me resulta sencillo y confieso que, en este caso, quería escribir algo novedoso y, en mi fuero íntimo, aspiraba a salirme de mi forma escrituraria habitual para incursionar en nuevas formas de redacción.
2) Ya casi desesperado, busqué en mi biblioteca y me propuse una lectura ordenada de varios libros, a la espera de que, de su lectura, se me ocurriera alguna idea. Incluí en ellos "Manual de Perdedores" de Juan Sasturain, "Mar de fondo" de Patricia Highsmith y, sin siquiera saber por qué, ya que no es para nada una novela policial, "Christine" del prolífico Stephen King. Sin embargo no se me ocurría nada y los días pasaban volando con lo que mi ansiedad y mi temor de enviar cuentos que ya había escrito y, hasta llegado el caso, publicado, fueron creciendo exponencialmente.
3) Pero como bien dice alguien por ahí, las caprichosas musas acuden en nuestro auxilio cuando menos lo esperamos. En uno de esos días "ansiosos", en mi habitual recorrido por la red social Facebook, leí un post que el escritor mexicano Jaime Muñoz Vargas (Amigo a quien respeto y además admiro) había escrito en su muro; en él, relataba un encuentro fortuito con un boxeador a quien él mismo también admira, el "Chato" Noriega.
A partir de ese texto "disparador" más algunas imágenes del "Etchenaik" de Sasturain, algunos episodios del Inspector Parodi de alguno de mis cuentos (cuyo nombre pretende ser un humilde homenaje a Borges), al cabo de algunas pocas horas ya tenía el germen de los micros policiales para Brevilla. Como me faltaban personajes, decidí incluir al "Gitano" Salamanca, el mismo de "Cábala gitana" aquel maravilloso cuento que, generosamente, me dedicara Jaime en su libro "Para escapar de Malisani. Treinta relatos futbolísticos" hermoso pre-texto de la edición de "Polvo somos (Treinta relatos futbolísticos)", así que también decidí incluirlo. Sin embargo no lograba dar con el final adecuado.
4) Aquella noche comencé a releer "Christine" y eso bastó para que todo se volviera sencillo. Al abrir el libro y comenzar a leer el primer capítulo (por lo general evito los prólogos) recordé que cada uno de ellos comenzaba con una canción; eso me trajo de inmediato el recuerdo del "Etchenaik" de Sasturain tarareando tangos en "Manual de perdedores" o al propio Jaime, escuchando a Leo Dan (cantor que no me resulta ajeno) cosa que él mismo relata con frecuencia. Me levanté de inmediato, abrí la notebook y, habida cuenta de ello, escribí el epílogo del cuento que ya, prácticamente, estaba "cantado". La música acababa de entrometerse en mis textos.
5) Dos o tres semanas más tarde la también mexicana Gloria Ramírez, persona a quien mucho respeto, tuvo la generosidad de enviarme por correo tradicional unos libros de regalo cuya lectura acometí de inmediato. Primero leí "Ráfagas de punk" (otra vez la música "enchufada" en la narración) y le pedí a Gloria una breve reseña sobre este libro para la revista Tardes Amarillas.
6) La sorpresa mayor llegó con la lectura del segundo libro que me enviara Gloria (cuyo nombre obviaré por respeto) y me di con que el mismo también tenía su propia "banda de sonido". Sorprendido gratamente, escribí al autor ya que, como me había gustado bastante, pensaba escribir una reseña del mismo.
7) Y aquí comienza lo peliagudo. El autor me pidió leer mis cuentos de inmediato; sin advertir en ese pedido, se los envié. Su respuesta me dejó perplejo. Me dijo, palabras más, palabras menos, que le resultaba "sugestivo" o "curioso" (ergo, "sospechoso") el parecido de mis cuentos cono los suyos (quienes lean ambos libros comprobarán que tal parecido no existe) y eso me cayó muy mal. Me preguntó de cómo se me había ocurrido escribir esos cuentos y, cuando le respondí que mi personaje (Parodi) estaba inspirado (y bastante), en el "Etchenaik" de Sasturain que se pasa la novela canturreando tangos, siguió insistiendo de manera tan extraña que, prácticamente (o al menos así lo sentí) me acusaba de "plagiar" la idea o el método de escribir. No recuerdo la conversación exacta y, tuve la desgracia de que me bloquearan mi perfil anterior de Facebook que mantenía desde 2009 por lo que perdí archivos valiosos que ya nunca podré recuperar, entre ellos la famosa conversación. No obstante, esa secuencia determinó en mí la necesidad de referirme al tema e instalar una nueva discusión (los tiempos han cambiado) acerca del plagio, de la intertextualidad y, principalmente, sobre la vanidad a la que estamos expuestos muchos escritores como si eso fuera el signo de los tiempos (y cuando digo vanidad, me refiero en exclusiva a nuestra propia vanidad... a la mía misma si se quiere).

Mis reflexiones

Trataré de ser lo más sintético posible y voy a intentar, aunque no garantizo llevar un orden.
1) ¿Cuál es la verdadera acechanza de las redes sociales? O mejor dicho ¿Cuáles son sus ventajas y cuáles sus desventajas? Es un caldo espeso como para resolverlo en las pocas hojas de un artículo de opinión pero es más que evidente que la globalización trae aparejado el enorme riesgo de que se puedan robar nuestro trabajo. Por ejemplo, alguien de Hungría o de Taiwán que habla el castellano, puede copiar exactamente mis textos y publicarlos en su lengua nativa sin que yo pueda darme cuenta en los próximos doscientos años.
2) Tal como lo he sostenido a lo largo de varios años, a pesar de que el plagio está definido, la frontera que separa al plagio de una escritura "parecida", por llamarle de alguna manera, es demasiado difusa. No es una frontera lineal sino que tiene tantos recovecos y tortuosidades que muchas veces, resulta muy difícil determinar de manera acertada la existencia o no de plagio.2 El uso de Internet parece favorecer el truco, la trampa y la copia ya que (...) es fácil apropiarse de documentos, imágenes y archivos. Un par de retoques pequeños permiten camuflar los textos y transformarlos en propios con facilidad", sostengo en el año 2008 en un artículo que me publicara la prestigiosa revista venezolana Letralia (Letralia, Año XIII, N° 192, 4 de agosto de 2008).3  No obstante es menester dejar claro que el plagio está definido de manera legal y que hay un marco jurídico (que por ahora puede resultar insuficiente, pero existe).

En una apretada síntesis, podemos decir que "El plagio, (debe ser) entendido como la copia de textos sin citar su procedencia y dándolos como de elaboración propia".4
«Por plagio hay que entender, en su acepción más simplista, todo aquello que supone copiar obras ajenas en lo sustancial. Se presenta más bien como una actividad material mecanizada y muy poco intelectual y menos creativa, carente de toda originalidad y de concurrencia de genio o talento humano, aunque aporte cierta manifestación de ingenio.»5
«Las situaciones que representan plagio hay que entenderlas como las de identidad, así como las encubiertas, pero que descubren, al despojarse de los ardides y ropajes que las disfrazan, su total similitud con la obra original, produciendo un estado de apropiación y aprovechamiento de la labor creativa y esfuerzo ideario o intelectivo. No procede [produce] confusión con todo aquello que es común e integra el acervo cultural generalizado o con los datos que las ciencias aportan para el acceso y el conocimiento por todos, con lo que se excluye lo que supone efectiva realidad inventiva, sino más bien relativa, que surge de la inspiración de los hombres y difícilmente, salvo casos excepcionales, alcanza neta, pura y total invención, desnuda de toda aportación posterior. Por todo lo cual, el concepto de plagio ha de referirse a las coincidencias estructurales básicas y fundamentales y no a las accesorias, añadidas, superpuestas o modificaciones no trascendentales.»6
A quienes interese más el tema los remito a mi artículo "Intertextualidad versus plagio (La confusa frontera entre la decencia literaria y la escritura tramposa)" que está en el sitio web mencionado más arriba.
3) Lo que no se puede obviar es la existencia de ideas o textos disparadores (algo que se practica mucho en los talleres literarios). En otras palabras, cualquier texto que, en su forma o en su contenido genera un nuevo texto ligado pero a la vez diferente del original, no pasa de ser un ejercicio de intertextualidad o transtextualidad.
A guisa de ejemplo, quiero referirme a un ejercicio que solíamos hacer con bastante frecuencia en el taller literario al que concurría desde finales del siglo pasado hasta mediados de la primera década de este. Quien coordinaba el taller nos leía un texto y luego de los consabidos comentarios nos proponía la tarea de escribir un texto parecido pero diferente... ella le llamaba "textos disparadores" y en la jerga del taller eso era "escribir a la manera de..."
4) Cuando uno escribe algo inspirado en otro texto, suele ser de importancia hacer una referencia al autor original pero ¿Cómo nos manejamos con la transtextualidad o la intertextualidad? En este sentido, me pregunto (y les pregunto a los lectores) ¿Cuántos textos se han escrito a partir de "El dinosaurio" de Monterroso? Todos estos ejercicios de transformar el citado y famoso texto ¿Pueden ser catalogados como plagio? Evidentemente que no.
4) La otra pregunta que me desvela por estos días... El peligro de que nos "copien" ¿es el único? ¿y qué hay de nuestra vanidad?... Afortunadamente nunca descubrí que un texto mío haya sido copiado en el sentido estricto. He visto textos similares o parecidos pero no transcriptos literalmente. Ahora bien... pensar que la gente que escribió esos textos se ha aprovechado de manera maliciosa de mis "originales" ideas, acaso ¿No es un tremendo acto de vanidad?
5) En el libro del Eclesiastés su puede leer una sentencia poderosa "Lo que fue volverá a ser, lo que se hizo se hará nuevamente. No hay nada nuevo bajo el sol" (Ecl 1,9); por su lado Ulises Polanco se pregunta « ¿Toda escritura es una reescritura?» pero lo más contundente que leí sobre el tema fue la aseveración de Silvia Barei en su libro "De la escritura y sus fronteras", cuando afirma que todo texto es en alguna medida «cita o refundición de otro»; «...en una cadena construida a partir de textos, en una sociedad construida a partir de textos es imposible que texto alguno sea absolutamente original.»7
6) Entonces, cobran fuerza las palabras del "Cisco" de Ramos Signes cuando se pregunta «¿Qué nos estamos disputando?»
7) Una última reflexión. Si bien el plagio es malo y no se compadece del tremendo esfuerzo que hacen muchos escritores, por lo que resulta una práctica execrable, la vanidad es tan mala como el mismo plagio porque en su corpus conlleva la posibilidad de enlodar o ensuciar o sospechar de otro sin tener, a veces, demasiado argumentos y esa "sospecha" puede llegar a frustrar una amistad en ciernes por haber sucumbido a nuestra propia vanidad.

 

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1. Ramos Signes Rogelio, La Sobrina de Úrsula, Culiquitaca Ediciones, Tucumán, Rep. Argentina, 2015.
2. Intertextualidad Versus plagio. La confusa frontera entre la decencia literaria y la escritura tramposa.

http://www.letralia.com/192/articulo08.htm
3. Ib.
4. Legislación contra el plagio, Biblioteca Universidad de Alcalá, recuperado de

http://www3.uah.es/bibliotecaformacion/BECO/plagio/5_legislacin_contra_el_plagio.html
5. Propiedad Intelectual y derechos de autor, Biblioteca universitaria, Universidad de Málaga, recuperado de Internet del siguiente sitio Web http://www.uma.es/ficha.php?id=135192
6. Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril. Sentencia de la Sala 1° del Tribunal Supremo, de 23 de marzo de 1999, incluido en el libro "El plagio como una de las bellas artes" de Manuel Francisco Reina.

7. Barei Silvia, "De la escritura y sus fronteras", Ed. Alción, 1991, Córdoba, Rep. Argentina

 

*Director de Tardes Amarillas