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ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA POESÍA 

Amaru Diógenes Mamani
Especial para Tardes Amarillas

El 21 de marzo se celebró en todo el mundo el Día Mundial de la Poesía. Un buen momento para reflexionar sobre ella. 

El primer punto al que quiero referirme es una pequeña reivindicación. Hasta hace menos de veinte años atrás, no existía formalmente un "Día mundial de la poesía". Por lo general, en algunos países y muchos, muchísimos poetas, tenían una fecha clave: el 14 de diciembre, fecha en que se conmemora la muerte de San Juan de la Cruz. Pero en 1999, la UNESCO propuso como Día de la poesía el 1 de marzo por coincidir con el equinoccio de primavera del hemisferio norte, la temporada de las flores y el renacimiento. Evidentemente, los que vivimos al sur no fuimos ni seremos consultados acerca de esta decisión; afortunadamente, para muchos poetas, el otoño, estación de la melancolía y de los días grises, también son propicios para asociarlo a la poesía, así que esta opinión mía no pasa de ser una simple queja panfletaria para parafrasear a Benedetti y decir «El sur también existe».

arte poética

 Aristóteles, en su genial Arte Poética, dice que «no es oficio del poeta el contar las cosas como sucedieron, sino como debieran o pudieran haber sucedido, probable o necesariamente» mientras que Vicente Huidobro, en su poema que lleva el mismo título que el trabajo de Aristóteles, pide «que el verso sea como una llave que abra mil puertas» y que «el alma del oyente quede temblando». A su vez, Horacio Quinto Flaco, en su magnífica "Epístola a los Pisones" asevera que «Sin escribir cosa alguna, enseñaré como se escribe;/ diré la misión y las reglas del poeta, el manantial donde ha de beber, / lo que el buen gusto permite y lo que no, los atrevimientos del genio / y los escollos de la ignorancia».

Desde que abracé el oficio de escribir, he leído innumerables opiniones, ensayos, análisis académicos y juicios críticos sobre la poesía y los poetas. Entonces surge la pregunta ¿Es posible explicar la poesía?
Personalmente adhiero a las palabras de Vicente Zito Lema quien afirma que la poesía, es un «estremecimiento ante el mundo» y a la opinión de Horacio Armani quien en su artículo Traduciendo a Montale manifiesta que «Hay muchas maneras de interpretar» una poesía del italiano y en otro párrafo afirma que «...el centro, la esencia de la poesía es uno solo para todos y cada poeta obra como un filtro luminoso que bifurca y disemina la luz y los rayos que de ella emanan. Y ese filtro es lo que la personalidad de cada uno transforma en voces inconfundibles que solo viven por él y seguirán viviendo misteriosamente hasta que todo se termine.»
Desde el momento mismo que la palabra abandona el recinto donde está guardada (el pensamiento, el alma, la mente) deja de ser propiedad del poeta y pasa a ser patrimonio de todos aquellos que leen. Si nos atenemos a lo que opinan la mayoría de los lectores de poesía, las interpretaciones varían según el lector por lo que estoy absolutamente convencido de que explicar la poesía es imposible. Se puede contar a guisa de anécdota como surgió tal o cual poema, como fue el proceso de corrección o algunas otras cosas sin verdadera importancia pero, repito, explicar el quid, el sustrato, el alma de la poesía, es imposible.
Tengo la convicción de qué cada quién tiene su propio lenguaje poético y expresa su poesía de una manera que lo identifica. No es lo mismo el decir procaz de Bukowsky que la sílaba impecable de Borges, ni la exquisita metáfora de Neruda se parece a la antipoesía de Parra. No suenan de la misma manera los largos poemas épicos del medioevo que la contundente brevedad del haiku. Lo que gusta a unos puede no ser bueno para otros y, si bien es cierto la calidad de los poemas no es siempre la misma, el hecho de dedicar una parte de nuestras horas a escribir poesía ya constituye un hecho meritorio en este globalizado y deshumanizado tiempo moderno que, con sus dictados, mantiene alejado al género humano de toda manifestación espiritual.
No se admiten dudas acerca de que, entre las artes, la literatura es una de las menos reconocidas y que el mayor reconocimiento es para el cine, la música (sobre todo la popular) y en menor medida el teatro en desmedro de otras entre las que se incluyen las letras. Basta recorrer las páginas de los diarios y revistas o mover un poquito el dial de la radio para comprender que no digo nada que no se pueda comprobar. ¿Será simplemente una cuestión de cachet?
Tampoco he de generar ninguna controversia si sostengo que entre los diferentes tipos de literatura, la cenicienta es, sin duda, la poesía; tanto es así que mi amigo, el poeta Eduardo Belloccio me dijo algunos años atrás que, salvo algún elegido o los herederos de algunos elegidos, nadie vive de la poesía, pero él tampoco peca de original; en una entrevista que le realizara Horacio Armani en 1970 y que fuera publicada por el diario argentino La Nación el 10 de enero de 1971, el exquisito poeta italiano (Premio Nóbel de literatura) Eugenio Montale, contestaba a una pregunta con la siguiente sentencia: «En el mundo actual el poeta no juega absolutamente ningún papel. Es un individuo como cualquier ciudadano que tiene un oficio, un oficio que no es el de poeta» y en respuesta a la siguiente pregunta ampliaba el concepto: «...ciertamente, el poeta puede vivir con los otros...» «...debe vivir con los otros, a menos que se encierre en un convento o sea tan rico como para vivir en una autorreclusión lujosa...» y remataba sosteniendo «(el poeta) cumple oficios extraños a la poesía ».
No creo ofender a nadie si afirmo que, mientras un novelista o un ensayista o un cuentista o un periodista pueden llegar a vivir de lo que escriben, la inmensa mayoría de los poetas tiene que trabajar en otra cosa para poder subsistir. Todo esto sin tener en cuenta que, en general, para los gobiernos, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo, la literatura en general y la poesía en particular son cosas casi sin valor real. Pruebas al canto: Invito a quienes lean estas reflexiones a que se interioricen sobre las leyes que rigen en algunas provincias argentinas (de mecenazgo, de protección al escritor, o lleve el nombre que lleve) y veremos si tengo razón o no.
Tampoco podemos analizar de manera objetiva la relación de la poesía con el mercado editorial y sus dictados. El mismo Armani asegura que «... en el mundo actual son ya escasos los editores que asumen el riesgo de solventar las ediciones de poesía» y Montale asevera que muchas casas editoras «Distinguen entre el autor que se vende y el que no se vende, y desde luego, este último no vale nada, aunque muchas veces sea mejor que el que se vende».
Asimismo debemos tomar en cuenta la imposibilidad de hacer conocer los trabajos poéticos por otros medios, ya que muchos poetas (entre los que tengo varios conocidos) sufren la discriminación de ciertos sectores del periodismo relacionado con la cultura.
Pero he aquí que en las dos últimas décadas, ha hecho su aparición un espacio virtual que ha cambiado totalmente las reglas de juego. Estamos hablando nada más ni nada menos que de la irrupción de Internet y más aún de las redes sociales.
Durante algunos años creía que Internet había venido a suplir en parte ese espacio de discriminación o de "acomodo" como manifesté dos párrafos más arriba pues la red nos ha dado a muchos la posibilidad de ser reconocidos a pesar del "silencio de radio" que hay sobre algunos de nosotros en determinadas geografías, pero debo reconocer que me equivoqué de cabo a rabo. Si bien es cierto, Internet y las redes sociales han permitido conocer trabajos valiosos también es cierto que ha servido para que cualquier "poeta" de tres por cinco, publique en la Web 2.0 textos inclasificables (eso sí, con su correspondiente ©¿?) que nos asustan de pensar que en el futuro la poesía puede tomar esos rumbos.
De cualquier manera, no se es mejor o peor poeta porque tengas inserción mediática o carezcas de ella. El reconocimiento popular excede muchas veces estas cuestiones aunque, tal como sostiene el poeta citado más arriba, «...lo que apena es que la nobilísima tarea creadora de los auténticos se vea pisoteada por el tropel de audaces que puja con brazos y piernas para poder lograr un asiento en el ómnibus de la fama, esa fama que hoy corre por los tristes caminos de la industria cultural».
En los días que corren, se habla demasiado acerca de si el lenguaje poético debe ser de cual o tal manera y muchos afirman que determinadas formas de poesía son vetustas o pasadas de moda. En este punto es necesario admitir que la poesía es un misterio que contiene en su médula una gama muy amplia y por qué no decirlo, borrosa, de la expresión humana. La poesía puede nombrar al amor, o expresar el fervor religioso; puede acoger la tristeza o la alegría, el enojo o la protesta. Naturalmente, eso nos puede llevar a diferentes formas de lectura.
Al respecto, solamente diré qué, desde mi humilde punto de vista, lo único que importa son dos cosas: Si la palabra tiene contenido y si produce placer estético en quién lee poesía.
Nadie puede dudar que decir algo con métrica libre o con forma de soneto no suena de la misma manera, pero al fin y al cabo lo único que hará perdurable un poema es lo profundo de su significado y el gozo que produzca en la mayor cantidad de personas que lo leen.
Por ello, más allá de estas reflexiones, que han surgido casi sin que me lo haya propuesto, solamente me queda expresar que lo único que pretendo es reafirmar el convencimiento de que, a pesar de que hay gente que con sus textos ha bastardeado, ha banalizado la poesía, los hay también quienes cultivan de la otra, de la buena y que eso, al fin de cuentas, es lo que la mantiene más viva que nunca.
En medio de este maremágnum, la pregunta del millón es acerca de si la poesía, como "estremecimiento del alma" podrá superar esta ola de creciente banalización. Se me ocurre que la buena poesía habrá de perdurar a través de los años como hasta ahora, no importa la forma que adopte para aggiornarse con los tiempos que corran y más allá del reconocimiento que puedan, o no, brindar los medios. Supongo que el tiempo me dará la respuesta.
Mientras tanto, yo seguiré acunando la única ilusión que tenemos los poetas: Que de cuando en cuando, cada uno de los que haya leído algún poema, sienta necesidad o ganas de volver a leerlo y que, cuando lo haga, se le escape algún suspiro, alguna sonrisa o alguna lágrima... Con eso me daré por satisfecho.

 

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