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Juan Mario Basterra

 

    Lepra y redención

Acerca de "Víspera negra" de José Gabriel Ceballos 

Por Juan Mario Basterra*

Víspera negra, Novela, 200 pag.
José Gabriel Ceballos
Ediciones Simurg, 2004

Quien haya leído "Los novios" de Alessandro Manzoni, seguramente recuerda el destino de sus dos personajes principales, los prometidos Lucía Mondella y Renzo Tramaglino. Estamos en el Milán de 1630. La peste bubónica ha sentado sus reales en toda la Lombardía itálica. Los muertos en la ciudad son más de sesenta mil, la mitad de todos los habitantes. Lucia y Renzo, cercados por la enfermedad y perseguidos por el deseo omnímodo de Don Rodrigo, sellan sus esponsales en el lazareto milanés ante la mira enternecida de fray Cristóforo, capuchino piadoso de pasado violento. La aspiración del amor que todo lo vence (ideal del romanticismo temprano) está encarnada en casi todas las figuras del drama: en Lucia y Renzo, por supuesto, pero también en el cura Abbondio, en el altivo cardenal Federico Borromeo y hasta en el esbirro "el innominado", responsable de la salvación final de los dos jóvenes enamorados.

"Los novios" constituye una de las cumbres del arte decimonónico y es además, una celebración de la vida en medio de las contingencias de la Naturaleza y de los hombres. Su enseñanza es clara: sólo mediante el amor el hombre puede vencer la fuerza centrífuga y eliminadora de la muerte; el acatamiento a su imperio, es la única salvación posible; lo contrario es la oscuridad y la identificación con la nada.
Casi doscientos años después de la publicación de "Los novios", "Víspera negra", novela de José Gabriel Ceballos, traslada a otros tiempos y a otros ámbitos las intenciones de la obra italiana. El año es 1939. El lugar: la provincia de Corrientes y la Isla del Cerrito en el Territorio Nacional del Chaco. Los amantes, la poetisa Clara Díaz Etcheguren y el perito agrónomo Hilario Maidana. La enfermedad que da forma al libro no es la peste bubónica sino la temida lepra, una enfermedad de la que ya el Levítico, en el Antiguo Testamento, denunciaba el carácter "inmundo" en quien la portase, declarando además: "...fuera del Real será su morada". Víspera Negra CeballosAsí lo entiende, entre otros, uno de los personajes de la novela, el cura Roque al declamar desde el púlpito: ". . .La palabra culpa sirve ya para señalarnos que la lepra consiste en un castigo divino. Dios, nuestro señor, fuente de toda bondad y toda justicia, sólo castiga a los culpables. Necesariamente, entonces, la palabra culpa nos remite a la palabra castigo, a considerar a esa enfermedad como un castigo divino". Y decir lepra no es sólo nombrar el Mal; es también decir destrucción; destrucción y muerte que para la Naturaleza son primas hermanas de la misma ineluctabilidad. Así lo entiende el joven José Menéndez ante la contemplación de su ropa ya para siempre inútil en los roperos familiares; así lo entiende Clara Etcheguren, al entregar a las hogueras encendidas en su estancia "San Benjamín" los vestigios de su pasado: las prendas, los libros, los cuadernos, las cartas, los cuadros, las fotografías, todos aquellos testimonios que semblantearon el esplendor de su vida, ahora tan alejada del presente como el mismo Monte Olimpo. 
La lepra, sombra creciente del mayor de los infortunios (en una época en que la cura del mal comenzaba a vislumbrarse) recorre cada una de las páginas del libro. Se encarna en el cuerpo elefantiásico de "Papocho", el débil mental que a la salida de los cines elude el contacto de los transeúntes a los que sabe, en el divagar de su mente infantil, portadores de la omisión y el castigo; da forma al reclamo desesperado de José Menéndez, el dandy deportivo, ornato y pompa de la más encumbrada y feliz de las familias; desata el enfrentamiento entre el senador nacional Juan Ramón Vidal (enemigo declarado de la instalación del leprosario en la Isla del Cerrito) y el presidente del Departamento Nacional de Higiene, el médico Miguel Sussini (suerte de personaje heroico en la mejor tradición de las creaciones del escritor griego Nikos Kazantzakis); da origen al accionar de "Los Caballeros de la Higiene", grupo homicida constituido por muchachos de la alta sociedad correntina y que recuerda a ciertas sociedades secretas retratados hace dos siglos por el prolífico Alejandro Dumas. Pero la lepra también es redención: el destino de cada uno de los padecientes es un largo camino cuyo vértice es el paraíso.
Si como pretenden algunas escuelas literarias y algunos estetas (pensemos en John Ruskin), la salvación reside en la belleza, belleza que en el libro abarca los campos de la moral y lo formal, podríamos obtener consuelo en el destino final de los desdichados que pueblan la novela. Un vapor los acerca a la isla. El terror pero también la esperanza dan sentido a la miserable existencia de los enfermos. El doctor Sussini, acompañado de sus colegas, el chaqueño Morgan y el correntino García, vela los destinos de sus desposeídos. Se aproximan nuevos tiempos. La planchada del muelle está cada vez más cerca; se divisan los pabellones sobre la pequeña loma; una bandada de biguás sobrevuela la isla. En el cielo, el azul es un mar de bienvenida.

 

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".