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Carlos Enrique Saldivar 2

 

 

   PRÓLOGO AL LIBRO «BIOFICCIONES» DE BENJAMÍN ROMÁN ABRAM 

Carlos Enrique Saldivar

Bioficciones Personajes famosos en cuentos fantásticos

Benjamín Román Abram

Torre de papel ediciones

Lima 2015

 

Samuel Johnson, en su libro Life of Samuel Johnson (1791), comenta uno de los problemas más importantes de la biografía: la credibilidad, un aspecto básico cuando se tratan las vidas de personalidades reales o ficticias; ha de considerarse cada rasgo trascendental y tratarlo de una forma adecuada, para poder fascinar al lector. Cabe decir, gran número de personas gustan de leer biografías, sobre todo de personajes históricos; yo me incluyo en este grupo. Es como si las vivencias de estos personajes se vieran reflejadas en cada uno de nosotros, experiencias que han resonado a través del tiempo y son de interés general, porque cada uno de los actos de estas celebridades ha creado grandes cambios en nuestro mundo, para bien o para mal.

En especial, me gustan mucho las biografías sobre escritores, particularmente cuando aúnan sus vicisitudes y aventuras con la creación literaria. Muchas veces develan sus secretos sobre la ideación artística, su modo de trabajar, los líos que tuvieron al publicar sus libros, su camino al éxito... Hay tanto por leer sobre sus vidas, me vienen a la memoria algunos volúmenes muy interesantes, de escritores de ciencia ficción: The Early Asimov, de Isaac Asimov; The Early Del Rey, de Lester del Rey; The Early Williamson, de Jack Williamson. En estos cuadernos los autores brindan algunos de sus primeros cuentos publicados, acompañados de datos biográficos muy pertinentes, que no solo tratan del contexto creativo en el cual se gestaron dichos relatos, también se comenta la realidad social y política de la época en que les tocó escribir y colocar aquellos textos en diversos medios. Otro libro que se me viene a la mente es La hora de la verdad. Un año de mi vida, de P. D. James, en el cual la célebre escritora de relatos de misterio nos cuenta hechos de su existencia, y nos brinda, como parte de la narración, excelentes recomendaciones literarias. Este tipo de volúmenes, en mi caso, fueron una gran inspiración y me condujeron por las vías correctas, al edificar mi carrera literaria. Benjamín Román Abram es un gran lector de biografías, más nutrido que yo en esas lides; recuerdo que me recomendó y prestó con suma gentileza el libro Memorias de Isaac Asimov (la autobiografía del buen doctor) que degusté con voracidad. Sí, las biografías de escritores me apasionan. Benjamín, en cambio, se interesa en todas las caras de la existencia: los artistas, los políticos, los científicos... Era inevitable que varios de estos personajes aparecieran en sus ficciones. Escribir sobre las vivencias de un individuo implica presentar facetas imprescindibles de aquel; es decir, se puede mostrar su conocimiento, o la metodología que empleó para llegar a este, de tal forma, podríamos emplear dicho saber. Líneas atrás, hablé de mi experiencia personal con datos autobiográficos de escritores; soy un creador literario y ese tema se halla en la cima de mi interés; los asuntos son variados, hay para todos los gustos; como dije, hay una gama de conocimientos en las biografías, los hay filosóficos, tecnológicos, sociales... Todo biógrafo es un historiador, analiza los personajes y sus circunstancias, revisa los hechos, los verifica y los expone. En su ensayo ¿Cómo se escribe una biografía? Anna Caballé Masforroll nos dice sobre este punto: «El historiador es, pues, el dueño del paisaje que pinta en su lienzo y está en su poder decidir el alcance representativo, y por tanto simbólico, de los personajes y acontecimientos que describe. En otro sentido, el historiador es el principal responsable de trazar una línea imaginaria, pero fundamental para que pueda formarse la conciencia histórica individual, entre nuestra experiencia y la de nuestros antepasados». BioficcionesEn pocas palabras, el historiador, el biógrafo, realiza una labor que implica diversas aristas, desde la poética hasta la estética, es un creador, un representador y, por tanto, su discurso es una construcción artística es –llevando más allá este argumento– literatura, y «podría» ser por entero ficcional, tomando como base únicamente al personaje; me refiero a que usando de referencia a un individuo, se puede crear un relato imaginario; mejor aún, partiendo de un sujeto inexistente –literarios, como Cthulhu o Tarzán; míticos, como Hércules o Zeus, o incluso simbólico, como la Venus de Willendorf (personajes aparecidos en este libro)–, se puede crear un texto ficcional. Si bien, existe un tipo de biografía que es real –porque se nutre, en primer lugar, de la historia oficial y de la historiografía–, sobre esta es posible crear un texto (con base en aquellos datos verificables) y obtener un resultado imaginario. Esta llamativa clase de literatura no es nueva, se ha tratado antes; en el caso peruano tenemos algunos ejemplos relevantes: los brillantes cuentos El falsificador, de José B. Adolph, y Los pasajes errantes, de José Güich Rodríguez, o el excelente libro de relatos Peruanos Ilustres de Alejandro Neyra, el cual plantea una suerte de ucronías, a partir de diversos personajes inventados, los cuales modifican la historiografía y la historia oficial que conocemos, y que van desde el ámbito futbolístico hasta el cinematográfico. Benjamín Román explora esta veta en su forma más clásica, toma a un personaje de la historia, real o irreal, y crea una ficción basándose en el individuo y sus circunstancias. El personaje es conocido, sus circunstancias también, lo que cambia es la narración que ha ideado el autor, se toma un aspecto de la vida de cada personaje y se desarrolla una historia; he aquí algo importante, la ficción dialoga con la realidad, entendida como el conocimiento que ya tiene el lector de los diversos elementos del sujeto base, tales presupuestos ayudan a decodificar mejor la ficción de turno. Si se habla en un cuento acerca de Albert Einstein, por ejemplo, el lector ya conoce diversos puntos de la vida de este científico, y a partir de aquellos absorbe el relato ficcional. Son narraciones muy precisas, Benjamín Román ha hecho una labor acuciosa de investigación y presenta a los personajes tal como los hemos conocido mediante otras rutas informativas, eso permite que gocemos con facilidad de la complejidad de cada historia. Cada aspecto de la personalidad del sujeto histórico, o de su accionar, es identificado casi al instante, pues en muchos casos se requieren unas pocas dosis de cultura general. El autor conoce los temas, es visible su gran manejo de las fuentes, es objetivo, aunque también apasionado, lo que es entendible, sin ello no se podrían haber dado a luz estos relatos; queda claro que si el autor ha retratado a estos hombres o mujeres, estos personajes, es porque tiene gran interés en ellos, y los hace formar parte de su proceso creativo; además, mantiene un tono respetuoso con cada figura en unos casos, y en otros, es crítico, pues, como mencioné, existen personalidades que hicieron aportes positivos, pero hay otros que no: creo que todos estamos de acuerdo en que Adolf Hitler habría de ser un claro ejemplo, y el cuento donde aparece esta figura es redondo. Es de resaltar la grata plasticidad de los textos incluidos en este libro, titulado acertadamente Bioficciones; hay microrrelatos (modalidad discursiva que se caracteriza por su extrema brevedad, y que va copando el imaginario mundial); también hay textos un poco más largos, de diversos géneros, entre estos: la ciencia ficción (vertiente artística de inmensa valía que hoy se asienta con efectividad en el panorama peruano, gracias a una labor de calidad por parte de una veintena de autores). La literatura no es solo una elaboración formal, sino también instintiva, el instinto (desde luego, también es una cuestión de disciplina y talento) de Román Abram lo ha conducido por universos fascinantes que ahora nos comparte: hay mundos alternativos, experimentos siniestros, especulaciones fabulosas, recreaciones de la mitología griega, el arte (escultura, pintura, música, literatura), la prehistoria; todo esto se aprecia en magníficas piezas, muy bien ideadas, como Manadas por energía o Margaret de hierro, esta segunda, una genialidad, tanto de la ciencia ficción como de la ficción brevísima. Hay cuentos en que los personajes reales y ficticios parecen ser alter egos (por ejemplo: Arthur Conan Doyle y Sherlock Holmes), y en donde ambos terminan siendo famosos (Bram Stoker y Drácula). Hay relatos en que es imprescindible el personaje histórico, porque todo el texto gira en torno a este, pero en otros cuentos esa importancia es menos evidente; en este segundo caso ello no hace menos entretenida la historia, ni deja de brindar cierto conocimiento al lector; en resumen, en algunas narraciones el personaje histórico es central y en otros es más bien casi un guiño, y en ambos casos el texto funciona a la perfección. También resulta muy interesante el aspecto lúdico del volumen: tomar personajes históricos para crear narraciones, darlos a conocer al público lector más joven, o brindar perspectivas fuera de lo común acerca de estas celebridades. Se percibe con claridad ese interés del autor por la naturaleza humana, bebe de esta, la reconstruye y produce un volumen de gran valor para los lectores: hay un carácter formativo en el libro; asimismo, puede ser leído por un público al que le gusta la literatura general, y por quien no está acostumbrado a la literatura fantástica, a fin de que se introduzca en esta narrativa, si lo desea. Para terminar, aquí –como en toda biografía (real o irreal), o como dice el autor: bioficción–, no hay reglas, excepto el disfrutar de buena literatura.

 

Lima, junio de 2016