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POESÍA Y CINE


Por Martín Fernando Frías
Especial para Tardes Amarillas

 

 

POESÍA Y CINE

 

A raíz de los múltiples comentarios y notas que abarrotaron las redes y los medios masivos de comunicación en adhesión al día mundial de la poesía y a pedido del director de Tardes Amarillas, escribo esta pequeña nota sin la menor intención de escribir un ensayo sino simplemente, una nota de opinión. El tema es demasiado complejo como para tratarse en las pocas páginas de un artículo pero espero que al menos sirva para que, a partir de este primer paso, los interesados en el tema puedan seguir profundizándolo en el futuro.

La primera disquisición es establecer de manera certera si el cine puede o no ser considerado un arte. Recordemos que hasta su irrupción solamente se consideraba arte a la pintura, la escultura, la literatura, la arquitectura, la música y la danza.
Cuando el cine estaba dando sus primeros pasos, el italiano Ricciotto Canudo (Bari, 1877), que puede ser considerado el primer crítico cinematográfico, publica su Manifiesto de las siete artes (1911, aunque algunos investigadores sostienen que este ensayo vio la luz en 1914) donde incluye al cine entre las artes tradicionales y sostiene que, en definitiva, esta forma expresiva es la que combina todas las demás y que por otro lado, también constituye una fusión entre los sentimientos y la máquina como bien lo describe la siguiente cita «Pero este arte de síntesis total que es el Cine, este prodigioso recién nacido de la Máquina y del Sentimiento, está empezando a dejar de balbucear para entrar en la infancia. Y muy pronto llegará la adolescencia a despertar su intelecto y a multiplicar sus manifestaciones; nosotros le pediremos que acelere el desarrollo, que adelante el advenimiento de su juventud. Necesitamos al Cine para crear el arte total al que, desde siempre, han tendido todas las artes.» Al final de su artículo sostiene «El Séptimo Arte concilia de esta forma a todos los demás. Cuadros en movimiento. Arte Plástica que se desarrolla según las leyes del Arte Rítmica. Ése es el lugar en el prodigioso éxtasis que la conciencia de la propia perpetuidad regala al hombre moderno. Las formas y los ritmos, lo que conocemos como Vida, nacen de las vueltas de manivela de un aparato de proyección. Nos ha tocado vivir las primeras horas de la nueva Danza de las Musas en torno a la nueva juventud de Apolo. La ronda de las luces y de los sonidos en torno a una incomparable hoguera: nuestro nuevo espíritu moderno.»1
A pesar de que la inmensa mayoría de los artistas con los que me relaciono y sobre todo, aquellos que leo, no dudan en considerar que el cine es un arte, hay quienes todavía, en sus artículos académicos, dudan de que el cine lo sea. Para esas personas, el cine es entretenimiento liviano, cultura banalizada y sobre todo, una industria que mueve miles de millones de dólares cada año.
Durante dos o tres días estuve en duda sobre cómo encarar este tema de una manera que no resultara académica sino que provocara el interés del lector, hasta que el inmenso Marechal me dio la respuesta.
Al respecto y siguiendo el algoritmo que estableciera Leopoldo en su Primer Apólogo Chino, me pregunté ¿Cuáles son los elementos primordiales del cine? (y quiero dejar sentado que en este sencillo análisis obviaré las consideraciones del cine como entretenimiento, como espectáculo y hasta como industria cosa que tampoco nadie puede dudar) Primero que nada la imagen (estática o en movimiento)... ¿Podemos afirmar que la imagen, por ejemplo la de un cuadro o la de una fotografía, no representan arte? Indudablemente lo son. Cuando leemos diálogos ¿Hay literatura? Veamos... hay escritores que se dedican en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y, hasta si se quiere, podríamos decir que es un subgénero de la narrativa. Es más, hay cientos de filmes basados en novelas (en este momento vienen a mi memoria por ejemplo las películas basadas en las novelas de John Le Carré La casa de Rusia, El sastre de Panamá y El topo entre muchas otras o en nuestra misma Argentina, la película que ganara el Oscar 2010 a la mejor película extranjera El secreto de sus ojos basada en la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri publicada en 2005). Posteriormente vino el siguiente cuestionamiento ¿Y qué hay de la música?... Una película sin música es algo impensado para estos tiempos... ¿Qué film no tiene su propia banda sonora?
Entonces, analizados los interrogantes me pregunté ¿Es el cine un arte? Y sí... por supuesto que sí. Y coincido de manera plena con Canudo en que el Séptimo arte, es una síntesis que combina las otras artes por lo que termina siendo una hermosa fusión cuando lo que se busca es expresar emociones o sentimientos sin apelar al truco fácil para entretener o generar películas taquilleras que solamente sirven para alimentar el monstruo que se esconde detrás del arte y que se ha dado en llamar "industria cinematográfica".
Una vez aceptado el cine como arte y su entrecruzamiento con las otras seis, el segundo tema a considerar es si las relaciones (interacciones) que se han logrado edificar entre el "séptimo arte" y la poesía son una mera consecuencia de las establecidas entre la literatura en general y el cine o si, visto con otros ojos, la poesía tiene una relación con el cine que es independiente de los otros géneros literarios. En este sentido, según, Jorge Urrutia Gómez (de la Universidad Católica III de Madrid) «convendría referirse mejor a poema que a poesía y a filme en lugar de cine. ¿Han sido adaptados algunos poemas al cine? Si lo han sido ¿Qué tipos de poemas? ¿Y los filmes resultantes fueron convincentes como adaptación y como filme?»2 Demasiadas preguntas y, probablemente demasiadas respuestas.
Víctor Amar, de la Universidad de Cádiz, en un artículo publicado por la revista Ámbitos, de la Universidad de Sevilla, en 2010, sostiene «En ambas facetas del arte: la poesía y el cine, la palabra y la imagen, o la combinación de ambas (audiovisual), son los útiles con que se cuentan, sin soslayar los resultados afines o disímiles que pueden producir en los receptores.»... «El poeta sabe que la palabra impresa posee un considerable peso específico. Por ello, debe hurgar en su bagaje cultural para encontrar la palabra que más se adecue rimando, lo mejor posible, a sus sentimientos. El cinematurgo tiene presente el juego de fuerzas que se establece con la palabra transmitida (el cuerpo comunicativo), así como de sus interferencias, del tiempo de atención del público y, a veces, hasta del ulterior doblaje.»3
Si bien es cierto, estos postulados son relativamente nuevos, la interrelación entre las poesía y el cine, dos manifestaciones estéticas de inmenso valor datan desde los primeros tiempos de la aparición del segundo. Una interrelación que, a lo largo de la historia fue apasionada y llena de alternativas. A principios del siglo XX, cuando el cine daba sus primeros pasos, casi todas las vanguardias artísticas saludaron su aparición con inusitado énfasis. Uno de los primeros en indagar acerca de la poética del cine fue Jean Epstein quien, en su obra La inteligencia de una máquina, trata de establecer las raíces filosóficas del cine y una nueva cosmovisión de la realidad y de la filosofía.4
Otro de los que indaga en esta simbiosis de cine y poesía es Román Gubern quien en su ensayo Proyector de luna: La generación del 27 y el cine donde desnuda el romance entre los poetas de esa generación y el arte cinematográfico de los primeros tiempos.5 No es casualidad. Los poetas, veían en el cine la representación de la modernidad estética. El encuentro entre la máquina y el arte de la palabra escrita era un universo de infinitas posibilidades y una nueva concepción del arte basado en la interrelación del mundo tecnológico y el espiritual.
En este punto quiero volver al ensayo de Víctor Amar, mencionado en párrafos anteriores, para citar textualmente lo que podría ser una síntesis de esta interrelación: «Ambas formas - cine y poesía - son maneras expresivas, creativas, además de vehículos creadores/transmisores de belleza, de categoría artística, de valor/mérito y de calidad estética. Por tanto, considerémoslas obras de artes repletas de intencionalidad, creatividad, invención, funcionalidad, artificialidad... e, inclusive, sentimientos. Nos encontramos ante dos artes expresivas y emotivas, además de creativas: original y estética. Cine y poesía mantienen, por consiguiente, una relación pluridisciplinar e interdisciplinar. Tal vez, nos encontremos frente a una nueva definición y clasificación artística, además de una actitud y experiencia estética aunque, eso sí, sin olvidar que se tratan de medios, lenguajes y procedimientos expresivos... diferentes, no divergentes.»6
Las relaciones entre el cine y la poesía son mucho más complejas de lo que pareciera a prima facie tras leer estas sencillas reflexiones. A modo de ejemplo solamente trataré de establecer las siguientes coordenadas. En la poesía, el valor de los silencios, ese instante en el que la mente del lector produce imágenes, ese "suspense" que hay a veces entre un verso y otro tiene un valor incalculable. «Que la verdad del poema / no esté en lo que esconde / la palabra / sino en lo que revelen / sus silencios.» dice con acierto el poeta.7
En el cine, ocurre de manera similar. Si bien es cierto, la palabra escrita pierde un poco su "protagonismo", el valor de los silencios (que en realidad no serían silencios propiamente dichos sino expresiones no audibles por el oído de manera convencional, si se quiere, otra forma expresiva del mensaje y el metamensaje) no le va en zaga.
De cualquier manera, en esta primera aproximación al tema (sobre el que se ha escrito mucho y se ha hablado aún más) no iré más allá de estas consideraciones.
Para el final quiero traer a la memoria de quienes lean este artículo dos películas de producción argentina que están estrechamente relacionadas con la poesía.
Mencionaré en primer lugar al film Martín Fierro (Leopoldo Torre Nilsson, 1968) basado en el poema épico más importante de la literatura argentina cuyo autor José Hernández "narra" en clave de poesía la vida de un gaucho de la pampa argentina en un contexto histórico determinado.
Torre Nilsson consigue llevar con éxito la adaptación del poema a la pantalla superando las barreras que implican el uso de otro leguaje, distintos recursos y toda la gama de necesidades estéticas que se supone debe tener una película que no aspire solamente a lo comercial sino (y principalmente) a lograr el placer estético del espectador. Y en esto, a fuer de ser sinceros, es menester recordar que hubo otras adaptaciones de la obra en el cine pero, según mi opinión, la que realmente plantea una interrelación impecable entre la poesía y el cine es la versión de Torre Nilsson.
La segunda película que quiero mencionar es El lado oscuro del corazón, dirigida por Eliseo Subiela, basada fundamentalmente en la poética de Oliverio Girondo (aunque hace referencia en algunos pocas escenas a poemas de Benedetti y Gelman). Sin que esto suponga una verdad absoluta y solamente de acuerdo a mi criterio, Subiela, con su despliegue de imágenes, logra que los espectadores "vuelen", como suelen "volar" los apasionados de la poesía cuando leen un poema de Girondo.
No son las únicas... hay más, por ejemplo algunas otras en las que, sin apelar a la poesía como lenguaje, no puede negarse de que contienen en su corpus una poética que las define.De cualquier manera, tengo la certeza de que el tema no se agota en unas cuantas ideas desperdigadas por alguien que ama ambas disciplinas. Es un tema tan amplio, como solamente el arte nos puede ofrecer. 

 

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1.-Canudo Ricciotto, Manifiesto de las siete artes, recuperado del siguiente sitio Web:
http://www.cinefagos.net/paradigm/index.php/otros-textos/documentos/436-manifiesto-de-las-siete-artes

2.-Urrutia Gómez Jorge, Cine y Poesía recuperado de la siguiente página Web:
file:///D:/Usuario/Descargas/Dialnet-CineYPoesia-1281072%20(1).pdf

3.-Amar Víctor, Poesía y cine: un ensayo sobre la palabra y la imagen, en Ámbitos N° 10 (2003) recuperado de: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=16801022

4.-Epstein Jean, La inteligencia de una máquina. Una filosofía del cine, Ed. Cactus, Buenos Aires, 2015

5.-Gubern, Román, Proyector de luna: La generación del 27 y el cine, Ed.Anagrama, Barcelona, 1999
6.-Amar, Víctor, Op. Cit.
7.-Cruz, Antonio, Cuaderno de poesía, Ed. Albigasta, Santiago del Estero, 2014