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Poesía de Francisco Avendaño

 

pancho avendaño

 

Teriantropía

En un punto ciego del paisaje estamos nosotros,
bloqueados por el oficio en la mirada del actor,
nuestro escenario es un mundo acelerado
risas y abrazos
que se acumulan
se enredan y caen.
A cada momento alguno de los personajes
tiene la sensación de ser una piedra arrepentida,
un lenguaje perturbado entre las mismas palabras.
Porque en el fondo sabemos
que no debíamos ser más que animales
de amores voraces
de sueños reversibles.
Inocentes de nuestro propio drama.
Pero el sol entrará por la misma ventana
y no necesitaremos otra certidumbre.
El pasado es el relato del hoy,
círculos que se explican a sí mismos
para perder su simetría.

De cara al vacío
Nuestro graznido
Es toda la poesía.

 

A nivel del mar
Aquí el cielo improvisa el verde a ras de un mar que no conoce,
adivinando sus contornos,
esperando señales de humo,
o sólo el silencio que supone la armonía.

El cielo en mi ciudad es cielo en equilibrio.

Ordena las nubes tempranas,
las empuja
lentamente hasta sus bordes,
Emula el viento, el olor de las olas,
aprende sus modos,
los corrige
y finalmente
coincide.

El mar,
esa energía,
desde un plano largo
con el lente apropiado,
es la uniformidad con relieves,
Lo que se espera de un espejo inmóvil.

Aquí en tierra cumplimos los designios del cielo,
en eso consiste la armonía.

Lobos desdentados enfundados en collares antipulgas
Saltan aros ya sin fuego
El domador disimula sus bostezos en cada reverencia

El cielo en mi ciudad imita el equilibrio.

Yo descubrí el sol en la herrumbre de los techos
cuando mi barrio tenía un fondo de casas bajas
y el cielo sólo era ese espacio de luz
y el mar una pregunta.

Hoy
cierro los ojos
y
vuelvo a ese rojo árido
cada vez que el viento en mi ciudad
afina
demasiado.

 

Siempre es agua,
por mucho que la luz se manche en los charcos,
la lluvia detenida bulle en renacuajos y el día
es el brillo en las botellas rotas.

Aquí el concepto ensucia las manos.

Flores de nylon que el viento enredó en las ramas,
pañales y forros,
envases,
diarios viejos.
Mientras la tierra retrocede,
crecen los márgenes.

Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,
a pesar de libros y templos,
no aprendimos otro modo.

Aquí todo persiste
sin palabra o sedimento.
La imagen es el poema provisorio
y el orden el lenguaje de los restos.

La ciudad se estira hasta desbordarse,

el límite es el ritmo con que crece y olvida la marea.

Francisco Avendaño, nació en Santiago del Estero en 1980. Publicó en 2010 su ´rimer libro Biografía del Instante, editado por Hongos marginales. Tiene dos libros de poesía inéditos: Verbos indelebles y La piedra de Sísifo. Integra la antología Poesía Joven del Noroeste Argentino compilada por Santiago Sylvester (Fondo Nacional de las Artes -2008) y la antología Desde la palabra, compilada por Rosa María Sobrón (Editorial Dunken). Los diarios El Liberal y Nuevo Diario, de Santiago del Estero y El Pregón de Jujuy publican sus textos. Publica periódicamente en su blog http://www.elbarroqueasfixiaestaanguila.blogspot.com
Los poemas y los datos biográficos fueron tomados del libro Palabra Abierta (Ciclo de escritores santiagueños) (2012) Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero. La fotografía se obtuvo del siguiente link: http://festivalpoesiabsas.com.ar/wordpress/?page_id=2019