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     RECUERDOS DEL FUTURO

Acerca de la trilogía original de Jason Bourne

Por Antonio Cruz*

 

Recuerdo que, durante mi adolescencia, ya se hablaba de la posibilidad de que el espionaje deje de ser lo que era, (tipos infiltrados en territorio enemigo que hablaban a la perfección el idioma local y que conseguían documentación secreta de sus adversarios para establecer tácticas de guerra pero que corrían grandes riesgos para enviar los documentos secretos sin que los descubrieran y a veces hasta perdían la vida) para pasar a ser hombres dotados de mentes privilegiadas sometidas a un estricto entrenamiento que podían (en un futuro mediato) ejercer el oficio usando técnicas como la telepatía y todos esos métodos de entrenamiento mental y físico que se asemejaban a la ciencia ficción. Un poco, el superhéroe capaz de enfrentar a un "equipo" de enemigos y liquidarlos, llevando a cabo, siempre, su misión.

Si bien es cierto, la literatura sobre espionaje tiene una larga y rutilante carrera que se inicia con James Fenimore Cooper (El espía) y se continúa con una serie casi interminable, es solo después de que Joseph Conrad (El agente secreto), Graham Greene (El tercer hombre, Nuestro hombre en La Habana) y John Le Carré (El espía que volvió del frío, El topo) marcaran las características y la moralidad del espionaje, cuando el género se transforma en una forma de expresar la realidad. La aparición de Ian Fleming, transforma a los espías que le siguen en superhéroes, llenos de capacidades físicas y mentales capaces de resolver cualquier situación con solamente un trozo de alambre y un encendedor. Hasta la aparición de la saga de Bourne, quien, a pesar de sus múltiples atributos, no es otra cosa que un antihéroe, lleno de conflictos y que tiene comportamientos que, a la luz de la psicología, son totalmente creíbles.
Incluida junto a Memento (Christopher Nolan, 2000) Trance (Danny Boyle, 2013) y El origen del propio Nolan (2010), entre otras varias, en una selección de las mejores películas sobre la amnesia, la trilogía de Bourne, es toda una historia que encierra misterios, curiosidades, datos, secretos y categorizaciones que la transforman en un saga muy particular.
Basada en las tres novelas que Robert Ludlum (considerado uno de los grandes maestros de la novela negra), escribiera sobre Bourne durante su prolífica vida literaria, la serie es muy difícil de definir como perteneciente a un género determinado. ¿Es un thriller? Si tomamos en cuenta la tremenda tensión emocional que genera en el espectador, nadie puede dudar de que lo sea. ¿Es una película psicológica? Si nos atenemos a que la trilogía redefine la figura de los espías (esos de vida aparentemente normal, que tienen claro a quien sirven y cuáles son sus objetivos de vida) y lo hace transitar por los senderos marginales de la locura, con los consiguientes síntomas de enfermedad psiquiátrica, deberemos aceptar que también entra en esta categoría. ¿Es una película de suspenso? Y sí... nadie puede discutirlo. ¿Es un filme de acción? Ni dudarlo. Tiene mucha y de la buena ¿Una película de espías? Supongo que Graham Greene, Ian Fleming y hasta quizás el propio Le Carré hubiesen deseado que alguna de las películas que se filmaron basadas en sus obras (que son muchas y muy conocidas) hubiese tenido el éxito resonante de esta trilogía que enfoca desde otra mirada el cine de espionaje. Por último, si nos remitimos a cualquiera de las definiciones de "películas de culto" que hay dando vuelta en la red, que reza: «...películas seguidas por intelectuales y cinéfilos, de trama compleja y difícil y una visión en cierto modo abstracta del director. » la saga de Bourne, casi, casi. En mi caso particular, no creo que verdaderamente sea una trilogía de culto, pero para muchos integrantes de la generación X sí lo es.

bourne

En definitiva, un producto complejo, con una historia de múltiples ramificaciones y que mantiene al espectador pegado a su asiento desde el primer minuto de la primera película hasta el momento final de la tercera.
Limito mis observaciones a las tres cintas mencionadas porque tiempo después de la muerte de Ludlum, sus herederos vendieron la licencia del nombre y algunos autores como Eric Van Lustbader, continuaron editando novelas del conocido personaje pero después de aquellas originales, ya nada fue lo mismo. Ni siquiera la secuela de la saga (2016) donde vuelven a encontrarse Paul Greengrass y Matt Damon.
Probablemente, cuando se filma 'The Bourne Identity' (que fue dirigida eficazmente por Doug Liman) los productores no imaginaban continuar con la saga, o probablemente sí; nadie puede saberlo pero en la segunda entrega 'The Bourne Supremacy' en la que el director ya no es más Liman sino Paul Greengrass (United 93), las cosas cambian radicalmente; además de agregarle una dosis más alta de realismo, las escenas se suceden de manera tan impetuosa que atrapan y resultan difícil de olvidar para el espectador. Esto, se profundiza con la tercera y última "The Bourne Ultimátum" donde la historia alcanza un ritmo demoledor lindante con el paroxismo.

Se va la primera

Bourne 1The Bourne Identity (2002)
Director: Doug Liman
Guión: Tony Gilroy y William Blake
Basado en la novela de Robert Ludlum
Música : John Powell
Protagonistas: Matt Damon, Franka Potente, Chris Cooper, Clive Owen, Brian Cox y Julia Styles

Con un argumento de una simplicidad estremecedora y un relato casi lineal pero contado con gran oficio la película logra un clímax desusado. La Identidad de Bourne (2002), fue un éxito inesperado (¿O no?). El amnésico Jason Bourne, producto de la imaginación de Robert Ludlum (que en alguna medida y por contraposición, me recuerda a George Smiley, personaje central de varios de los libros de Le Carré), desmitifica el tradicional rol de espía en la literatura y en el cine, y moviéndose con habilidad en la Europa posterior a la caída del muro de Berlín, termina por ganarse un lugar en la preferencia de los cinéfilos con inusitada rapidez. No lo digo solamente por su éxito de taquilla sino también por la cantidad de opiniones favorables que recibió el filme. Quizás peque de reiterativo, pero amén del suspenso, también tiene ingredientes como la intriga, visiones psicológicas del condicionamiento humano y por supuesto, acción, mucha acción. La otra cosa que llama la atención es que, en las persecuciones no hay efectos especiales sino que son filmadas en tiempo real y con gran pericia lo que las transforma en absolutamente creíbles
Bourne parece ser el prototipo del espía del tercer milenio y Doug Liman, logra un entretenimiento serio, en el que no están ausentes los desafíos a nuestra capacidad mental, en una sucesión de secuencias de acción dotadas de un gran realismo pero que no saturan y no cansan. Es destacable como el director se las arregla para contar una historia paralela, la historia de amor entre Bourne y Marie (Franka Potente) que impulsada primero por miedo pero después por sentimientos más complejos, se engancha a la huida constante de Bourne no solamente para ayudarlo sino para crear un lazo que, no por inesperado, resulta menos creíble.
En síntesis, una película de mucha solidez, con la que no solamente los amantes del cine de acción, quedaron satisfechos.

No hay primera sin segunda

Bourne 2The Bourne Supremacy (2004)
Directores: Paul Greengrass, Frank Marshall
Guión: Tom Gilroy (Basada en la novela de Robert Ludlum
Música : John Powell
Fotografía: Oliver Wood
Reparto: Matt Damon, Joan Allen, Brian Cox, Julia Stiles y otros.

 Es en la segunda entrega de la saga (donde el trabajo de dirección está a cargo de Paul Greengrass, quien ya había sido conocido por su estupendo film Bloody Sunday, que cuenta los sucesos de enero del 72, en Irlanda del Norte, cuando una marcha pacífica por los derechos civiles acabó en un baño de sangre) donde la película adquiere un ritmo por momentos demoledor, a pesar de que en esta película, el director, recurre a una menor cantidad de efectos especiales.

La historia de Jason Bourne se retoma en el momento en que el protagonista y Marie se encuentran refugiados en la India tratando de huir del pasado y en busca pistas certeras que le ayuden a comprender la historia íntima de Jason. No obstante, en aquel lugar donde ellos creen que han encontrado un poco de calma para los delirios paranoicos de Bourne, la realidad vuelve a alcanzarlos. El paradero de él es descubierto y, aquellos que pretenden terminar con su vida, envían un asesino para matarlos. El Bourne reservado, que vive acosado por los recuerdos fragmentarios de su anterior vida y sus terribles consecuencias, debe retomar la huida, pero, como lo expresara Le Carré para uno de sus personajes, es una huida hacia adelante. Una huida que en realidad es una búsqueda incesante de las razones de su existencia y de los conflictos psicológicos que se alojan en su yo más profundo. En esta segunda entrega, Matt Damon (que reitero, juega el papel de antihéroe, de la misma manera que el George Smiley de Le Carré, con la diferencia de que este es un apacible hombrecillo bastante alejado de la acción y Bourne es todo un combatiente) se destaca por su interpretación sobria que lo transforma en alguien en un ser verosímil, con mucha humanidad ya que tiene defectos y virtudes que impactan de manera positiva en el espectador y que lo diferencian de manera macada con el prototipo de personaje capaz de todo, casi superhéroe a los que estamos tan acostumbrados a ver protagonizando filmes de acción.
En esta segunda parte de la trilogía, Greengrass tiene un enorme protagonismo pues se encarga de dar credibilidad a la narración mediante tomas impecables (las más destacables, aunque por momentos resulten confusas porque están en el corazón mismo de la acción son las realizadas con cámaras manuales) y un excelente manejo de recursos (zoom, escenas filmadas en tiempo real, edición de mucho ritmo, una historia fragmentaria) lo que a la postre transforman al filme en una historia convincente.
También es dable destacar la excelente fotografía (tarea que está a cargo de Oliver Wood) y la música de John Powell.
En suma, esta película garantiza una buena dosis de entretenimiento, con una trama sencilla pero sustentable, buenas actuaciones, impecable realización muy en sintonía con el nuevo milenio, pero rescatando lo mejor del género de espionaje de los últimos tiempos.

No hay dos sin tres

Bourne 3The Bourne ultimátum (2007)
Director: Paul Greengrass.
Guión: Tom Gilroy (Basada en la novela de Robert Ludlum)
Música : John Powell y Scott Burns
Fotografía: Oliver Wood
Reparto: Matt Damon, Joan Allen, David Strathairn, Julia Stiles, Scott Glenn y otros.

 The Bourne ultimátum es una película excitante; Greengrass hace gala de mucho talento y logra crear una película de mucho vértigo que mantiene un ritmo feroz y sin pausas. Según mi modesta opinión, esta tercera entrega termina por transformarse en un digno broche de oro de la trilogía ya que es la mejor de toda la serie.

Como no quiero transformar esta reseña en un spoiler, solamente diré que, a partir de cierto asesinato, aparece el mejor Bourne, quien encuentra una serie de razones para transitar el resto del camino en busca de su verdadero yo con un empeño tenaz y sin que ya le importe nada de lo que le pudiera esperar.
Las escenas se suceden unas a otras como si fuera en busca del clímax; a cada instante, la narración es superior y mantiene en vilo al espectador hasta el último minuto. La tensión que se genera en algunos momentos es extraordinaria y es bien aprovechada por el director para lograr su cometido.
La película, asentada en un guión penetrante que exige una concentración inusual para este tipo de películas, logra su cometido con holgura.
Esa imagen de espía atormentado por los fantasmas de sus víctimas que busca su identidad y a los responsables de haberlo transformado en una máquina de matar nos muestra la cara más humana, es decir un espía que parece absolutamente sincero y que (no nos cansaremos de repetirlo) no tiene ningún punto de comparación con los héroes de acción.
Si bien reseñar toda la trilogía no es algo sencillo, no se puede hablar sobre la saga sin mencionar (aunque la simple mención termina siendo injusta) la excelente edición de Christopher Rouse y la música de John Powell que acompaña a la perfección esta historia.
Y por supuesto, esta reseña es más injusta cuando mencionamos al resto de los que acompañan a Bourne en su aventura vital. Una larga lista de caras conocidas como Joan Allen, Franka Potente, Brian Cox, Clive Owen, David Strathairn, Karl Urban, Scott Glenn, Albert Finney o Julia Stiles, quienes cumplen a la perfección con su papel y ninguno deja huecos vulnerables en su actuación.
En definitiva, la trilogía de Bourne, termina por convertirse en un punto de quiebre del género aunque por momentos el ritmo sea tan vertiginoso que cuesta comprender en toda su magnitud las escenas de acción. Sin querer pecar de obsesivo (a mí la saga me gustó tanto que siempre vuelvo a ella y hasta repaso hasta el cansancio escenas que me conozco al dedillo) creo que esta trilogía marca un antes y un después en este tipo de películas difíciles de ser catalogadas.

 

*Director de Tardes Amarillas