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EDITORIAL 42

Los tiempos que corren exigen que, quienes hemos abrazado la tarea de difundir cultura, seamos capaces de ir mutando (cual camaleones) en este mundo en constante transformación para adaptarnos de manera adecuada a los múltiples desafíos que nos plantean las nuevas formas de lectoescritura; si así no lo hiciéramos, seguramente nuestra vida sería efímera. Por supuesto, para quienes hacemos Tardes Amarillas, cumplir de manera adecuada con nuestro proceso de adaptación no resulta fácil; decirlo es una cosa y poder llevarlo a cabo, otra muy diferente.
A pesar de ello, dentro de apenas 45 días (aproximadamente) nuestra publicación cumplirá su tercer aniversario y entrará, si la fortuna nos resulta favorable, en su cuarto año de vida. En estos casi tres años ya hemos alcanzado un número de entregas que superan las cuatro decenas.
Lo más importante que rescatamos es que, a pesar de las cotidianidades y los inconvenientes, seguimos cumpliendo nuestro sueño. En este sentido, si nos atenemos al contador de visitas de nuestra página Web, deberíamos sentirnos más que satisfechos, pero a fuer de ser sinceros, siempre aspiramos a más. Ya dijimos que los colaboradores (y lectores ansiosos de colaborar) fluctúan de manera casi constante pero a pesar de cualquier avatar, tratamos de seguir adelante cumpliendo de manera lo más acertada posible nuestra tarea y tratando de no renunciar a los principios que nos mueven.
Ya lo hemos dicho muchas veces, pero no me cansaré de repetirlo. Nuestra publicación, concebida originalmente como revista literaria, se transformó desde el primer día en una publicación virtual que busca cubrir, de la manera más adecuada posible, todas las ramas del arte. Si bien es cierto, la literatura es la columna vertebral de Tardes Amarillas, por nuestras páginas han pasado artistas de diferentes disciplinas como pintores, fotógrafos, cinéfilos y todo contenido que pueda ser considerado arte.
Sabemos que la definición de arte está muy discutida. Ya hemos hablado sobre las polémicas desatadas por quienes sostienen que el arte contemporáneo no cumple los requisitos mínimos de calidad y buen gusto para ser considerado como tal. Por ello tratamos de mantener un cierto equilibrio buscando sostener una línea editorial que nos acerque de la mejor manera a nuestro objetivo.
En este punto, me parece adecuado recalcar que nuestra publicación, no hace discriminaciones de ninguna clase. No excluimos a nadie por motivos políticos, religiosos, raciales o cualquier otro motivo que contraríe las normas de respeto por los que están de este lado de la revista y, por supuesto (y con mayor énfasis), con los que están del otro, ya sean lectores o colaboradores. Esa es nuestra manera de concebir al arte.
Se nos ha criticado por publicar artículos de autores que sustentan determinada ideología, pero ¿Quiénes somos nosotros para excluir un buen texto, un hermoso poema, un buen cuadro o acaso una serie extraordinaria de fotografías porque el artista adhiere a tal o cual ideología? Que quede claro entonces. Tardes Amarillas exige un único requisito que es la calidad y el tipo de material que se nos ofrece o que solicitamos.
Este número viene, por decirlo metafóricamente "recargado". Nos ha costado mucho seleccionar el contenido pues había mucho para elegir; por ello, hemos dado prioridad a quienes colaboran de manera permanente con nuestra publicación. Esto no significa, de ninguna manera, que hayamos descartado algo del material recibido; por el contrario, hemos decidido dosificar las colaboraciones para que la revista no sea demasiado pesada y se pueda leer de manera rápida para cumplir con una de las exigencias de esta vida del tercer milenio: la velocidad.
Esperamos que la oferta sea del interés de los lectores y que sigan distinguiéndonos con la lectura.

Antonio Cruz (Director)