Sierras de Salta

                                                           

Estado actual de la poesía en Santiago del Estero (Por Antonio Cruz*)

Como es fácil comprobar, dentro de la literatura, la poesía es un género que carece de un reconocimiento adecuado de acuerdo al impacto en la persona humana. En comparación con la novela o el cuento, reditúa muchísimos menos beneficios (Eduardo Belloccio, poeta villamariense, sostiene, no sin razón, que casi ningún poeta puede vivir de lo que escribe) y, en general, aquellos poetas famosos que lograron reconocimiento, lo lograron en etapas tardías y más que nada por una larga trayectoria que también involucraba a la prosa y a veces (no pocas) hasta por cuestiones políticas o ideológicas.

En este mundo moderno, en el que la globalización es el signo de los tiempos y se ha ido generalizando una pérdida progresiva de los valores estéticos y espirituales tengo la absoluta certeza de que, la poesía, puede ser el arma más importante para combatir la deshumanización que propone la tan mentada globalización, ya que en su corpus y en su esencia, se esconden los valores más profundos de la humanidad.

Afortunadamente, gracias a Internet, ha habido un renacimiento de la poesía, cuya escritura se ha transformado en un verdadero boom pues permite a los poetas dar a conocer sus trabajos para un público mucho mayor al que acceden a través de la industria editorial, sin las complicaciones que la misma tiene. Internet se ha transformado en una herramienta valiosa a la hora de la difusión  y en un espacio invalorable para qué, aquellos que cultivan la escritura poética, puedan lograr un más rápido reconocimiento. Prueba cabal es la aparición de cientos de miles de páginas web o bitácoras o blogs, que se dedican con exclusividad a la poesía, la mayoría de los cuales, son mantenidos y actualizados por los propios autores, sin contar la publicación de poesía de manera constante en las redes sociales como Facebook y similares, donde el comportamiento de los diferentes grupos remeda de alguna manera el nuevo comportamiento social de las comunidades.

Santiago del Estero es dueña de una tradición insoslayable en materia de poesía y se me ocurre que esta fecha nos brinda una oportunidad inmejorable de reflexionar acerca de lo que está pasando con la poesía en nuestra Madre de Ciudades. Estas reflexiones, creo yo, producto de mi manía de leer permanentemente poesía de Santiago (en libros que me llegan constantemente de parte de sus autores, visitas constantes a bibliotecas en las cuales descubrí autores que han caído injustamente en el olvido y sobre todo la poesía que se publica cotidianamente en la red por parte de autores jóvenes y no tanto) solo pretenden generar un espacio de conocimiento y debate sobre nuestra poesía provinciana.

Sin el ánimo de generar controversia, intentaré, en el escaso espacio de un artículo periodístico, dejar algunos conceptos que pueden o no ser compartidos pero cuya única intención es demostrar que este género goza de buena salud en nuestra provincia.

Desde los primeros pasos de la palabra escrita en nuestra provincia, la poesía, como forma expresiva y delatora de sentimientos y opiniones ha ocupado un espacio importante. Nombres prestigiosos como Clementina Rosa Quenel, Dalmiro Coronel Lugones, Homero Manzi, María Adela Agudo, Blanca Irurzun, Horacio Germinal Rava, Eliseo Fringes, Selva Yolanda Ramos, Miguel Ángel Lorenzo, Carola Briones, Betty Alba y José Luís Grosso, entre muchos, muchísimos otros, han logrado, pese a las dificultades por todos conocidas, que la poesía tenga una presencia de permanente trascendencia en nuestra cultura provincial.

Esa tradición iniciática, se ha mantenido a pesar de lo difícil que resulta en los tiempos actuales dedicar tiempo a escribir poemas, actividad que en general no reditúa ningún beneficio económico y que corre por cuenta y riesgo de los propios poetas ya que la literatura y sobre todo la poesía se han transformado en verdaderas cenicientas.

En nuestra provincia hay una pléyade de poetas que, a pesar del paso del tiempo y las inmensas dificultades que les plantea la falta de apoyo para realizar sus actividades, todavía siguen su romance con la palabra escribiendo poemas que podrán gustarnos más o menos pero que en muchos casos son de excelente calidad aunque no logran la trascendencia y el reconocimiento que se merecen.

La poseía mantiene vigencia a través de innumerables poetas que, con la edición de libros (tarea harto difícil si no se cuenta con los recursos suficientes), publicaciones en diarios y revistas, selecciones para antologías que se editan en otras latitudes, ediciones cooperativas, premiación de santiagueños en concursos de la Argentina y otros países, recitales poéticos, aparición permanente de nuevos grupos de escritores ligados a la poesía y diversas actividades más, han logrado mantener vivita y coleando esa conjunción hombre/poesía tan típica de nuestra tierra. Este aserto puede comprobarse fácilmente; basta averiguar cuántos libros de poesía se han impreso en los últimos años y cuantas antologías se han compilado, a lo que debemos sumar emprendimientos editoriales independientes, casi artesanales que permiten hacer conocer sus textos poéticos con mayor amplitud que en el pasado no tan remoto. Nombrar a todos los poetas santiagueños generaría una larga lista e inevitablemente se pecará de omisión, voluntaria o involuntariamente, pero basta recorrer las páginas de los diarios para poder apreciar de manera certera de que no estoy diciendo nada que no pueda demostrarse.

Con la seguridad de que un listado de poetas que se han ganado un lugar en la historia de la literatura de Santiago del Estero será incompleta, ya que mi memoria no da para tantos referentes (y además hay autores que se mantienen en el ostracismo por diferentes razones), no puedo dejar de  mencionar a  Carlos Artayer, Carlos Figueroa, Alberto Tasso, Jorge Rosemberg, Pablo Raúl Trullenque, Alicia Fernández de Polido, Adriana del Vitto, Álvaro Caro, Alfonso Nassiff, Mónica Maud, Hugo Ramírez, Adolfo Marino “Bebe” Ponti, Julio Salgado, Gustavo Rueda,  Mónica Mera,  Luisa Paulina Ávila y Martha Melián de Rojo entre muchísimos nombres de valía.

Esta lista, que es absolutamente anárquica, no es otra cosa que una muestra del importante desarrollo de la poesía santiagueña. Reitero; es incompleta y solo involucra los nombres de aquellos poetas que, mientras escribo este artículo, acuden a mi memoria y que, probablemente, son los que han despertado mis más profundas emociones pero hay muchos más que quedan en el tintero.

NUEVOS POETAS

Ya lo he dicho en otras oportunidades: Tengo la absoluta certeza de que, en lo subterráneo, en lo profundo, la poesía ha vuelto a ser objeto de culto por las nuevas generaciones: hay un conjunto extraordinario de poetas noveles (jóvenes y no tanto). La inmensa mayoría de ellos, beneficiados por las nuevas formas de lectura y por la aparición de nuevos espacios de difusión, han abrazado la poesía con entusiasmo; no escriben poesía porque esté de moda; para ellos, la palabra poética es una forma casi natural de desnudar su alma ante el gran público y, según mi particular visión, producen auténtica y valiosa poesía. Son escritores que realizan su tarea poética sin el beneficio de los auspicios corporativos, aunque se me ocurre (y esta es la opinión de alguien que investiga de manera intuitiva, sin formación académica) que, por diferentes razones, todavía no han logrado constituir una vanguardia.

Si bien carecen del justo reconocimiento a sus virtudes, son parte de nosotros y nos cruzamos cada día con ellos, la mayor parte de las veces sin reconocerlos.

Con la segura certidumbre de que seré absolutamente injusto y pecaré de omisión nombro a algunos que ya conocía y otros que he ido descubriendo merced a la invalorable ayuda de la red, que se ha transformado para mí en una valiosa herramienta de investigación o apelando a visitas casi cotidianas a bibliotecas de la ciudad: Estefanía Páez Jimenez, Belén Cianferoni Figueroa (seleccionada por Rogelio Ramos Signes para uno de sus libros), Claudio Rojo Cesca (poeta extraordinario aunque también escribe microrrelatos), Néstor Mendoza, Juan Santiago Avendaño Rímini (dueño de un lenguaje exquisito), María Julia Jorge Auad (de voz clara y contundente), José Cesca (autor de una poesía auténticamente contestataria pero sin desperdicio), María Pía Danielsen (todo un hallazgo y excelente autora de microrrelatos), Gabriel Hoyos Izurieta, Esteban Ibarra, Mauricio González Faila, Luján Luna, Isabel Salvatierra, Aníbal Costilla, Pablo Gramajo (todos ellos muy jóvenes y con un lenguaje que asombra por su cotidianeidad sin caer en lugares comunes), Francisco Avendaño Rímini (que fuera antologado por Santiago Sylvester), Víctor Hugo Fernández, Cristian Zani (otro joven que promete), Lucas Cosci, Nieves Teresita Maldonado, Heidi Rótulo, Víctor Hugo Ledesma, Sandra López Paz, Krasiah Alawad (de origen sirio pero a esta altura más santiagueña que la tuna), Oscar Ortiz, Víctor Hugo Ledesma, Andrés Argañaraz y sigue la lista.

Todos ellos escriben poesía (muchos de ellos también narrativa) con regularidad y escribir es una actividad importante y permanente en sus vidas. Seguramente hay unos cuantos más que todavía no he llegado a conocer.

Quizás el lenguaje de alguno de ellos nos parezca “inquietante” por llamarle de alguna manera pero, si nos atenemos a la opinión de numerosos eruditos, la poesía moderna tiene en su corpus novedosas formas estéticas y filosóficas. Por lo tanto, me asiste el derecho de pensar que los poetas jóvenes dotarán a su poesía del lenguaje cotidiano que emplean y que es el que les permite comunicarse con sus iguales.

La mayoría de estos jóvenes que he mencionado, quizás debido a lo dificultoso de editar en tiempos tan particulares, o a la imposibilidad de acceder al espacio editorial convencional o tal vez debido a las nuevas formas de lectura que nos impone el frenético ritmo de la vida moderna, han encontrado una forma de difundir su poesía a través de blogs y bitácoras que son muchísimo más numerosas que lo que algunos imaginan.

En lo más íntimo de mi espíritu tengo la convicción de que más de uno de esos poetas jóvenes que conozco darán mucho que hablar en el futuro y además guardo la esperanza de que, cuando esta movida tan singular vea la luz, demostrará que nuestros jóvenes son dignos herederos y continuadores de aquellos que han marcado el rumbo

* Médico, escritor y periodista.

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