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Juan Basterra 

 

 

   De asesinos

 Acerca de "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" de José Luis Cutello 

Por Juan Mario Baterra*

Especial para Tardes Amarillas

 

Pocas cosas cautivan tanto la imaginación de los hombres como los crímenes seriales. La anomalía en la sistematización del Mal; la independencia, en la ejecución de los mismos, de todo tipo de consideración de naturaleza social o antropológica; la considerable distancia entre la monstruosidad que los reviste y los actos banales que recorren nuestra propia vida, son, probablemente, una explicación plausible de tal fascinación. Desde las crónicas policiales de los diarios amarillos hasta las elaboradas historias que recoge la literatura (pensemos en "A sangre fría" de Truman Capote, "American Psycho" de Bret Easton Ellis o "El nombre de la rosa" de Umberto Eco), los asesinos en serie, en sus versiones reales o imaginarias, están de tal manera ligados a nuestra propia vida, que nos sería absolutamente imposible recordar el momento en el que por primera vez oímos hablar o leímos sobre ellos. La mesa familiar del mediodía, los atardeceres con amigos de la infancia, las noches insomnes de nuestra primera adolescencia, han sido, probablemente, el escenario real para tal descubrimiento.

 "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos", libro de José Luis Cutello que en su título retoma el inolvidable verso de Cesare Pavese, nos acerca de manera abrupta a esos momentos de la vida en que con marcado estupor, asistimos a las acciones de aquellos monstruos humanos.

La psicología, la sociología y otras disciplinas han intentado dar explicación a los móviles y las necesidades de estos hombres. Ninguna de ellas nos satisface plenamente, porque encontramos una insuficiencia en el conjunto de motivos y justificaciones invocadas por ellas. Solamente la literatura, a través de su acercamiento intuitivo y particularizado a los actos, puede dar una respuesta provisoria al problema planteado.
El libro de Cutello, que recoge crónicas publicadas por la revista "Caras y Caretas" en su columna "Cosecha Roja", es un formidable muestrario de la sinrazón que gobernó la vida de hombres y mujeres (recordemos a la célebre María de las Mercedes Rolla Aponte, la "Yiya Murano" de las crónicas policiales, excepcionalmente retratada en el libro por Cutello) entregados a la pasión insana de la supresión sistemática de otros seres, ese "Vórtice supremo en el ejercicio de la maldad" del que habla Schopenhauer.
El libro está organizado en doce relatos, que como el mismo autor señala atinadamente, ". . .abrevan al mismo tiempo en la crónica, el ensayo y la ficción". Los primeros cuatro, reunidos bajo el título "Las bestias del séptimo círculo (violencia de género)", refieren los asesinatos cometidos por cuatro representantes "vernáculos": el correntino Francisco Laureana (uno de los mayores asesinos seriales de la historia criminalística argentina), el tucumano Florencio Fernández, apodado "el vampiro de la ventana" por su afición a sorber la sangre de sus víctimas, y dos representantes menores, el santiagueño Pablo Antonio Amín y "el carnicero de Caballito" Gabriel Hernández. Con una prosa límpida y referencias literarias estupendas, Cutello nos aproxima al mundo crepuscular y privado de los crímenes atroces de estos hombres oscuros y casi desconocidos y tan alejados del brillo hollywoodense como los escenarios opacos en los que consumaron sus ordalías de sangre.

 cutello

Los relatos agrupados bajo el título "Las muchachas de la serie negra (hijas de Lucrecia Borgia)" están centrados en crímenes (seriales y de los otros) cometidos por mujeres. La proximidad de la ironía desenfadada y relamida de la atildada Yiya Murano y el ritual brutal, sangriento y orgiástico que precede a la muerte de Ramoncito Ignacio González a manos de integrantes de una secta Kimbanda en la provincia de Corrientes, son muestras claras, concisas y contundentes de la artesanía literaria de Cutello.
Cierran el libro las historias relacionadas a crimínales foráneos. El relato de las andanzas del médico francés Marcel Petiot, guillotinado en la prisión de La Santé el 25 de mayo de 1946 después de que se le descubrieran 30 cadáveres calcinados en el sótano de su lujosa mansión y poco después de haber prevenido a los asistentes a su última función: "-Caballeros, les ruego que no miren. . .Esto no será bonito", se inscribe en la mejor tradición de la literatura rural francesa. La carrera política del médico en la región de Borgogna, su internación en un hospital psiquiátrico después de habérsele diagnosticado rasgos de cleptómano, y sobre todo, la instalación de un sótano con cámara hermética en su lujosa casa en las proximidades del Trocadero para la cremación de las víctimas, encuentran en las palabras de Cutello, en la progresión suave de los episodios, a un epígono lúcido y feroz del gran Francois Mauriac. Hay también una "viuda negra" entre los homicidas del libro, la noruega Brunilda Sthorseth, responsable de la ejecución y el calcinamiento de al menos once hombres y una hija adoptiva, y no falta, en el peculiar catálogo, por cierto, el famoso "estrangulador de Boston", aquel a quienes los niños de comienzos de los 70 veíamos aparecer en nuestras ensoñaciones nocturnas encarnado en el inolvidable Tony Curtis. Estas y otras son las razones para recomendar este sorprendente libro. El lector prevenido, estará, estoy seguro de eso, en un todo de acuerdo conmigo.

 

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".