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POESÍA DE HUGO ORLANDO RAMÍREZ

Hugo Orlando Ramírez

Hugo Orlando Ramírez nació en Santiago del Estero, República Argentina, el 28 de febrero de 1954. Es Poeta, escritor, profesor de Lengua y Literatura y fotógrafo. Publicó los libros: "Tus ojos en las calles" (1991), "Sueños como aullidos" (1999) y "Poemas que avanzan retroceden" (2009). Obtuvo numerosos premios en certámenes provinciales y nacionales por sus poemas y cuentos. Mención Especial Faja de Honor de la SADE y de la Asociación de Escritores Argentinos (Mendoza) en el año 2000 por el libro "Sueños como aullidos". Fundó y dirigió la revista cultural "Ventana Abierta a la vida". Participó en antologías, recitales poéticos, encuentros de escritores, exposiciones fotográficas, suplementos culturales y publicaciones diversas.

 

TODOS LOS SIGLOS

Y ya no tengo más
que estos pobres días
sucediéndose
del otro lado de tu sangre,
tan cierta como los despojos
de todos los siglos
que llevo polvorientos.

Sin el presentimiento de la lluvia
ha de dolerme tu adiós
irrevocablemente
como una masacre
no cicatrizada.

Si no viene en mi ayuda
mi voz india,
sin el grito liberador
del fondo de los tiempos,
sin la sangre de pie sobre la tierra
me torcerá el dolor
de una manera inútil.

Y solo tengo este día
que camino.
Y esta mirada tuya que me sigue
sin tiempo,
sin voz y sin palabras.

 

INDÓMITO CORAZÓN
Indómito tu corazón huele a pradera.
Viento que no sabe adónde azota.
Galope tenaz y silencioso
extinguiendo tras de sí la hierba.
Roca y sin embargo llanto.
Ansias de olvidar.
Ahogado grito en la quietud llamando.

Antes de tu corazón era la niebla.
Cachorro temblando en el desierto.
Yo era del mundo
sucumbiendo al relámpago.

Porque tu corazón busca la noche.
La noche mansa,
la noche sin nostalgia.
Labra el idioma del aura y el incendio.

Mientras puedas háblame desde tu corazón.
Posada en la benevolencia de la tierra.
Tu corazón y el desconcierto
imperan obsesivamente sobre mí.
Sobre esta atardecida piel,
siempre esperándote.

 

CLARIDAD
Ya vendrá la claridad...
Cuando los fantasmas se dobleguen.
Cuando los furiosos ventarrones
soplen a retirada.
Y el revuelo de pájaros muriendo.
Y el ahogo de tardes sin respiro
se acalle en la noche última,
en cualquier noche.
Cuando los árboles que no se rindieron
asistan a tu leve suspiro,
como un signo, tal vez cierto,
de que entre tanto duelo,
vuelve a amanecer.

 

A TRAVES DE MÍ
Ha de romperse alguna vez mi barco.
Ya sé... mi ciudad sucumbirá una tarde.
Porque a veces llega un oscuro rumor
de olas imposibles viajando hacia nosotros.
Después de haber amado moriré.
Después de haber amado tanto.
Después de haberme afincado en esta orilla,
con su arena caliente y caprichosa
yo moriré alguna vez.
Y digo con tan poco sufrimiento: yo moriré,
que puedo incluso morir mañana mismo
sin que sea preciso apurar este trago saludable.
Yo he vivido cada día repartiendo trozos de mí.
Y sin que tú me reprocharas
he convidado con tu amor a los desesperados.
He tomado a mi cargo tu esperanza
para soltarla entre los deprimidos
He regado esta tierra descreída con anhelos.
¡Tanto has colmado mi corazón!
Tu sonrisa ha pasado a través de mí
para encender mejillas pálidas.
Labios desnutridos del mirar de Dios
He hecho de tanta donación lo que he querido.
La he jugado como un pródigo o un loco
por alegrar y bendecir a alguien,
a cualquiera,
con tanto mar azul, con tanto cielo,
con que he sido injustamente afortunado
Y el rayo furioso no ha querido
dejar en paz a su pradera.
Mira... puedo morir mañana
sin necesidad de duelo.
Morirme en ti.
Morirme en mí.
Morirnos, digo, sin extrañar demasiado
este rincón estrecho.
Esta infinita y repetida rueda
donde acordamos con sólo una mirada,
morir amando...

 

 

Los poemas y los datos biográficos, fueron tomados del libro Antología de poetas santiagueños compilada por Alfonso Nassiff y de la página Red Federal de poesía: http://www.redfederaldepoesia.gob.ar/