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MINIFICCIÓN PERUANA

SELECCIÓN ESENCIAL

 Una compilación de Rony Vásquez Guevara

 LIBRO RONY

En el año 2013, Rony Vásquez Guevara uno de los estudiosos más constantes y perseverantes de la minificción en Perú, fundador (entre muchas otras actividades relacionadas con el género) de la Revista Plesiosaurio (Primera revista de ficción breve peruana) realizó un breve pero valioso aporte al estudio del género en la nación hermana.

Ese año, con el sello de Micrópolis (una de las editoriales independientes más prestigiosas de Sudamérica dedicado en exclusiva a la narrativa hiperbreve) vio la luz su MINICCIÓN PERUANA (Selección esencial) que, a pesar de su brevedad es un gigantesco paso en la investigación de la minificción en el Perú.
En el mínimo prólogo, del propio antologador, Vásquez Guevara destaca que «La presente selección de minificciones peruanas pretende mostrar los mejores textos que se han producido en nuestra narrativa» y más adelante subraya «Como en toda selección, siempre resaltan los textos (y escritores) ausentes (pero jamás olvidados)» y deja constancia de que la limitación no se debió a un capricho del compilador sino a las limitaciones de espacio en este tipo de publicaciones.
Lo más destacable es que, contrariamente a lo que han hecho algunos investigadores que también escriben minificción, Vásquez Guevara se autoexcluye de la selección, lo que da a este conjunto de microtextos un valor agregado.
Se publican siete de los textos que eligiera Vásquez Guevara. La selección fue realizada por el equipo de Tardes Amarillas.  

Mariano Cuevas

CÉSAR VALLEJO

(SIN TÍTULO)
Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.

 

RICARDO SUMALAVIA

PIRAÑAS
Dos hombres lo sujetan de los brazos mientras un tercero y cuarto le quitan el reloj y anillos, y un quinto se enfrasca en vaciarle los bolsillos. También un sexto y un séptimo lo toman de las piernas para facilitar a un octavo y un noveno quitarle los zapatos y los calcetines. El décimo y el décimo primero revisan su portafolios y determinan qué es de valor o no. El décimo segundo no se queda atrás. Con una imagen enre niño y monstruo, se dedica a hincarle el cuerpo con una aguja, para distraer el dolor que podría sentir mientras el décimo tercero le a bre la boca para que el décimo cuarto pueda, auxiliado con unas tenazas, extraer los dientes de oro. Sin embargo, un décimo quinto se lamenta de que la víctima no fuera de esos hombres modernos que llevan aretes de alto precio. De buena gana le hubiera arrancado las orejas. Solo le resta aguardar su turno, junto a otros veinte, para completar el asalto.

 

MÓNCA BELEVÁN

PREÁMBULO
LAERTES (regañando al niño): ¡Oh, Zeus Lykaios! ¡Habrase visto alguna vez muchacho tan taimado! ¿Pensaste que en verdad no me daría cuenta? Granuja. Qué, ¿acaso, ahora, además, soy ciego?
¿Pero quién te has creído?
ODISEO: Nadie

 

JOVANA CALDERÓN LLACTA

LA MUERTE
La muerte vino a llevarse al Pancho.
―Llegó la hora de irnos ‒le dijo la muerte.
Pancho le respondió:
―Pero antes juguemos las escondidas.
La muerte, para desestrezarse de su arduo trabajo, aceptó y lo primero que hizo fue b car un buen lugar donde esconderse mientras Pancho contaba, pero Pancho jamás la buscó y siguió con su vida de siempre.
La muerte piensa que ella ganó.

 

ALBERTO BENZA GONZÁLEZ

NAVIDAD
Luis me contó en secreto que su padre es papá Noel.
―¿Cómo que es tu padre? ‒repliqué.
―En vísperas de Navidad bajé sigilosamente por las escaleras para ver mi regalo y divisé a mi madre haciendo el amor en la sala con un señor viejo y de barba blanca, era canoso y llevaba gafas. Al rato escuché que él le decía: «Aquí está el dinero, y también estoy dejando un regalo para tu hijo.

 

WILLIAM GUILLÉN PADILLA

PUEBLO DE PAZ
Nada sucedía en el pueblo. A lo más un matrimonio aburrido cada diez años. Tan tranquilo era que solo algo despertamos cuando llegó la guerra. Pero igual, no hicimos sino lo de siempre: seguir durmiendo.
Y así para siempre, pues nuestro pueblo se llama cementerio.

 

FERNANDO IWASAKI

EL APÓCRIFO DE FRANKESTEIN
María sabía que era su culpa, que no tenía que haberlo reñido cuando echó a volar aquellos pajarillos de barro después de soplarlos. Por eso no quiso decirle nada cuando lo vio jugando de nuevo en el lodo. ¿Cómo podía saber los que estaba haciendo, por Dios? ¿Qué le diría ahora a José? Cuando lo vio entrar ‒encorvado y arrastrando los pies‒ le hizo prometer a Jesús que nunca más jugaría de nuevo a soplar figuras de barro. Pobre José, un hijo más y siempre virgen.
Le llamaron Judas.

 

Rony Acerca del autor: Rony Vásquez Guevara (Lima, 1987) Director de Plesiosaurio. Primera revista de ficción breve peruana. Integrante del Comité Editorial de Internacional Microcuentista y del Seminario de Estudios sobre Minificción (UNAM-México). Ponente en temas de minificción en congresos nacionales e internacionales. Jurado en concursos de minificción. Editor invitado por la revista Ekuóreo (Colombia, 2013). Fundador y Editor de Editorial Micrópolis. Ha publicado Cuadernillo de pulgas. Colección personal (2011), Cuaderno de pulgas (2011), Circo de pulgas. Minificción peruana. Estudio y antología (1900-2011) (2012), En pocas palabras. Antología del microcuento liberteño (2012), En pocas palabras. Antología del microcuento cajamarquino (2013), El universo de los caracteres. Brevísimo estudio y antología (2014), Cuadernos de apuntes: tuiteratura (2016) y El último dinosaurio vivo (2016). Su Taller de Minificción "El dinosaurio" ha sido impartido en Santo Domingo (República Dominicana), Carabobo (Venezuela) y diversos lugares de Perú. Sus minificciones han sido traducidas al inglés, ruso y francés.