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Juan Mario Basterra

 

 

 

    El caso Lampedusa

Por Juan Mario Basterra*

 

Seguramente pocas personas han oído hablar de un señor llamado Elio Vittorini. Han pasado más de cincuenta años desde su muerte en Milán, y el tiempo, que tiende a borrar los detalles y confundir las cronologías, hizo su sempiterno y paciente trabajo con el recuerdo de aquel hombre. En la época de juventud de mis padres, sin embargo, era un nombre prestigioso y estaba asociado, en su doble carácter de escritor y crítico literario, al deslumbrante movimiento del neorrealismo italiano, y sobre todas las cosas, a lo que fue considerado como uno de los mayores errores de apreciación literaria y de consejo editorial en la historia de la literatura. El hombre en cuestión quedó unido para siempre (en tal carácter se lo recuerda en la actualidad) a la desaprobación de la publicación de la novela "El gatopardo" de Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa.

Vittorini era un buen hombre (así lo describieron la mayoría de sus contemporáneos) pero enfrentó en Lampedusa un conjunto de prejuicios que provenían de la historia personal del príncipe, de los cambios producidos por la posguerra en la Italia de los 50, y lo que era más importante aún, de sus propios e inconfesados temores. Para el año 1956 la editorial Einaudi conformaba, con sus rivales Mondadori y Feltrinelli, la santa trinidad editorial en Italia. Vittorini era director de Einaudi y consejero de Mondadori. Era también siciliano, como Lampedusa, pero sus orígenes, formación y ejecución literaria, eran diametralmente opuestos a los del príncipe. Tomasi di Lampedusa, que murió de cáncer sin ver publicada su novela, sufrió con estoicismo y pena la decisión de Vittorini; este último, que sobrevivió en pocos años al príncipe, vivió como una condena el error, porque sabía, acaso más perfectamente que persona alguna, que ese error era definitivo, y por lo tanto, irrreparable. Lampedusa II
A sesenta años de la monumental metida de pata de Vittorini, es fácil desacreditarlo y hasta en algunos casos (algo que ocurrió frecuentemente después de su muerte), tomarlo a la burla como escritor y crítico. Hay atenuantes, sin embargo (aún para aquellos que amamos la literatura de Lampedusa), que ayudan a comprender su error y darle una piadosa absolución en el campo de las consideraciones y la reputación.
Vittorini era hijo de ferroviarios. Adolescente, abandonó los estudios y viajó por Italia para conocer el mundo de sus ancestros. Anarquista en un principio, abrazó el fascismo algunos años (en consonancia con muchos intelectuales italianos), porque consideraba que el movimiento representaba ideales ligados a la italianidad más pura. Algunos años más tarde abandonó el fascismo (su novela "Conversación en Sicilia" es una crítica al movimiento) y formó parte de la corriente literaria del neorrealismo y su crítica despiadada de los valores "ochocentistas". Fue también un buen traductor del inglés y un proclamista activo. Estas razones pueden hacernos comprender su error.
Giuseppe Tomasi, príncipe di Lampedusa, tenía una historia bien diferente. Representante de una antiquísima familia aristocrática de Palermo (sus orígenes se remontaban hasta Thomaso, comandante de la guardia imperial y marido de una de las hijas de Tiberio), había sido educado en los valores de la fenecida tradición borbónica y las literaturas clásicas. Aprendió el francés al mismo tiempo que hablaba y leía el italiano y viajó desde muy pequeño a las islas británicas, donde sus padres le enseñaron las reglas del protocolo de salón y el respeto a las cuestiones de etiqueta y jerarquías. Ya mayor, fue un diletante extraordinario (en Palermo se lo conocía con el apelativo de "il monstro", debido a sus enormes conocimientos literarios) y hasta donde se sabe, nunca trabajó formalmente. il-gattopardoCuando comenzó a escribir "El gatopardo" tenía ya cincuenta y siete años y era un hombre macizo y callado que recorría los bares y restaurantes de su ciudad acompañado de una pila de libros, un bastón nudoso y un cuaderno de notas. Escribía con lapicera y su letra era apretada, inclinada y poco legible. Un discípulo suyo, Francesco Orlando, sería el encargado de mecanografiar los casi ilegibles manuscritos.
Unos meses antes del comienzo de la redacción de su novela, en el verano de 1954, Lampedusa tuvo una experiencia fundamental que lo decidió a la escritura del libro. Había asistido con un primo suyo, Lucío Pícolo, poeta, a un encuentro de escritores en una localidad de aguas termales, San Pellegrino Terme. El homenajeado era Pícolo, apadrinado por el prestigioso Eugenio Montale, y Lampedusa oficiaba de acompañante. Los taciturnos primos sicilianos sorprendieron a la mayoría de los concurrentes con su "alta erudición, su don de gentes y su gran timidez". Al regreso del viaje, después de haber escrito a Orlando: "Montale y Cecchi tienen el aire inconfundible de los que saben su propia importancia, el aire de los mariscales de Francia", comenzó la redacción de la novela. Estaba seguro de hacerlo de manera por lo menos igual a la de los escritores que había conocido en San Pellegrino Terme. No se equivocaba: lo haría mucho mejor que todos ellos.
Tres años después, durante la primavera de 1957, y cuando la escritura de la novela se aproximaba a su culminación, Lampedusa enfermó de cáncer de pulmón. Moriría el verano siguiente, el 23 de julio de 1957, a los sesenta años. En el intermedio, Elio Vittorini había desaconsejado la publicación de la novela por considerarla "vieja, inmersa en climas tradicionales y descartable". Acaso vería como un peligro el tema y el tratamiento del libro. Era un siciliano de pura cepa, al fin y al cabo, y como Lampedusa, irreconciliable.
La novela se publicaría por primera vez en Feltrinelli en noviembre de 1958 y alcanzaría un rotundo éxito editorial en todo el mundo. Eugenio Montale, Giorgio Bassani y Leonardo Sciascia la consideraron la novela más grande de la historia literaria italiana. Luchino Visconti le daría vida en el cine. Giuseppe Tomasi di Lampedusa nunca habría de saberlo: sigue durmiendo su sueño eterno en una tumba del monasterio capuchino de Palermo.

Este artículo fue publicado en el Diario Norte de Resistencia (Provincia del Chaco) y cedida gentilmente por el autor para su publicación en Tardes Amarillas.

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".

Las imágenes que ilustran esta nota fueron seleccionadas por el autor de la misma.