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Juan Basterra

 

 

 

    El consuelo del príncipe

Por Juan Mario Basterra*

 

Es probable que los últimos años de la vida del principe di Lampedusa, Giulio Fabrizio Tomasi (1813-1885), hayan estado signados por el desconsuelo, la pena y la certidumbre que otorgan el conocimiento preciso de que un mundo, irrecuperable para siempre, sucumbiría con su propia muerte.
El "Risorgimento", como un viento tempestuoso, había barrido los antiguos privilegios, trocado las antiguas relaciones y deslucido el fulgor de una sociedad que entretenía sus ocios en sus palacios de Palermo y sus casas de Campo en las proximidades de las murallas de Bagheria.

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El final de las leyes de la primogenitura señaló la culminación de los troncos familiares, y con ellos, la perennidad de las propiedades y los recuerdos, el "tiempo disecado y conservado mágicamente."
Es probable también que el príncipe Giulio haya pensado que con su desaparición, el mundo que había sido su mundo, aquel mundo en el que había amado, solo subsistiría en la conciencia de otros como un débil fulgor, como ese apagado fulgor que nos llega de las estrellas ya para siempre apagadas y que sin embargo, sigue alcanzándonos.

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El reloj de las causas y los efectos, el reloj de la necesidad, sentenció una historia bien diferente: su supervivencia, aunque sea en estado de fantasma o recuerdo en el personaje del príncipe Fabrizio Salina, el "principón", el bueno de Salina, a quienes generaciones de lectores aprendimos a amar en su andadura por la novela "El gatopardo", de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Burt Lancaster le dio encarnadura mortal en la película homónima dirigida por Luchino Visconti. El gran vals circular del noble siciliano y la plebeya dorada en el salón de baile "Ponteleone" sigue su constelación de años en el alma de cada uno de nosotros y no es la única sobrevivencia del príncipe.
Su escepticismo desencantado, su cabal comprensión del mundo, su bonhomía aplicada a los objetos, los animales y los hombres; su ternura voluptuosa, la firme aceptación de la necesidad y el destino; su aquiescencia ante la llegada de la muerte, son algunos, pocos, pero suficientes, de los motivos que nos hacen quererlo tanto.

Este artículo fue publicado en el Diario Norte de Resistencia (Provincia del Chaco) y cedida gentilmente por el autor para su publicación en Tardes Amarillas.

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".

 

Las imágenes que ilustran esta nota fueron seleccionadas por el autor de la misma.