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 Mercedes Chenaut

 

 

 

    El estrambote como microtexto y hasta como microrrelato*
(Estudio del fenómeno en sonetos del poeta Carlos Duguech)

Por Mercedes Chenaut

Fiel a mi idea de que la literatura es patrimonio de todos, sin distinción alguna, por su naturaleza de lenguaje en su modo más expresivo y pleno, me permitiré abrir el juego y acomodar mi discurso para que el presente trabajo sea interesante tanto para especialistas como para no especialistas en la temática que nos convoca a este congreso.

Creo que a David Lagmanovich, abanderado en el estudio de la especie literaria que aquí se trata y eximio microrrelatista él mismo, le caería muy bien mi propuesta. Quienes lo conocieron -muchísimo, como tantos de aquellos que hoy constituyen la asociación que lleva su nombre, o muy poco, como en mi caso- supimos de su amplitud y de su apetencia por incluir.

Es conocido que el microrrelato, señor de este congreso, es tan viejo como la literatura y tan joven como el modernismo y las vanguardias porque una de sus características consiste en la exigencia de un "lector activo", algo que se convierte en fenómeno central a partir del siglo XX. Cortázar distinguía (con una nomenclatura desafortunada) al lector hembra -el que recibe todo dado, en actitud pasiva- , del lector macho -necesariamente intérprete del material que elige para hacer suyo; capaz de completar todas las elipsis; adivinar lo sugerido, lo no dicho, lo insinuado; tan activo como el propio autor-. Quien se atreve con la lectura de un microrrelato es un lector que debe estar muy atento, dispuesto a co -crear la obra.  Y esto es decididamente un supuesto del arte contemporáneo a partir de las vanguardias.

Me lanzo para mostrar este modo necesario de lectura, echando mano a un microrrelato de Borges, que encajaría en la clasificación de los "brevísimos", los que hoy se llaman "nanorrelatos", aquellos a los que David Lagmanovich se refería así:

«¿Es de alguna manera diferente el efecto que producen las construcciones minificcionales de más de 20 palabras y de menos de ese límite? [...] Básicamente, la diferencia a que nos referimos depende de la rapidez de la narración, en el sentido en que usa este concepto Ítalo Calvino. Esa rapidez o velocidad produce una sensación de inmediatez: anula la expectativa sobre “qué va a ocurrir después”, pues lo poco o mucho que se presenta ocurre simultáneamente, en un relámpago, frente a los ojos del lector.»

El micro de Borges, "Le regret d'Héraclite" dice: 

«Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach.»

El "lector activo" debe, en fracciones de segundo, realizar varias hipótesis: Matilde Urbach es la mujer amada del narrador, mujer real pero imposible. O también: Matilde es un nombre vacío de referente que encarna el ideal femenino, al que nunca se llega del todo. Desfallecer en el abrazo, implicaría que esa mujer sucumbe de gozo o por el contrario, que se desmaya o muere por una claudicación de la energía vital, a la manera de una Margarita Gautier. Esto también podría rectificarse si el lector conociera una edición posterior del texto, cuando Borges decide agregar abrazo "de amor", pero mientras tanto, para quien lee la presente versión -que yo prefiero- existe la posibilidad de ambas hipótesis y hasta de otras, como por ejemplo que Matilde desfallece, rendida bajo un abrazo que podría ser violento, impuesto por un hombre muy fuerte, que la obligaría a rendirse, aún en contra de su voluntad. Y muy pocos lectores estarán en condiciones de saber que, como todo en Borges, el micro se trata de una alusión literaria, una de las formas del intertexto, quizás una reescritura, y que el micro tiene que ver con un personaje de un libro que el autor comentara en la revista El Hogar. En ese comentario, Borges escribe:

«Todavía más extraño es el argumento de Man with Four Lives (Hombre de cuatro vidas) del norteamericano William Joyce Cowen. Un capitán inglés, en la guerra de 1918, mata cuatro veces distintas a un mismo capitán alemán: con el mismo rostro varonil, con el mismo nombre, con el mismo anillo pesado en cuyo sello de oro hay una torre y la cabeza de un unicornio. Al final, el autor deja entrever una explicación, que es hermosa: el alemán es un militar desterrado que proyecta, a fuerza de cavilar, una especie de fantasma corpóreo que guerrea y muere por la patria más de una vez. En la última hoja, el autor absurdamente resuelve que una explicación mágica es inferior a una explicación increíble, y nos propone cuatro hermanos facsimilares, con caras, nombres y unicornios idénticos. Esa profusión de gemelos, esa inverosímil y cobarde tautología, me colma de estupor.»

El conocimiento acerca de la novela del norteamericano, comentada por Borges, y que lo habría llevado a la escritura de este microrrelato no hace otra cosa que "contaminarlo". Mejor entonces desconocerla y quedarnos con nuestra hermosa ignorancia que colma de sugerencias este nanotexto.

Ejemplificado para los legos, entonces, el fenómeno de un microrrelato y su modo de lectura, paso a desarrollar el tema puntual de este trabajo.

Tomo de Wikipedia gran parte de la siguiente definición de estrambote: El estrambote (del italiano strambotto) es un verso o serie de versos (en el caso del autor que investigué siempre son dos) que se añaden a un poema de estructura fija, como el soneto. Se lo conoce también con los nombres de: coda, cola, conterilla, coletilla, corchea u hopalanda. Un ejemplo de soneto con estrambote es Al túmulo del rey Felipe II de España en Sevilla, de Miguel de Cervantes; a los catorce versos de que consta el soneto se añaden tres más, que constituyen el estrambote.

El soneto con estrambote persigue casi siempre una finalidad humorística o ingeniosa, lo cual es otra nota que lo acerca al microrrelato, especialmente al nanorrelato. Es de notar que del sustantivo estrambote deriva el adjetivo estrambótico, que significa, según la Real Academia Española, "extravagante, irregular y sin orden".

Un autor tucumano, de larga trayectoria, como es Carlos Duguech, poeta, narrador, microrrelatista, periodista, analista de política internacional, tiene una afición evidente por el soneto aunque ejercite en sus poemas otras formas de versificación, como el verso libre.

Voy a tomar estrambotes extraídos de sus sonetos y los voy a "leer" activamente, como exigen los microtextos, mostrando cómo en ciertos casos pueden funcionar - independizados del poema- como verdaderos microrrelatos. Y para ello, vamos a suponer que el lector de estos estrambotes no conoce los sonetos de los que provienen, salvo quizás el título en casos en los que el paratexto agregue contenido decisivo.

«Soy el Borges, al fin, que diseñaron/ quienes suelen leerme y no me amaron.»

Aquí Borges habla, con cierta tristeza resignada. Se sabe creatura del "otro", como lo somos todos; se sabe "diseñado" y los diseñadores son, según esta propuesta, ciertos lectores que admiran su obra pero no terminan de amar al hombre que está detrás de esas maravillas. Un lector borgeano de este "estrambote - microtexto" se daría cuenta de que la cláusula "al fin" denota conclusión de una idea que rondó al escritor del Aleph: siempre otro nos está soñando.

«En un mundo de ciegos nadie gana./Sólo uno: el que alcanza su nirvana.»

En este caso, cercano al aforismo, descubrimos un "yo casi narrador" que habla de sí o de cualquier ser humano. Admite la evidencia del dolor, de la pérdida que implica la ceguera (ceguera de los ojos o del alma), pero inmediatamente rescata de la derrota fatal a uno de esa serie de ciegos. Se trata de quien alcanza su nirvana, la beatitud, el íntimo contacto con él mismo, la "individuación" en lenguaje jungiano.

«Demasiados mis tiempos de cegueras/ para andar reclamando primaveras.»

Aquí escuchamos la voz de un ciego de larga data, dueño ya de toda la resignación. Alguien que siente que la posición a la que ha llegado luego de tanta penuria, lo habilita a la renuncia definitiva, a la pérdida del derecho a "primaverear”, a disfrutar de las cosas nuevas, recién nacidas, como lo son las hojas y las flores de aquella estación del año. Ni amor, ni juventud, ni mimos. La ceguera ha otorgado la suficiente tolerancia a la frustración y el impedido de ver puede, con frescura, dejarse de "andar reclamando" nada.

«En verdad, es muy grave que a los muertos/les requieran los ojos entreabiertos.»

Tremendo "estrambote - microrrelato" que hace pensar en alguien que ha dejado la vida pero a quien se sigue interpelando, solicitándole vaya a saberse qué cosas -rendir cuentas, observar algún fenómeno o situación humana- sin el más mínimo respeto por su condición de cadáver. El muerto muerto está y que descanse en paz, piensa y desea el lector.

En el soneto Carpintero del Líbano, el estrambote se acerca más al microrrelato:

«¿O acaso, padre mío, me inventabas/ el país de los cedros que he soñado?»

El narrador, un hijo, ha soñado a instancias de la nostalgia del padre, un país de cedros que sabemos por el título es El Líbano. Como todo deseo acuciante, como todo amor, éste también va acompañado por el temor a que lo deseado se esfume o no exista. Sobre todo cuando se trata de países en guerras fratricidas y de las otras. El padre emigrante, que seguramente no volvió más a la tierra natal, ha sabido sembrar en el hijo el amor por la patria que ha quedado tan lejos y ese hijo teme que el sueño del padre sea sólo eso: un sueño.

Vemos entonces que varios estrambotes, independizados del poema que los contiene, funcionan en la obra de Carlos Duguech como microtextos independientes y algunos inclusive llegan a acercarse a la intención narrativa del microrrelato.

Familiarizados ya con el estrambote y especialmente con los que nuestro autor pergeña en tantos de sus sonetos, propongo disfrutar dos que incluyen en su contenido el nombre de la estrofa que aquí tratamos. El tema, en ambos, es la equiparación de la vida con el poema:

El soneto "La muerte y el monigote" cierra con:

«Yo grito, sin embargo el estrambote/ y le cuelgo a la muerte un monigote.»

El soneto, "La vida" concluye, por su parte, con el magnífico:

«La vida es un soneto, aunque se note,/que anhelamos que tenga su estrambote.»

Conclusión:

El autor y teórico Ginés S. Cutillas incluye el microrrelato dentro de la agrupación de minificción, entendiendo ésta como una recopilación de géneros breves: “La minificción engloba los textos literarios ficcionales en prosa, tanto aquellos que sean narrativos (fábula, anécdota, parábola, etc.) como aquellos que no lo sean (poema en prosa, bestiario, miniensayo, etc.). Podemos resumir que en el mundo de los microtextos, algunos son minificciones y otros no, y que dentro de las minificciones hay textos que atienden al nombre de microrrelato y otros que no. La minificción no es más que una agrupación de géneros”.​ ​ El autor deja claro que el microrrelato se ha de distinguir de las siguientes minificciones: acertijo o adivinanza, aforismo, alegoría, anécdota, apólogo, fábula, apotegma, balada, bestiario, boutade, carta, caso, chiste, diálogo, diario, dicho, escena, epigrama, episodio, estampa, fantasía, fabliaux, grafiti, greguería, haikú, leyenda, máxima, microteatro, milagro, miniensayo, nota, nota de prensa, parábola, poema en prosa, poema, proverbio, refrán, relato, sentencia y tradición.

Pediría, entonces, luego del recorrido por la obra de Duguech y su uso de la coda en sus sonetos, que el estrambote se agregue a la lista de las distintas especies de minificciones y que algunos de ellos sean admitidos en la casa de los microrrelatos.

Bibliografía:

Wikipedia: Entradas: Microrrelato, Nanorrelato.

Textos cautivos. Jorge Luis Borges.La invención de Matilde Urbach. Javier Núñez. Página 12.

(https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-48062-2015-02-21.html)

El microrrelato: teoría e historia. David Lagmanovich.

30Borges30.Carlos Duguech.

Uno mismo. Carlos Duguech.

Las palabras, esos pájaros del alma. Carlos Duguech.     

El presente artículo es el texto completo de la ponencia leída por la autora en el Congreso Nacional de Literatura "Dr. David Lagmanovich" Microrrelatos Federales, realizado en Tucumán los días 07 y 08 de setiembre de 2017. Fue cedido gentilmente por la autora para su publicación en Tardes Amarillas. 

La fotografía ha sido recuperada de la página personal de una red social. 

Mercedes Chenaut, escritora, animadora cultural. En sus libros de relatos incluye algunos microtextos, tanto en TREMENDAS como en MADRES TERRIBLES Y OTROS RELATOS huérfanos. Coordina desde hace 25 años el taller literario "Animarse a gritar". Programas de radio a los que ha convertido en "casas de literatura",  la tienen como co-conductora y dueña de la idea. Tal es el caso de BORGES POR RADIO que salió al aire durante 2016 por Radio Universidad de Tucumán, y ha sido ternado al Martín Fierro Federal 2017.