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MASSARA 

 

 

     LA PATRIA DE LOS HEREJES 

(Microhistorias políticas y sociales de la última dictadura argentina desde Tucumán) 

Liliana Massara*

 

Dentro del sistema literario argentino, hay una serie de textos que han contribuido a restaurar y a activar la memoria colectiva a través de la memoria individual. La Patria de los Herejes, novela tucumana de Bernardo Vides Almonacid, publicada en 2016, en la Colección Letra y Voz de Humanitas, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT., suma a una parte de la historia de la dictadura de 1976 desde una perspectiva diferente, una mirada que no es la del centro del mapa de Argentina; un lugar que vincula ese pasado (del que hemos conmemorando sus 40 años en marzo de 2017) con Tucumán, con los cerros, con los monjes del Siambón, en el Monasterio Benedictino[1]. Un espacio muy vinculante con esta realidad norteña, que se ejecuta como eje del recuerdo, aunque, como dice Sarlo, "su regreso del pasado no es siempre un momento liberador del recuerdo, sino un advenimiento, una captura del presente" porque en esta novela dos de los personajes son capturados por ese tiempo que llega de atrás y se instala en el presente de los años '90 en la Argentina, durante la crisis del Menemato. 

Esta novela se integra a un espacio de invenciones literarias que advierten del "pacto de silencio", un "no decir" forzado que se produjo, sobre todo por temor; una forma de olvido, de hechos guardados en un profundo baúl encadenado, metáfora del silencio y la negación, de intentos de clausurar los hechos para que se mantenga la presencia del relato del oficialismo.
La memoria de las víctimas fue la desmemoria obligada, una forma de protección y defensa ante un sistema político- militar que la deslegitima para legitimar lo que el poder reconocía como únicos su verdad. La memoria impuesta era la"consumida por la doxa" que se callaba o la repetía.
Los años pasaron y la Democracia, tan esperada llega, y aunque en 1983, todavía hay acciones coercitivas, una nueva etapa se inicia con las actitudes de deponer el silencio y dar la vos a estos sujetos "escribientes" que, si bien, en su momento, enmascararon identidades, disfrazaron sus sentimientos, simulando ignorancia, o aparente desinterés y estados de desidia; ahora necesitan hablar, contar, irrumpir con la palabra a partir de experiencias vividas, porque lo que se cuenta, aún en literatura, se cuenta desde lo que se conoce, atreviéndose a más, mediante la relación realidad / ficción; un juego asombroso que posibilita romper las barreras del documento; que sugiere el devenir de otras realidades, de las que se ocultaron o se relataron monológicamente por el poder.

TAPA LIBRO

La literatura desoculta, y se construyen esos otros relatos que se callaron; hay una vuelta a una parte de la memoria que se quiere destejer, se necesita hacerla decir, se puede soltar la palabra. A partir de la democracia iniciada con Alfonsín, la literatura, que algunos denominan de la "post-dictadura" induce a decir esta parte terrible de la historia, sin pretensión de cientificidad, porque la literatura no tiene porqué siendo un arte no una ciencia, pero ofrece, a través de sus procedimientos, más o menos complejos, un relato desenmascarador; narrar otras historias desde la oralidad, desde lo popular, desde la locura, lo cotidiano, lo íntimo, llegar hasta con el detalle de lo privado, desde la voz de los marginados sociales, como el personaje de Plinio en la novela, desamparado del sistema, que como tantos otros de su generación, intentan sobrevivir en la sociedad del progreso y la globalización.
Antes, en los '70, los escritores se preguntaban cómo dialogar con el pasado, cómo representar los hechos históricos y políticos sin referenciarlos directamente, por el temor a ser censurados y que sus textos fueran "decapitados", pero después del '83, si bien hay estéticas y propuestas disímiles, se da lugar a la voz del testimonio, se descubren cartas, aparecen los "fantasmas" internos del pasado; los hijos del cautiverio, los que salieron de las sombras de las cárceles, los que pudieron escapar como Plinio y resguardarse en el Monasterio Benedictino de los cerros tucumanos.
Una nueva etapa cultural da comienzo, se percibe el aire de libertad; surgen en la escena social y en todos los campos del arte, la posibilidad de decir e interpretar otras realidades, otras verdades, la de los excluidos, la de los testimonios de los que regresaron, la de los testigos: surge la memoria prohibida y se la libera para la civilidad y para la propia familia de los desaparecidos o sobrevivientes que por resguardar a sus seres queridos, tomaron la decisión de reprimirse, de guardar secretos, como los personajes que construye el Vides Almonacid, imposibilitados de ser, en tanto sus historias de vida no salen a la luz hasta tanto un traspié del destino en el desarrollo de los acontecimientos de los años '90 los enfrenta con el pasado y los "captura".
Novelas como ésta "re-habitan" en la memoria guardada, y aparecen otras versiones. La literatura opera con otras estrategias, hay un "giro" subjetivo profundo; se revaloriza la primera persona en el relato, no sólo para fortalecer el verosímil sino para que accedan al protagonismo los personajes anónimos que padecieron el espanto de los "gestos" de la dictadura.
En La patria de los herejes, las primeras secuencias advierten de una ola de atentados en la capital porteña, a la vez que el espacio construye un simulacro, una especie de farsa sobre un conjunto de especuladores financieros que provocan el deterioro social. Un país de los '90 con revueltas sociales y civiles, dependiente de los caprichosos juegos imperialistas durante la debacle del menemato.
De este modo, la novela se estructura entre dos lugares bien definidos, Bs.As. y Tucumán, pero también entre dos tiempos, un presente de convulsiones sociales y un pasado que se reactiva en la memoria del protagonista, de Plinio, ante la presencia de un nombre que pone a circular la presencia de un rostro, y este rostro y nombre son los que traen los recuerdos.
Se inicia el dialogo con los tiempos de la última dictadura. Los hechos que se narran transcurren en el Bs.As. de fines del siglo XX entre los infortunios y desaciertos de la política económica, y los efectos en la sociedad; paralelamente, en el interior del país, un grupo de "desclasados", desempleados, jubilados se interiorizan de la situación a través de las imágenes que se anticipan en la pantalla del televisor, en un bar "marginal" de algún lugar tucumano.
El pasado reaparece en los sueños, en la pesadez de una mente que se torna obsesiva, que, por los recuerdos, dificulta su andar cotidiano. Es Plinio uno de los dos personajes, empleado de este bar que va a vincular al lector con el pasado, su pasado de compromiso con ideales, ideologías y utopías. De a poco, enlazando, presente y pasado, vincula los hechos que están sucediendo en Bs.As. con los que ocurrieron allá, con los monjes del Siambón, mediante quienes, hoy puede recuperar esta historia de vida:        

El silencio se llenaba apenas por ruidos lejanos, un motor, un bocinazo, un perro, algún acorde altisonante en la periferia de la periferia y Plinio sin poder dormir. Hubiese sido distinto si ese fin de semana lo acompañara Leandro o si Natalia lo hubiera visitado (…) Se levantó a preparar un té contra la ansiedad rebelde. Cubierto con una frazada desafió la noche helada en la terraza; la Cruz del Sur, las Siete Cabrillas, las tres Marías brillaban igual que sobre el jardín del monasterio. En el cielo nada cambió; en la tiera, mucho; en su vida, todo. Lo inevitable de la soledad y el silencio es encontrarse con el pasado, enfrentar el presente, y temerle al futuro ininteligible. Volteado por los recuerdos pérfidos regresó a la cama para quedar dormido con los pensamientos en el comandante Carlos. (59-60) 

La patria de los herejes, con perfiles ideológicos marcados es, a la vez, una narración sin exabruptos, que articula con cautela el entramado político/social; el tono del dolor y la pintura de la memoria acompañan el entramado de las historias de Plinio y del "comandante Carlos". Ellos son los resortes entre pasado y presente, a través de ellos se acude a las desavenencias con la censura y a la cuota de la intriga y de cierta dolencia y morbo social, procedentes de actitudes humanas inevitables.
Esta novela es una muestra clara de que la literatura es un espacio de invención, de arte con anclaje en lo social. En esta oportunidad, con la mezcla de realidad y ficción, se representan ciertos actos reprobables de la dictadura del '76 y de la sociedad de la última década del siglo XX con base en la provincia tucumana.
Un relato de naturaleza y condición realista, con trabada estética en lo político que genera una narración de pulsión pasional y actitud comprometida.
Su autor, también construye un país de antinomias, un país imprevisible que lo explica ante el comportamiento de ciertos personajes de la novela.
Con un relato dinámico, de sencillez narrativa, pero de personajes complejos frente a la existencia vital y los hechos que experimentan, se accede a la memoria, se busca respuestas, tal vez más preguntas sobre el presente, dándole cabida a cierto misticismo que atraviesa la novela, en la que el discurso hace su balance entre las expectativas y las incertidumbres del presente, más las herencias del pasado:   

Plinio se preguntaba si el comandante tendría relación con el atentado a la aduana: el leve escalofrío que erizó su piel amenazó descomponerle el estómago. (…) ¿Coincidirían hoy las utopías? ¿Era solución meter bombas? No, No lo era, pero de alguna manera alguien debía patear tobillos. El estómago se sublevó del todo, le pidió a Jiménez estacionar en la banquina, debía vomitar (146-147) 

Entre la desazón y la duda, entre la confusión y la pasión, el relato se ubica en la perspectiva de los hijos, de las nuevas generaciones, habitados entre el infortunio moral y el desaliento social pero, con un dejo de ilusión por los que vendrán, pensando que habrá otras alternativas, que el hombre es deseo permanente, y que en determinado deseo se gesta la raíz de una nueva utopía, ante las turbulencias que habitan permanentemente el mundo.

De este modo, la literatura argentina escrita desde Tucumán, ficcionaliza un estado geo-cultural diferente, que llega desde los cerros en la historia de solidaridad de los monjes benedictinos, en la que unos de sus propósitos es dialogar con la historia nacional para narrar los padecimientos, dolores e infortunios de la sociedad, mediante la mirada ubicada desde la región del NOA para visibilizarla dentro del campo cultural argentino y colaborar a complementar los registros y los archivos del estado nacional, muchos de ellos desconocidos todavía.

 

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[1] Operativo Independencia, o lo que también se conoció como "Decretos de aniquilamiento de 1975" firmado el 5 de febrero de ese año por la entonces Presidente de la nación María Estela Martínez de Perón que dio inicio al "Operativo Independencia"; en octubre del mismo año otro decreto firmado por el Presidente interino Ítalo Argentino Luder, cuyo objetivo fue ampliar a todo el país la política represiva antisubversiva. Lo que quiero recordar con esto es que la Dictadura se gestó en 1975; fue "la anunciación del año '76. El combate se empezó a desarrollar por razones culturales, contra las ideas, valores de universitarios, artistas, intelectuales, religiosos de San Miguel de Tucumán.

 

*Liliana M Massara. Su lugar de identidad es Frías, Santiago del Estero. Es tucumana por adopción. Doctora en Letras por la Universidad Nacional de Tucumán. Profesora Titular en las cátedras de Literatura Argentina I y de Literatura Argentina del NOA, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Directora del Instituto Interdisciplinario de Literaturas Argentina y Comparadas (IILAC), y de Proyectos de Investigación de la Secretaría de Ciencia, Arte e Innovación Tecnológica (SCAIT) de la UNT. Secretaria de Selección del Departamento de Publicaciones de la F. de F. y L de la UNT. Dirige la Colección Narrar la Argentina de la F. de F y L de la UNT; Publica en Revistas críticas nacionales e internacionales; en la página literaria de La Gaceta; ha compartido antologías como La vida en breves; Cuaderno Laprida, Entre Mate y mate, entre otras. Su último ensayo publicado: Escrituras del yo en color sepia.

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