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Juan Mario Basterra 

 

 

   De la justificación del Arte

Acerca de Darwin poeta de Osvaldo Mazal

Por Juan Mario Basterra*

Especial para Tardes Amarillas

 

¿Puede una novela polimórfica, divertida y desencantada hacer convivir en su desarrollo las vicisitudes de un Charles Darwin amante y poeta; las consideraciones, que en relación a este último, desarrolla, durante el largo invierno estalinista, el formalista ruso Viktor Borísovich Sklovski, y los recuerdos nostálgicos de un narrador que recupera un libro ruso de tapas verdes y anotado por su padre, el ingeniero agrónomo León Pessoa?
Darwin poeta, del misionero Osvaldo Mazal, es una respuesta afirmativa a tal interrogante.

 

Darwin     OSVALDO MAZAL   CONTRATAPA DARWIN
Merecedora del primer premio de novela 2014 del Fondo Nacional de las Artes y señalada como una obra "inclasificable, al mejor estilo de un Macedonio Fernández de esta época", la novela, que participa a su vez de la crónica, el "bildungsroman" y la novela de peripecias, es, además, un catálogo extraordinario de la maestría técnica de un escritor.
El libro se vertebra en veinticinco capítulos y un conjunto de cinco epílogos y es una vasta reflexión sobre el destino de los hombres, el sentido de perennidad que subyace en cada uno de sus actos, la fugacidad del tiempo, los desencantos del amor, e inherentemente, el destino transcendente de la obra artística. El lapso temporal que abarca la acción es de aproximadamente 177 años (pensemos que el Darwin verdadero llegó al sur del continente americano a mediados del año 1832 y la reflexión del narrador que abre el libro se sitúa en agosto de 2009) y las distancias que separan los distintos escenarios (el río Colorado en la Patagonia argentina, el gélido Moscú del rigor y la majestuosidad estalinistas y los sepulcros de la abadía de Westminster, entre otros muchos), inmensas.
En ese lapso y en esas geografías, las historias se desarrollan gobernadas por un caudal de recursos que parecen agotar el registro pleno de lo literario. Lo descriptivo, lo paródico, las yuxtaposiciones, una sintaxis al uso proustiano, con utilización de frases largas y oraciones subordinadas que funcionan como extraordinarios vasos comunicantes, la sonoridad de los períodos, son algunos de los elementos más visibles de una literatura que erige (sobrepasando acaso los mismos propósitos conscientes del autor) un lujoso y perfecto edificio en el que cada estancia tiene unidad de sentido, funcionalidad y belleza.
Todas estas características formales, "esos artificios de rara e increíble invención" de los que hablaba hace mucho tiempo Alejo Carpentier, aproximan a Mazal a escritores eminentemente técnicos como Lugones o Lezama Lima, emparentados en la edificación de estructuras magnificentes, eficaces y perdurables, pero también en la creación de tipos humanos que cristalizan nuestras realidades y las idealidades que las preceden; el ancho campo de nuestra experiencia y nuestros sueños. Este es el otro pilar del "lujoso y perfecto edificio" al que me refería un poco más arriba; sin él, sin la mirada melancólica y desencantada del escritor y la proyección de esta en sus "criaturas" y sus destinos, el conjunto entero se desplomaría, sobreviviendo solamente en formas de escombros fragmentarios, arbitrarios y sin vida.

 

*Juan Basterra nació en La Plata el 27 de junio de 1959. Es profesor en Biología. Tiene publicadas dos novelas: Tata Dios (2015) y La cabeza de Ramírez (2016). Colabora en diario Norte, de Resistencia, Chaco, donde publica columnas en el suplemento dominical "La chaqueña".