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SANDRA BIANCHI 2 

     Una sinfonía con puntos suspensivos

Por Sandra Bianchi*

Libro Microcósmicas

Esther Andradi

Macedonia Ediciones
Prólogo de Sandra Bianchi
1ra edición 2015, 2da. edición 2017

El mundo de la microficción ya no es tan micro, es amplio y diverso. Más allá de la proliferación del género en todos sus sentidos —los muchos autores, la variedad de temas y formatos, la calidad literaria, la cantidad de concursos y las sorpresas que depara cada texto en su singularidad— no deja de asombrar la cantidad de estilos que los autores diseñan. Hay microficciones narrativas, otras poéticas o filosófico ensayísticas, por así decirlo, otras donde resalta el rasgo de la comicidad o la bajada ideológica. Infinita es la propuesta micro en su vista panorámica. Algunos escritores pueden ubicarse en esas grandes líneas, pero muchos son los que se desalinean, se resisten, entran y salen de las marcas de estilo, trazan sus marcas colaborando y enriqueciendo esta variedad múltiple y nómade.

Y en este no lugar ubico (¿ubico?) los microtextos de Esther Andradi, de los que diría, valiéndome de una configuración metafórica, que son textos de puntos suspensivos...

Entre la narración, la resonancia poética, la disquisición y las diversas maneras que tiene la palabra para significar, los textos de Esther funcionan a la manera de estos tres puntos. Por un lado, suspenden el discurso, el flujo de la información narrativa en circulación para hacer entrar al lector en una zona que llamaría "de embeleso", de sentidos detenidos que, en esa pausa, se abandonan a la seducción del texto. En un segundo momento los sentidos van en busca del hacer sentido, con toda redundancia y circularidad. Es el instante en el que el lector tiene que activar esa interrupción del texto sugerido para completarlo, a la manera de la escucha musical, en la que los acordes transportan al oyente a una dimensión sensible, flotante, etérea... y recién a continuación ponen en funcionamiento su bagaje cognitivo.

Quizá por eso, porque es asimilable a la experiencia de lectura que propone, Microcósmicas se estructura en movimientos musicales, Allegro ma non troppo, Andante furioso, Rallentando, Vivace, Fine, en los que la densidad de las palabras se acompasa con cada una de estas variaciones.

MCROCÓSMICAS ESPAÑOL

El volumen se inaugura con un "Axioma doméstico" —¿un axioma de lo hogareño? ¿Un axioma domesticado? — en el que limpiar y escribir son un ritual de lo cotidiano, el acceso al caos: "Limpiar es como escribir/ Escribir es meterse con el caos".
Caos-cosmos. Cada una de estas "secciones musicales" es una muestra de esta dualidad, par indisociable, casi en espejo como lo es literatura-vida.
La microficción de inicio, "Laberinto", la primera de las microcósmicas, plantea situaciones de escritura y de lectura entreveradas en el sueño y lo cotidiano. Un animal a medias doméstico, a medias mitológico —"Soñé que mi gata me exigía escribir su historia"— que se percibe un poco felino y un poco Michitauro, será una gata dadora de laberinto. No solo evoca de una manera sui generis el mito sino el concepto mismo de laberinto, en su acepción casera de confusión o perplejidad, que involucra a la narradora.
Avanzando en el corpus, los cambios de estado, de persona o cosa, aparecen indicados en los títulos y tematizados en la ficciones mismas —"Metamorfosis", "Híbrido", "Memoria cafuné", "Medicina", entre otros— propiciados por el paso del tiempo. Como si se dibujara un eje ahora-antes o viceversa, se apela a la memoria regresiva que narra —"Ahora soy (...) pero supe ser"/ "Desde que (...) al principio (...) ahora"/ "Cuando era niña (...) con los años (...) ahora"— o a la prospectiva, en narraciones como "Mañana", "La huída" o "Pura hípica", que invitan a "galoparse el futuro".
Este recorrido temporal no está exento de tono nostálgico "Una nube de melancolía me lleva por delante" ("Mirada única") pero tampoco falta el humor "no soy ninguna papa frita" ("Lo más profundo es la piel").
Las historias narradas no solo se tensan internamente por las coordenadas temporales, también lo hacen por las historias que se cuentan dentro de cada una de ellas —por ejemplo, la de Corina con su madre y sus nietas ("Corte de mangas"), la de Carmen y su hija ("La donna é mobile") o la de la inmigrante italiana, en la cual subyace una historia en la mención de los arcángeles chambones de Liguria ("Recuerdos de provincia"). O a través de fórmulas recursivas que ponen en abismo a los personajes que escriben dentro de la escritura —"Le gusta espiarme mientras escribo(...) lo acabo de sorprender corrigiendo este texto" ("El impostor"), algo así como un "espiador espiado" similar en su funcionamiento narrativo al del personaje de la mucama de la microficción contigua ("Elemental Watson")— o a la superposición entre la narradora y la luna que ocupa la silla de quien escribe y es, tal vez y muy seguramente, quien escribe el texto que se lee ("La luna").
Las historias también se amalgaman mediante comparaciones insólitas como mecanismo: el universo como una masa de pastel ("Mamá amasa la masa"), la luna como un yogur ("Trinidad"). Oportuno es decir que estas y otras referencias gastronómicas a lo Andradi evocan de alguna manera a Come, este es mi cuerpo (1991) su primer libro de ficción mínima.
Este nuevo libro habla de la creación en todos sus sentidos: la de la vida y la creación artística, que conlleva la creación de los vínculos (entre los seres, humanos y animales) y la creación del pasado a través de la memoria, entre otras articulaciones posibles. Es un libro poblado por animales y hombres, amparados o desamparados en el caos y la creación, en clave microcósmica.
—¿Y qué es el microcosmos? —le pregunto al diccionario, porque una palabra me lleva a otra.
—Es el hombre, concebido como resumen completo del universo o macrocosmo —me responde.

*Sandra Bianchi (Buenos Aires, Argentina). Es profesora en Letras, crítica literaria, editora, escritora y gestora cultural. Es jefa de edición en Ediciones Santillana y se dedica también al estudio y difusión de la microficción. Además de prólogos y artículos, ha elaborado las antologías, Cartón lleno I y II y la versión argentina de ¡Basta! cien mujeres contra la violencia de género y ¡Basta! cien hombres contra la violencia de género (en colaboración) y Arden Andes. Microficciones argentinochilenas. Sus microficciones están publicadas en Internet y en diversas las antologías nacionales y extranjeras.