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POEMAS DE PABLO ANADÓN

 Pablo Anadón

Pablo Anadón(Villa Dolores, Córdoba, Argentina, 1963). Ha publicado, en poesía, Poemas (Colmegna, Santa Fe, Primer Premio “José Cibils” 1979); Estaciones del árbol (Il Nuovo, Vecchio Stil, Córdoba, 1990, traducción al italiano de Oreste Macrì); Cuaderno florentino y otros poemas italianos (Università degli Studi della Calabria, Rende, 1994); Lo que trae y lleva el mar (Rubbettino, Soveria Mannelli, 1994); La mesa de café y otros poemas (AMG Editor, Logroño, 2004); El trabajo de las horas (Ediciones del Copista, Córdoba, 2006), Estudios de la luz (Pre-textos, Valencia, 2010) y Hostal Hispania (Pre-textos, Valencia, 2017). Es autor de las antologías críticas Poetesse argentine (Plural Poesia, Acquaviva Picena, Italia, 1994); El astro disperso. Últimas transformaciones de la poesía en Italia. 1971-2001 (Ediciones del Copista, Córdoba, 2001, Premio Internacional de Traducción del Gobierno de Italia; 2a. edición, Editorial Brujas, Córdoba, 2015) y Señales de la nueva poesía argentina (Llibros del Pexe, Gijón, España, 2004), así como del libro de crítica literaria La poesía en el país de los monólogos paralelos. Ensayos sobre poesía argentina contemporánea (Editorial Brujas, Córdoba, 2014). Ha publicado en libros, diarios y revistas del país y del exterior, numerosas traducciones de Dante Alighieri, Giuseppe Ungaretti (El Dolor, Alción, Córdoba, 1994, en colaboración con Esteban Nicotra), Vittorio Sereni, Alfonso Gatto, Mario Luzi, Giorgio Caproni, Wallace Stevens, Robert Frost, W. S. Merwin, Boris Pasternak, Serguiei Esenin, entre otros autores. Doctor en Letras por la Universidad Nacional de Córdoba, hizo estudios de especialización en la Universidad de Florencia y fue docente durante seis años en la Universidad de Calabria. Actualmente trabaja en Córdoba, en la docencia universitaria y secundaria. Ha fundado y dirige desde 1997 la revista de poesía y crítica Fénix y la colección de libros del mismo nombre para el sello editorial Ediciones del Copista y en el presente para Editorial Brujas. 

COMO UN HOMBRE QUE HA SIDO MUTILADO ( I )

COMO un hombre que ha sido mutilado

Cree agitar su brazo y sólo mueve

Su vacío, a menudo me conmueve

La sombra de los días que han pasado.

 

Ínfimas sombras, cosas que he querido:

Ese recuadro en que el paisaje breve

De un patio empalidece; algo muy leve:

La flor que cae de un libro en un descuido.

 

A veces en la noche me despierto

Y busco con la mano el velador

De la mesa de luz de mi niñez…

 

Nadie puede olvidar lo que una vez

Se quiso, y ya no se ama sin dolor.

No sé cuánto hay en mí de vivo o muerto.

 

BAR DE LA COSTANERA

Y aquí estoy, nuevamente, en esta mesa

De una ciudad perdida, donde he sido

Feliz alguna vez, donde he sabido

Del gozo de querer y ser querido.

 

No es el tiempo que pesa, sólo pesa

El dolor que causamos en la vida,

La palabra no dicha, la extinguida

Caricia que esperaba alguna herida.

 

Cierro los ojos bajo el sol y siento

La presencia del mundo en ese ardiente

Roce de luz sobre la piel, el ruido

 

De la calle y los árboles que el viento

Agita, como el mar de lo vivido

Restalla en la escollera de la mente.

 

DESPERTAR CON LLUVIA

DESPERTAR al murmullo

De la lluvia en el patio;

Inmóvil, al arrullo

De las gotas, soñar

Con los juegos del día,

Hasta oír una voz

Cálida en la cocina

Y el aroma del mate Cocido y las tostadas

–Darnos vuelta en la almohada

Para no despertar.

 

LLUEVE EN LA OSCURIDAD

YA llueve, finalmente.

Se la escucha

Como un murmullo, apenas,

Allá en la oscuridad.

Con la lluvia y su arrullo sosegado

De siglos, maternal,

La noche y el dolor se hacen más leves

 

PARADOR DEL ÁGUILA

Y otra vez el paisaje de las sierras

Que se esfuman azules a lo lejos

Como en las telas de Fernando Fader;

 

Otra vez el maíz sobre las piedras

Del muro verde y el revoloteo

De los tordos, las loicas y los mirlos.

 

Y de aquel horizonte hasta mi mesa

Como un ave de presa ya desciende

A roer minucioso en mi costado

Otra vez el recuerdo más querido.

 

RAZÓN DE SER

QUE otros sigan haciendo divertidos

Malabarismos con la poesía;

Da gusto verlos con sus coloridos

Versos sin duelo, sin melancolía,

 

Jugando al juego de olvidar la vida.

Yo no puedo. Lo mío también tiene

Algo de juego, pero una partida

Donde el tiempo ya ido y el que viene

 

Buscan razón de ser en el presente

Agónico, fugaz, de la escritura:

Allí un hombre se inclina hacia el tablero,

 

A solas con la noche y con su mente,

Y aguarda, blanca o negra, la insegura

Jugada de un destino verdadero.