Claudio

 

  

 

DERECHO A RÉPLICA

 

Claudio Rojo Cesca

Especial para tardes Amarillas

 

Después de más de treinta años, Blade Runner continúa encaramada como una de las obras fundamentales del cine. Con un pie dentro de la ciencia ficción y otro en el barro del policial negro, superó el incendio del fracaso y el capricho de los productores que la estrenaron en una primera versión remachada y cansina de la que, por suerte, el tiempo y una edición del director nos han librado. Sin embargo, a pesar de su maravillosa factura técnica, Blade Runner destaca por su resiliencia a la exégesis cerrada.

AGENTE PARANOIA

Blade Runner (Ridley Scott, 1982) es un pastiche para todos los gustos. Está basada en la novela “Sueñan los androides con ovejas eléctricas”, de Phillip K. Dick. Autor paranoico, celebrado en todos los círculos de la literatura de márgenes, Dick dedicó su vida a imaginar versiones decadentes de un futuro herido por las perfecciones de la ciencia y la tecnología. Blade Runner sería la primera de muchasadaptaciones cinematográficas que lo convirtieron en unode los autores más adaptado de la literatura contemporánea. Scott cambió el nombre de la novelay filmó de ella lo que mejor le vino en gana. Dicen las malas lenguas que ni siquiera llegó a leerla y se contentó con las revisiones del guion. Así y todo, rodó la que para muchos es la mejor película de ciencia ficción del siglo XX.

Resulta que en el futuro hay una empresa que fabrica androides (en la película se los llama “Replicantes”). Los androides hacen todo lo que los humanos no pueden o no quieren hacer. Ellos son, sin más eufemismos, esclavos patentados por la corporación Tyrell, con un tiempo limitado de duración vital. Un grupo de ellos, exiliados tras una serie de brutales motines, consigue infiltrarse en la ciudad de Los Ángeles, sede de la compañía, a buscar al ingeniero que los creó para pedirle una extensión de la fecha de vencimiento.

También en el futuro existe una serie de agentes especializados en la cacería de estos replicantes. Se les llama los Blade Runners. Deckard (Harrison Ford) era uno de ellos, y presumimos que uno muy bueno, porque el jefe de policía hace lo imposible para que abandone su retiro y se meta de lleno en un caso de los cuatro replicantes prófugos.

Hay asesinatos, mujeres fatales, largos impermeables a lo Bogart. Blade Runner se viste de género negro cuando sale a revelarnos el núcleo Sci Fi que lo habita: el punto donde convergen tecnología e identidad.

¿QUÉ ONDA LA MUERTE?

(De aquí en más se revela el final y datos relevantes de la trama)

En la secuencia inicial del filme, vemos a Leon (Brion James) responder las preguntas de un médico. El cuestionario es una versión del Test de Turing, diseño hipotético para establecer un diagnóstico diferencial que haga posible distinguir entre la inteligencia artificial y el ser humano. El test es una de las bases epistemológicas de la Psicología Cognitiva, que establece similitudes entre la computadora y la mente. Si ambos dispositivos funcionan como procesadores de información, sostiene la Psicología Cognitiva, quizás no sean tan distintos después de todo. Lo sorprendente de Blade Runner es que levanta la apuesta al tema de la mortalidad: lo que propulsa el conflicto con los replicantes es la conciencia de finitud, la idea de que en un momento cualquiera, los sistemas que los mantienen vivos, dejarán de funcionar. Los replicantes hacen lo que hicieron las civilizaciones desde que existe el lenguaje: buscar al creador, interrogarlo, construir la ficción de un porvenir dode la vida no acaba.

Blade runner claudio

EL QUÉ DIRÁN

La pregunta por la trascendencia tiene motor en el lenguaje. Más allá de la vida, es la palabra la que dice quiénesfuimos, y nos ubica en un linaje, historizando nuestros nombres en mitos pequeños, pero mitos al fin. Roy Batty, el replicante que lidera a los prófugos, pasa de la búsqueda del creador a la edificación del mito personal a partir de la historia que, potencialmente, podrán contar quienes lo conocen. La vida es menos importante que la historia. Es esta premisa la que le empuja a preservar a Deckard, su oponente. Mantenerlo con vida es, en su renovada cosmovisión, imprescindible porque su paso en el mundo está dando sus últimos acordes. Al final, Batty derrota a un disminuido Deckard, pero lo deja vivir. Petrificado y confundido por esta repentina piedad, Deckard contempla los minutos finales de su rival. Poseído por una especie de arrebato poético. Batty dice: “Todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia”.

La película termina en una nota indefinida. Tal vez Deckard sea también un replicante, con un tiempo de vida mayor que el de los prófugos a los que fue mandado a cazar. Por su parte, la proeza de Roy Batty consiste en haber encontrado un oído que lo escuche. Una grieta donde hacerse charco antes de evanescer, como todos nosotros, en el mutismo atroz donde incluso la muerte es una historia que se puede contar.

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