NICANOR PARRA (La Poiesis y la poética de la Antipoesía)

 

Por Francisco S. Soria
Exclusivo para Tardes Amarillas

 

23 de enero de 2018
La noticia, escueta pero demoledora, me golpeó esta mañana mientras trabajaba en un texto que necesito terminar con urgencia. Decía simplemente "Murió Nicanor Parra". Eso; nada más que eso.
¿Cuántas veces, en estos últimos años me he (nos hemos) preguntado sobre la llegada de este fatídico momento? ¿Soy el único que pensaba en esta muerte dolorosa pero anunciada? ¿O acaso había comenzado a ganarme la certeza de que era (ya es) inmortal? No fue el único inconveniente de esta mañana. Sabiendo de mi admiración por el chileno creador de la Antipoesía, el inefable Antonio Cruz me llamó tres o cuatro veces hasta que no tuve más remedio que atenderlo. Yo imaginaba el motivo. Al final, aquí me encuentro dolido por la desaparición de un personaje admirado y presionado por el pedido de Antonio al que, por supuesto, no puedo (ni deseo) decir que no. 

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El funesto momento ha llegado y este mundo globalizado, hipercomunicado pero hipoespiritualizado (o hipopoetizado, valgan los neologismos) se ha quedado sin uno de su poetas más brillantes. No es una noticia menor.

Por supuesto, apenas enterado de la noticia, decidí dejar de lado la nota en la que trabajaba y decidí escribir esta sencilla necrológica como una forma de homenajear a este grandioso (anti) poeta que admiré tanto. Seguramente, si Don Nicanor se hubiese enterado de que un remoto escribidor argentino, absolutamente desconocido, leía sus poemas con tanto entusiasmo y se sentía tan identificado cada vez que lo hacía, hubiese sonreído de manera cómplice. Personaje controvertido como pocos tuvo que vencer muchos escollos para poder difundir su lenguaje poético. Amante de la poesía cotidiana, sin acartonamientos, no solamente tuvo de vencer adversidades sino también, las salvajes críticas de quienes no aceptaban su lenguaje poético.

 poemas y antipoemas

Licenciado en Física y Exactas, ejerció como profesor universitario durante más de treinta años.
Personaje de culto, amado y denostado con la misma intensidad, fundó junto a Enrique Lihn, y Alejandro Jodorowsky, el periódico mural El quebrantahuesos, pero probablemente su acción más heroica fue transformar el departamento donde daba clases universitarias en un reducto de pensamiento libre durante la feroz dictadura pinochetista. No dudó en aparentar ser loco para que su voz no sea acallada. De aquella época, datan los libros Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui(1977) o Chistes para desorientar a la policía/poesía (1983) Para algunos, científico disfrazado de poeta, para muchos, poeta disfrazado de loco, Nicanor Parra no solo escribió su (anti)poesía (una expresión maravillosa para nominar los poemas cotidianos, alejados de la lírica convencional) sino que también tuvo una intensa actividad en las artes plásticas. Sus poemas visuales (Artefactos, 1972) ingeniosa colección de poemas visuales fueron una de sus formas expresivas.
No es sencillo analizar la poesía de Parra. Para poder ganarse un nombre tuvo que luchar con la fama de Neruda que para él, representó un contratiempo. En la década de los cuarenta, viajó a Estados Unidos e Inglaterra. Con el descubrimiento de la poesía en lengua inglesa comenzó a forjar su propio lenguaje. Al finalizar aquel viaje, retornó al país trasandino con la convicción de que se debía volver a la poesía popular. Dejar de lado aquella construida desde la lírica más convencional por otra, donde primara el lenguaje llano y accesible, y el empleo de la metáfora y las figuras poéticas no fuesen un eje central sino apenas un aditamento para dar consistencia a sus textos poéticos. Buscaba volver a aquella poesía que tenía más relación con la música que con la musicalidad. En alguna medida, constituyó la reivindicación de la poesía popular del medioevo, esa poesía que, justamente, tenía un maridaje inevitable con la música y que habían desarrollado los trovadores.
A su regreso de su periplo por los países del norte, ya había acuñado la palabra "antipoesía", término que usó para expresar un nuevo lenguaje poético, absolutamente rupturista y que no era otra cosa que su forma de rebelarse contra los preceptos que se imponían por aquellos tiempos en la poesía, no solamente chilena sino en la de todo el continente americano, al sur del Río Grande con Pablo Neruda y algunos otros poetas a la cabeza. La primera manifestación de esta rebelión fue su libro Poemas y antipoemas, de 1954.
Su estilo, provocó de inmediato adhesiones y rechazos. Se transformó en un personaje amado y odiado con la misma intensidad por críticos y académicos.
Mucho se ha discutido sobre su antipoesía.
Parra, más allá de los conceptos tradicionales de poiesis y poética, supo dotar a sus textos de una estética rupturista y de marcada tendencia a lo popular, a lo no académico, a lo más sencillo; sin embargo, esa estética, no era algo que dependía ni se relacionaba con el canon vigente, sino que era más bien el producto de la experiencia de los sentidos; una manera de liberar la palabra de la rutina y elevar al tipo común, al que vemos todos los días, al laburante y al estudiante, a través de sus sentimientos y sus emociones cotidianas, a un mundo casi fantástico. Dicho de otra manera, lo que pretendió (y por supuesto, logró con creces) fue construir una forma apropiada para superar los límites de las formas establecidas y transformar el orden natural de la poesía, aquello que sucede en cada poema, no solamente en la mente del poeta (el creador) sino también en la del lector, (el receptor) a través de la palabra (el vehículo).
En abierta contradicción con lo que piensan algunos estudiosos, tengo la más absoluta de las certezas de que la (anti)poesía de Nicanor Parra, no carece de poiesis ni de poética. En un todo de acuerdo con el concepto clásico de poiesis, como la capacidad de un hombre «de transformar el no ser en ser», como el acto genuino de la creación, nadie puede dudar de la capacidad creadora de Parra (que instaura poesía a partir del lenguaje tradicionalmente NO poético y la dota de un profundo sentido estético que termina siendo inexcusablemente reivindicatorio). Es algo que no admite controversias de ninguna naturaleza, más allá de la obcecación de algunos contemporáneos suyos. En cuanto a la poética como procedimiento de elaboración de un conjunto de normas adecuadas para la clasificación, análisis y descripción de una obra o creación, aquí está el legado de Don Nica, como testimonio irrebatible de que la poesía excede el marco de la academia y se constituye en lo que debió ser siempre. Un camino a través del cual el hombre común y corriente pueda acceder al goce estético de la palabra.

 

La fotografía de Parra que acompaña la presente nota fue tomada del sitio Web El Dínamo. Se puede ver en su formato original en http://www.eldinamo.cl/entretencion/2018/01/23/asi-sera-el-funeral-de-nicanor-parra-en-las-cruces/

La imagen del libro se recuperó de la página Web, Mmoria Chilena y puede ser visitada en http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-8611.html