Toño 2 

 

 

 

    

LA POSVERDAD, EL PERIODISMO EMPOBRECIDO Y LA POLÍTICA

“EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM” COMO LITERATURA DE ANTICIPACIÓN.

Antonio Cruz

Director de tardes Amarillas

Los “hechos” periodísticos en Argentina, es decir, el manejo tendencioso y desmesurado de la noticia de los últimos meses, me obligan a volver sobre un tema que, si bien me desvela y sobre el cual ya había comenzado a escribir una nota, había relegado a segundo plano merced a los excelentes artículos y ensayos que he leído por estos meses, entre ellos el brillante discurso de apertura de la FILBA 2017 de Luisa Valenzuela o el notable trabajo publicado en las redes por Homero Carvalho Oliva, quien me honra con su amistad: La  posverdad. 

1. La posverdad como evidencia de un delito social

Quiero comenzar este análisis con un concepto que puede provocar rechazo: Me asusta la enorme vocación de la sociedad en su conjunto (que no es patrimonio de Argentina sino algo universal ya que constituye uno  de los males que trajo la globalización), de prostituir una disciplina como el periodismo, profesión noble como pocas cuando se ejerce con probidad.  Y cuando digo, la sociedad en su conjunto, por favor, quiero que, individualmente, hagamos una introspección y nos preguntemos si, en alguna medida, no somos todos cómplices cuando ayudamos a divulgar noticias falsas, refritadas, modificadas según conveniencia y no sé cuántas cosas más.

De cualquier manera, si bien las redes sociales son parte fundamental en este fenómeno que ha dado en llamarse posverdad, se me ocurre que no son las únicas protagonistas; lejos estamos de la “verdad verdadera” si no aceptamos que es algo que ya existía como práctica en los primeros tiempos de la Web 2.0 con la aparición de los blogs y bitácoras que se sumaron a las sitios Web de cualquier periódico que se precie de ser divulgador de noticias. No obstante, iré un poco más allá. Tengo la convicción de que, la desnaturalización del periodismo es algo mucho más antiguo aunque debemos reconocer que es en estos tiempos cuando se ha generalizado hasta límites extremos.

De acuerdo a mi concepto cuasi sociológico, y que probablemente pueda ser refutado por sociólogos propiamente dichos, la posverdad como entidad innominada (podríamos hablar de la tergiversación de la verdad para transformarla en algo diferente ―recordemos la famosa frase de Goebbels «Miente, miente, miente que algo quedará. Cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá» ―.), pero como presencia tangible ya fue denunciada en numerosas obras de la literatura universal. En este punto, no puedo evitar recordar una lección que nos diera el Maestro Marcos  Solmesky, Profesor de la Cátedra de Medicina Preventiva y Social de la Universidad Nacional de Córdoba en una de las clases magistrales que brindaba en la incipiente Escuela de Salud Pública a mediados de los setenta. En esa oportunidad,  el Doctor Solmesky nos leyó los curiosos titulares del diario parisino El Monitor (Le Moniteur Universel),en marzo de 1815, mientras Napoleón Bonaparte se acercaba a París.

1) “El Monstruo se escapó de su destierro”.

2) “El Tigre se ha mostrado en el terreno. Las tropas avanzan para detener por

todos lados su progreso”.

3) “El Tirano está ahora en Lyon. Cunde el temor en las calles por su

aparición”.

 N°4) “El Usurpador está a 60 horas de marcha de la capital”.

5) “Bonaparte avanza con marcha forzada”.

6) “Napoleón llegará a los muros de París mañana”.

7) “El Emperador está en Fontainebleau”

8) “Su Majestad El Emperador hizo su entrada pública y llegó a las Tullerias.

Nada puede exceder la alegría universal ¡Viva el Imperio!”[1]

El algoritmo y la secuencia son sorprendentes como prueba demostrativa de la manipulación de la noticia. ¡Y estamos hablando de doscientos años atrás!

EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM.doc

2. La posverdad en la Literatura periodística.

¿Es el único caso? Desde los no tan lejanos tiempos de Rodolfo Walsh y Truman Capote, muchos escritores han publicado novelas “periodísticas” (o novela/testimonio, como les designan algunos estudiosos); entre otros, Antonio Tabuchi (“Sostiene Pereyra”), Gabriel García Márquez (“Relato de un náufrago”) y Evelyn Waugh (“Noticia bomba”) han tratado con pericia el asunto. No obstante, si hay una novela que marcó un antes y un después en este tema sin duda, esa es “El honor perdido de Katharina Blum” (“Die verlorene Ehre der Katharina Blum”)  del alemán premio Nobel de Literatura, Heinrich Böll, publicada en 1974 y que provocó gran polémica debido a su “escandaloso” (tal cual lo calificaron los diarios de la época) argumento. Ninguna novela anticipó  como esta obra con tanta exactitud la “peste” del periodismo (parafraseando la famosa frase de  Ítalo Calvino)

Algún memorioso (como el Funes de Borges) podrá enrostrarme que ya publicamos en esta revista una reseña de este pequeño gran libro. Es absolutamente verídico. Fue en el número 18 de la segunda quincena de agosto de 2015, pero puedo sostener en mi defensa, que esta otra mirada no tiene relación con la reseña misma sino que apunta al problema que afronta el periodismo profesional en estos tiempos que vivimos.

3. La “verdad desnuda”

Según Algunos críticos, Heinrich Böll hace una crítica por un lado a la peyorativamente llamada “Prensa amarilla” o “Sensacionalista” y por el otro al “laissez faire, laissez passer” de la sociedad a la que pertenece el personaje principal de la novela.  Se ha escrito mucho al respecto pero quiero traer aquí  una opinión que me llamó la atención. Un/a misterioso/a autor/a que firma solamente como Sra. Castro (sic) sostiene lo siguiente en un sitio Web llamado solodelibros.

«Heinrich Böll quiso con esta breve novela criticar la práctica de un tipo de periodismo sin escrúpulos y a la sociedad que lo consiente y alienta. Un periodismo en el que no importa adulterar la verdad y destrozar la vida de personas inocentes, para complacer la avidez de lectores deseosos de tener en la picota a alguien a quien lapidar. Si la persona de la que la prensa se ocupa es una persona honrada, proba y respetable, el público se siente aún más satisfecho de verla en el fango, pues ha caído desde más alto. Por su parte, los periodistas no sienten compasión alguna de las personas cuyo nombre arrastran por el lodo y consideran la mentira como una parte más de su trabajo, que llevan a cabo sin darle demasiada importancia, sin pensar en las consecuencias que para otros tendrán y sorprendidos de que, aquellos a quienes calumnian, no se sientan agradecidos por las portadas que les regalan».[2]

Pido a los lectores argentinos que, llegados a este punto, hagan un pequeño alto, cierren sus ojos y evoquen el tratamiento de la prensa (a través de los titulares de los medios y las especulaciones periodísticas de diferente pelaje en cada uno de ellos) y las discusiones en los diferentes foros de Internet sobre un hecho puntual. El asesinato de un adolescente a manos de su novia. La inmensa mayoría de los medios  de comunicación  abordó el hecho de manera casi obscena, mientras que los numerosos casos de femi(ni)cidios que asolan el país se tratan con una liviandad espantosa. ¿Cuál es la diferencia con lo que cuenta Böll en su novela? Una sola. Lo que refiere la novela, está dirigido a un solo medio; UNO solo. Por estos días, el prejuzgamiento, la condena social, la perversión de la historia, con los fines que fuera (y no me refiero en exclusiva al caso mencionado más arriba sino al tratamiento de las noticias en general), no son patrimonio de un medio y ni siquiera del periodismo en general, sino de todos los que, voluntaria o involuntariamente, han contribuido a pervertir cualquier historia reproduciendo noticias falsas sin chequear la fuente, reflotando noticias viejas, maquillando ciertas opiniones y hasta recortando y dando diferentes interpretaciones a cada hecho cotidiano según nuestra propia conveniencia.

Al respecto, no puedo dejar de transcribir algunos jugosos párrafos de un comentario que publica Fedosy Santaella en su muro de Facebook. «Pero eso sí, y este es mi punto, las redes NO son una sala de tribunal ni un patíbulo, o por lo menos no deberían serlo». «…se trata de que la justicia no se hace por las redes sociales, linchando sin más». «No me parece digno que la gente empiece a pedir nombres de los acusados con el fin de lincharlos en las redes. Es peligroso, es delicado. Salir a pedir pronunciamientos justicieros y acusar indiscriminadamente terminará quitándole seriedad al asunto…»[3]. Casi la misma postura que adopta Heinrich Böll en la novela, pero claro, por aquellos tiempos  todavía no existían las redes sociales sino solamente los periódicos.

4. “El honor…” ¿Novela de Tesis? ¿Novela testimonial? ¿Literatura de anticipación?

Volvamos a la novela.

Es el relato de un caso real  y se basa en los datos obtenidos por el autor a partir de la lectura de los expedientes policiales y aquellos que se lograron merced a testimonios tomados por el autor pero cuyas fuentes Böll mantuvo siempre a buen resguardo. Respecto a este libro, en 2015, escribí lo siguiente:

«A pesar de que muchos críticos sostienen que es una novela de tesis, tengo la convicción de que es mucho más que eso. Es una extraordinaria y, hasta ese momento, inédita forma de criticar y denunciar las prácticas del periodismo amarillo y su inmoralidad; una acusación desembozada a la prensa sensacionalista por su falta de escrúpulos y la manía de tergiversar y deformar la verdad no solo para lograr un mayor número de lectores sino con la intención de denostar a hombres que desde el punto de vista moral no resultan para nada cuestionables pero que son una “amenaza” para el sistema con su discurso en contra de la corrupción. En este caso, el periódico criticado es el Bild-Zeitung, a quien Böll durante el desarrollo de la trama denomina inespecíficamente “el periódico” (de manera tal que, la única referencia concreta al Bild-Zeitung es la que realiza antes de la novela) y el que, curiosamente, salió fortalecido de la crítica de Böll ya que llegó a ocupar el primer puesto en cuanto a tirada diaria en Europa y el tercero en el mundo y que, en la actualidad, ha mudado su nombre a Bild».[4]

Como primera acotación, debo decir que tengo la convicción de que, modificando  lo sostenido por el autor en su nota inicial de advertencia, puedo afirmar: «Si ciertos procedimientos periodísticos (y la forma de divulgación de las noticias que se aprecian en las redes) recuerdan los mencionados (en el libro de Böll y criticados en esta nota), el paralelismo no es intencionado ni casual, sino inevitable». Por supuesto, los agregados entre paréntesis al texto original son de mi propia cosecha.

Resulta curioso comprobar que, en alguna medida, Böll anticipa de manera inexcusable, uno de los problemas de este mundo actual en el cual, el corpus social con acceso a Internet, vive hiperinformado y, por supuesto (aunque parezca contradictorio), la mayoría de las veces desinformado pues cada quien cuenta la historia desde SU punto de vista  y no existe ya una versión real de la verdad como elemento tangible. Es como si cada quien fuese dueño de la verdad y no de su verdad. En un momento en que las relaciones sociales se han vuelto más virtuales que reales, puede ocurrir (y ocurre con demasiada frecuencia) que las personas se aparten  del mundo real y solamente mantengan comunicación con aquellos grupos que piensan como ellos. Generalmente, cuando comparten sus ideas, no importa si la noticia que propagan es falsa o verdadera

La posverdad como ejercicio de desnaturalización de la verdad, consigue generar en quienes leen una impresión favorable o desfavorable (según convenga a cada uno) pero casi siempre erradas, de seres  que terminan siendo víctimas de la (des)información. Hoy cualquier medio puede criticar, ofender y destruir socialmente, simplemente porque es lo que conviene al establishment o lo que vende mejor, con el agravante de que cualquier persona que accede a esa información puede difundirla por las redes, muchas veces sin saber a los intereses que sirve.

Entonces, según vemos, la manipulación de la información termina por ser manipulación de la “opinión social” en desmedro de las individualidades. De esta manera, se quebranta la dignidad de personas que ni siquiera pueden defenderse porque ya no poseen credibilidad ante la sociedad en su conjunto que necesita culpables para dormir tranquila.

Vuelvo entonces a mi afirmación el título. La novela, más allá de todas las calificaciones que puedan corresponderle (transgresora, escandalosa, periodística, testimonio, etc.) es pura literatura de anticipación. Es un libro premonitorio sobre el futuro del periodismo que pasó de ser una profesión de gente preparada y dedicada a él, a ser patrimonio de todos y de cualquiera, con lo cual, esa noble disciplina  queda totalmente desnaturalizada.

5. Reflexión final.

Si bien es cierto, todos tenemos derecho a estar informados, los medios serviles a diferentes corporaciones y los habitantes mismos de este inmenso océano llamado Internet, terminan por simular la verdad y crear ideas equivocadas que aniquilan la conciencia no solamente de un grupo sino de toda la sociedad. .

Según mi perspectiva, Heinrich Böll, escribe su “novela‒denuncia” con el fin de combatir esa práctica deleznable y vaya que lo logra. Merced a su tarea narrativa, impecable, termina por crear una de esas novelas que deberían haberse transformado en lectura inexcusable para cualquier lector. Sin embargo, esta sociedad globalizada ha demostrado ser inmune a este tipo de advertencias. La novela se ha ido transformando de a poco en una de esas obras literarias de las que muy pocos hablan y que la mayoría evita pues desnuda sus propias contradicciones. Mientras tanto, cada día más, nos vamos sometiendo a los dictados de las corporaciones y grupos y cada día tenemos menos conciencia individual y social. No hay peor absurdo que el de una sociedad que cree a pie juntillas en todas las noticias que se divulgan en las redes o en los medios masivos de comunicación y, como ya dijo alguien, del absurdo no se vuelve.



[2]El honor perdido de Katharina Blum, Sra. Castro, disponible en el siguiente link:  https://www.solodelibros.es/el-honor-perdido-de-katharina-blum-heinrich-boll/

[3]Santaella Fedosy, red social Facebook, disponible en:  https://www.facebook.com/fedosy/posts/10156126522664433

[4] Heinrich Böll y "El honor perdido de Katharina Blum". (A treinta años de la muerte de Heinrich Böll), Antonio Cruz, Revista Tardes Amarillas, N° 18, Segunda quincena de agosto de 2015. Disponible en http://www.tardesamarillas.com/index.php?option=com_content&view=article&id=213:antonio-cruz&catid=19:resenas-de-libros&Itemid=10 

 

 Lecturas recomendadas.
1- El poder de la verdad. Discurso de Luisa Valenzuela en la inauguración de la FILBA 2017
2- Qué es la "posverdad", el concepto que puso de moda el "estilo Trump" en Estados Unidos (BBC Mundo)
3- El concepto de "posverdad": una nueva mentira. Editorial Revista Topía Agosto/2017
4- La posverdad, Pablo Boczkowski, en Revista Anfibia
5- Contra la posverdad y a favor del periodismo (de verdad), Jorge Tirzo en GATOPARDO