Toño 2

 

 

LA NOVELA DE RAMÍREZ

Antonio Cruz

Director de Tardes Amarillas

 

La Cabeza de Ramírez

Juan Basterra

Ed. CONTEXTO (2017)

171 páginas

Si bien he sido un lector apasionado desde mi más lejana infancia (suelo repetir que mi padre más que juguetes, me regalaba libros y probablemente muchos de quienes leen mis comentarios ya se cansen de tanta cantinela) con la novela histórica argentina  tuve una relación cambiante y ciclotímica que marcó mi vida de lector. Recuerdo que las primeras obras de carácter (hasta cierto punto) histórico que leí, fueron aquellas que tuvimos que leer en la escuela secundaria. Los primeros textos narrativos relacionados con la historia nacional que recuerdo haber leído fueron “El matadero” de Esteban Echeverría (en realidad un cuento) y "Amalia" de José Mármol. Recuerdo otras lecturas pero creo que no se adaptan al concepto de “histórica” al que quiero referirme ahora. Después vinieron otras lecturas. En la juventud, con la militancia, alterné la lectura de los textos de mi carrera universitaria con libros de política, táctica y estrategia, filosofía, y hasta de sociología. No obstante, recuerdo de esos tiempos convulsos, algunos títulos que, a ciencia cierta no sé si pueden ser catalogadas como “novela histórica” pero si así no fuera, su poética no las aleja tanto del concepto.  Destaco “La vida de Juan Manuel de Rosas” de Manuel Gálvez y dos novelas que, si bien no son propiamente novelas, no dejan de serlo por la forma en que fueron escritas “Alejandro de Macedonia” e “Historia de las cruzadas “ de Harold Lamb. Más cercano en el tiempo recuerdo “La revolución es un sueño eterno” y “The farmer” de Andrés Rivera entre varias otras que no enumero para no resultar pesado. 

He leído (y hemos leído con los chicos de la revista), “La cabeza de Ramírez” del chaqueño Juan Basterra. Debo decir que esta lectura me sirvió para confirmar las virtudes literarias de este platense/chaqueño. Apenas unos días antes había leído su “Tata Dios” y resultó una lectura provechosa y muy atrapante. 

La primera cosa que resalta en la obra de Basterra es que sus virtudes en el manejo de la palabra escrita, le permiten entrelazar con soltura, la rigurosidad de los datos históricos con el ritmo ágil y atrapante que debe tener toda buena narrativa. Hay un elemento que debemos tomar en cuenta. Basterra (y algunos de los amigos que le rodean y que no menciono por pudor) es un auténtico intelectual. Sin alardear con sus conocimientos, me ha demostrado a lo largo de varios meses, que ha leído mucho y que sigue leyendo con igual fruición y sin descanso. Y, como bien dicen los que saben, para ser (y parecer) un buen escritor, un requisito indispensable es ser, haber sido y seguir siendo un lector aplicado. No soy el único que piensa esto. José Gabriel Ceballos (otro buen escritor del NEA), sostiene en el prólogo de la novela lo que transcribo a continuación:

«Aquí va una clave no menor para entender la posesión de dichas herramientas: antes de pretenderse escritor, Basterra desarrolló una larga, concienzuda y profunda “carrera” como lector. He conversado con él en más de una oportunidad; es un gusto charlar de literatura con alguien que ha leído tanto y con tal esmero. Una pasión semejante, cimentada en los clásicos pero siempre  atenta a la evolución de toda la literatura, hasta la más contemporánea, obviamente potencia la aptitud creativa. No  existe mejor taller literario que el de una lectura intensa, analítica y cotidiana. Basterra escribe asistido por esa lucidez que otorgan las bibliotecas bien consumidas, bien digeridas, con un espíritu de disfrute pero también de evaluación constante. Esto, claro, se traduce en una rigurosa autocrítica a la hora de crear.»

El autor, supongo, de manera intencionada e intuitiva al mismo tiempo arma cada frase, cada fragmento de su novela con sólidos fundamentos ―Su profundo y exacto conocimiento de cada acontecimiento histórico (su documentación es abundante) ―a lo que le agrega su talento narrativo. El resultado es una construcción sólida, atractiva y, sobre todo, de lectura amena y atractiva. La descripción del paisaje y el retrato de cada uno de los personajes tienen un certitud inapelable y los diálogos entre ellos surgen con una facilidad que asombra. LA CABEZA DE RAMÍREZ

Dentro mismo de la novela, hay fragmentos que conmueven por la fuerza narrativa y que, aunque nuestro espíritu lector trate de esquivarlo, nos meten en la piel de cada uno de quienes transitan su vida cuasi ficcional aunque muy verdadera y nos hacen asistir a los hechos descriptos como si fuésemos viajeros del tiempo que hemos retrocedido para observar un instante de la historia argentina.

Ninguno de los sucesos que utiliza Basterra para cimentar su relato carece de veracidad, salvo aquellos propios de la ficción, elemento primordial que diferencia a la historia de una novela histórica.

En algunos tramos de la novela, la lectura me obligó a buscar en otras obras anteriores uno de los mayores aciertos narrativos que posee este libro, el manejo del tiempo. La analepsis, es decir, el manejo de las “escenas retrospectivas” (también conocida como “flash-back, sobre todo entre los cineastas) no es un recurso fácil, pero cuando el autor acude a ella y la maneja con cierta soltura, resulta un elemento de enorme importancia a la hora de atrapar al lector con el desarrollo de la trama. Yo la había descubierto en la literatura cuando leí “La muerte de Artemio Cruz” del mexicano Carlos Fuentes pero la pude apreciar en su mayor dimensión en el cine con la famosa trilogía de Bourne, aquella obra monumental en tres capítulos que se basara en la novela “Identidad desconocida” de uno de los maestros de la literatura de espionaje: Robert Ludlum. Pero si creemos que la novela es una serie de historias relatadas con pericia, nos equivocamos demasiado. También arroja luz sobre cierto período de la historia de nuestra patria que permanece oculta para la gran mayoría de los argentinos. Al respecto, José Luis Cutello afirma:

«Como en su primera novela “Tata Dios”, Basterra se encarama sobre las comprobaciones de la historia, en este caso las guerrillas internas entre las Provincias (des)Unidas del Río de la Plata en el siglo XIX. Desde ese lugar, trabaja la compleja relación entre territorios y caudillos, en una época (las primeras décadas tras la Revolución de Mayo) en que los caudillos representaban, en sí mismos, la tierra y la patria.»… «El autor reconstruye con pericia los instantes a los que no llegan las certezas de la historia: diálogos, intimidades y especulaciones que hacen que “La cabeza…” tenga páginas de literatura muy felices.»

 

En síntesis, una excelente obra que contribuye de manera ineluctable a la confirmación de la existencia de la “novela histórica” y que merece ser leída por todos quienes amamos la ficción y la historia.

Me he guardado para el final una reflexión. Me asusta sobremanera, como los escritores del interior de este país, tienen que remar para conseguir reconocimiento, mientras muchos de los autores de la gran metrópoli del Río de la Plata, consiguen ser editados y difundidos de manera más accesible.  ¿Será por el famoso dicho «Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires»?