Osvaldo Marzal 

 

 

    "Tata Dios": entre la historia y la no ficción

Por Osvaldo Mazal

 

"Tata Dios", la novela de Juan Basterra (Resistencia, Editorial ConTexto, mayo de 2015) narra una masacre de "gringos", cometida en Tandil el primero de enero de 1872 por un grupo de gauchos soliviantados por el discurso apocalíptico del santón Solané. Comparto las consideraciones de Miguel Ángel Molfino, que en su comentario inicial a esta novela de Basterra aventura una hipótesis sobre la tradición en la que se inscribe: la gauchesca, Borges y Bioy Casares. Líneas que serían identificables en la precisión del discurso y la rigurosidad de las metáforas, y también para mí en el trabajo con la coloquialidad que conlleva el estudiado anacronismo que abarca con distintos niveles de lenguaje tanto el discurso del narrador como los de los personajes.

Yo añadiría a lo dicho la "no ficción", quizá como registro genérico dominante. Aunque el narrado no sea un hecho contemporáneo sino alejado en el tiempo, por lo que obviamente a lo primero que uno tiende con "Tata Dios" cuando pretende ubicarla en la grilla de los géneros, sea a denominarla "novela histórica", y pasar a otra cosa. En principio, y aceptando esa inscripción genérica, en ese sentido "Tata Dios", que pretende respetar en términos globales la información que surge de los datos históricos disponibles, tiene frente a sí la habitual opción de hierro entre ese respeto a la secuencia de hechos que surge de los documentos de época, y la necesidad de constituirse simultáneamente en una historia atractiva y un objeto estético.
Y digo que "Tata Dios" construye la historia y la organiza estéticamente a la manera de la no ficción, quizá no tanto a partir de un análisis riguroso sino más bien por una sensación. Primero por el ritmo. La exposición de los hechos, que salvo el capítulo 1 en el que se "anticipa" el funeral se da luego de una manera esencialmente cronológica, va marcando con un pulso sostenido la evolución de los acontecimientos hacia la masacre, con las retrospecciones y comentarios del narrador estrictamente indispensables para rastrear causas y orígenes históricos, sociales y psicológicos de las acciones, y descripciones ajustadas de los personajes. En casos como éstos, cuando uno conoce al menos por la solapa o por el prólogo el final de la secuencia de acontecimientos, lo más importante ya no es Qué se cuenta, sino Cómo se lo cuenta. Esta narración, que intenta ser rigurosa como un reloj y equilibrada como una balanza, cumple con esas expectativas del lector.Tapa Tata Dios
Por otra parte, al terminar de leerla me preguntaba por algo así como lo que podríamos llamar la totalidad de este texto, y allí me apareció una imagen, la de la experiencia de Truman Capote durante la escritura de "A sangre fría". Recordemos, Capote que como periodista/novelista investigó ese asesinato de toda una familia campesina de Kansas, se metió en el barro de esa realidad, y entrevistó tanto a los vecinos del pequeño pueblo como luego a los dos asesinos. Con eso después construiría "A sangre fría".
Enseguida me imaginé a Juan Basterra conversando -por medios ilícitos para una novela histórica, digamos, quizá más propios de una secta espiritista- con los espectros que generan y sufren las acciones de su novela (recordemos, la masacre narrada sucedió en 1872), y buceando así en los rencores del Santón Solané y de su secuaz Jacinto Pérez, en la indiferencia o los temores del juez Juan Figueroa y el coronel Benito Machado, o en la ignorancia y los prejuicios de los "Apóstoles" de Solané. También supe entrever a Basterra que caminaba alucinado por las veredas de Tandil y las chacras donde tronó ese delirante escarmiento contra los gringos. Y lo pensé a Basterra quemándose los ojos al leer la gauchesca y otros libros de época hasta el cansancio, para sumergirse en su lenguaje. De todos esos fantasmales relevamientos de los hechos y sus circunstancias vi surgir la verosimilitud de los numerosos diálogos, la pertinencia de las austeras descripciones de la interioridad de sus protagonistas, necesarias para construir sus determinaciones y motivaciones (destino, dirían los griegos sin mayores escrúpulos). Hasta creí percibir de dónde brotaban ciertas metáforas y comparaciones y antítesis y figuras varias, que parecen venidas de esos tiempos de dureza y laconismo, y que quizá parafrasean textos ya perdidos de hace un siglo ("Sabía muy bien que la leyenda debe preceder al hombre como el grito al combate", "No se lo aconsejaba el orgullo sino la prudencia. Pensaba que era mejor recibir que ser recibido", "...andan como el ñandú a las corridas mostrando el culo", "...tenía mucho más para callar que para contar").
Por todo eso, prefiero hablar de esta novela de Juan Basterra en términos de una saludable mezcla de novela histórica y de no ficción, que nos hace sumergirnos con la sensación de actualidad que correspondería a un hecho contemporáneo, en la masacre centenaria y rescatada del olvido por Basterra, con precisas dosis de historia, de sangre y de lenguaje que desafían a leerla de una sola sentada.

 

Osvaldo Mazal nació en Posadas, Misiones, en 1955. Se recibió de Ingeniero Civil en la UBA y de Licenciado en Letras y Magister en Semiótica Discursiva en la Universidad Nacional de Misiones. Actualmente es Profesor de Teoría Literaria en la UNaM. Publicó Mundos-Diálogos-Silencios, (Coedición Libros de Tierra Firme y Editorial Universitaria de Misiones), que mereció el 2° Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes, y participó en varias antologías de poesía. En 1993 y 1996 le fue otorgado por la ciudad de Posadas el Premio Municipal de Letras "Arandú", primero como autor inédito y luego por la obra editada. Como productor y conductor de programas radiales, entre los años 1994 y 1998 recibió cuatro premios Martín Fierro, otorgados por APTRA en el rubro cultural-educativo para el interior del país, por su programa literario De Cronopios. Darwin poeta (Buenos Aires, Aurelia Rivera Libros, 2016) es su primera novela, que obtuvo el 1° Premio de Novela del Fondo Nacional de las Artes en el año 2014.