Toño 2

 

 

    

DISTANCIA DE RESCATE. LOS MISTERIOS DE LA BUENA LITERATURA

Antonio Cruz*

 

Ya casi terminaban mis vacaciones cuando pude leer “Distancia de rescate” de Samanta Schweblin.

Desde las primeras líneas, la nouvelle de Schweblin, quien ya me había sorprendido con su “Pájaros en la boca”, me atrapó sin remedio y me llevó a una lectura rápida y sin pausas lo que me permitió leer el libro en algunas horas. Bajo el impacto de la primera lectura, aproveché mi última noche de estadía para releerla.

Cuando conversamos con la persona que me lo había prestado, me preguntó cuál había sido el mayor impacto. Respondí que, más allá del lenguaje ―tengo la convicción de queSchweblin es, según mi punto de vista, la mejor narradora argentina de estos tiempos ―, me había conmovido la capacidad para referirse a un tema que me es cercano (quienes me conocen un poco, saben de mi compromiso con el medio ambiente y, por sobre todo, mi profundo rechazo a la contaminación ambiental sobre todo, por el uso del gliofosfato, sustancia tóxica que envenena poblaciones enteras) de manera tan oblicua como directa ―parece contradictorio ¿no?―. 

DISTANCIA DE RESCATE

 

Me dio la impresión que esa arista (lenguaje solapado vs. lenguaje directo) que suele entorpecer nuestro desempeño a la hora de escribir pero que Schweblin maneja con enorme soltura, no había sido percibida por mi interlocutora o probablemente a ella la sacudieron más otras cosas ―la relación madre/hijo en circunstancias extremas es un tema harto difícil―. Curiosamente, al regresar a la rutina diaria, leyendo diferentes opiniones acerca de esta pequeña joyita de la narrativa argentina, me doy con esta opinión: En la página web Los InRocKuptibles Malena Rey comienza su reseña de este libro con las siguientes palabras:

«Resumir o glosar el argumento de Distancia de rescate en pocas líneas es una tarea difícil que se vuelve innecesaria. Puede decirse que es una novela sobre la estrecha y conflictiva relación entre las madres y sus hijos pequeños, y estaríamos en lo cierto. También podríamos afirmar que esta es una historia de terror, un relato asfixiante sobre la transmigración de las almas, y no estaríamos mintiendo. O podríamos arriesgar que se trata de una de las primeras novelas argentinas en ocuparse del campo como escenario en el siglo XXI, de la transformación de ese espacio verde y bucólico de los siglos XIX y XX en pesadilla agrotóxica, y no sería tan errado».(1)

Por su parte, en sintonía con esta idea, alguien que firma sus “autopsias literarias” como El Dr. Motosierra, sostiene:

«El campo ha cambiado frente a nuestros ojos sin que nadie se diera cuenta. Y quizá no se trate solo de sequías y herbicidas, quizá se trate del hilo vital y filoso que nos ata a nuestros hijos, y del veneno que echamos sobre ellos. Nada es un cliché cuando al fin sucede.

Distancia de rescate sigue esta vertiginosa fatalidad haciéndose siempre las mismas preguntas: ¿Hay acaso algún apocalipsis que no sea personal? ¿Cuál es el punto exacto en el que, sin saberlo, se da el paso en falso que finalmente nos condena?

Samanta Schweblin ha escrito un relato extraordinario e hipnótico, urgente y perdurable, que logra mantenernos inevitablemente atrapados y sumergirnos en un universo ficcional estremecedor».(2)

De lo anteriormente expuesto, puedo decir con cierta autoridad (la que le compete a un lector compulsivo que carece de formación académica) que la cuestión de fondo, no solamente aborda la relación entre madres e hijos sino también cuestiones más amplias, ligadas a la naturaleza y al impacto que, como género, vamos dejando en su estructura con los consabidos peligros para la humanidad toda.

La conversación no terminó allí. La siguiente cuestión, era discernir si la novela era un thriller o una novela de terror o qué. En realidad, quizás por mi formación como un lector amante del cine, no como escritor (esa condición pasa a segundo plano en este momento), a mí me quedaron muchas dudas. Si bien, el nudo principal de la historia es un misterio, no cumple con la condición básica de resolverlo tal como ocurre en el thriller cásico pero tampoco me pareció que fuera de terror pues creo que el objetivo de Schweblin (al menos el que yo vislumbro) no es generar miedo o susto. Ella va mucho más lejos. Sin embargo, esta cuestión “genérica” ―por llamarle de alguna manera ―, no opaca para nada el despliegue de la pericia narrativa de la autora. Por el contrario. Probablemente, esta hibridación entre el terror, el suspenso y el thriller es quizás, el mayor acierto narrativo ya que propone al lector, múltiples lecturas e interpretaciones. Y eso no es poca cosa.

De cualquier manera, más allá de estas especulaciones ―que no dejan de ser eso: especulaciones ―, lo que sorprende es la agilidad de la lectura y la forma en que encubre la idea central para despertar un interés parejo a lo largo de todo el libro.

Al respecto, no puedo dejar de mencionar un concepto que leí en otro sitio Web que, creo, define de manera exacta mi forma de pensar.

«… vale la pena recalcar el dominio total que ahora ejerce Samanta Schweblin sobre su prosa, con un temple mayor a sus anteriores libros pero con la frescura que distingue en la mayoría de sus cuentos. Lejos de tiempos anteriores donde se privilegiaba la canonización de novelas totales, estamos en una época donde acaso las grandes obras están siendo escritas en formatos más bien menores, con intenciones más bien humildes. Es en este terreno donde podría inscribirse Distancia de rescate, entre las novelas cortas que requieren de muy pocas páginas para mostrar una profundidad insólita».(3)

Por último, me gustaría dedicar algunas líneas al lenguaje narrativo de Schweblin. En este preciso momento, recuerdo de manera exacta una descripción que realizara el español David Pérez Vega (un especialista en la reseña literaria) en la cual, si la memoria no me juega una mala pasada, él describe la narrativa de la autora como «(algo) más cercana al realismo… (con un estilo) seco, directo y contundente».

Por supuesto, David tiene mucha más autoridad que yo en este territorio; sin embargo, me parece apropiado agregar algunos párrafos de mi propia cosecha. Cuando la novela comienza, el lenguaje parece confuso y, hasta si se quiere, no exento de artificios que rondan con el relato fantástico, pero basta avanzar tres o cuatro páginas para sentir que nos están contando algo trascendente y valioso.

Samanta Schweblin, una de las narradoras argentinas contemporáneas más importantes, dueña de una forma de escritura rupturista y novedosa, nos regala una novela que conmueve y que, seguramente dejará una profunda huella en cada lector que lea esta historia.