ACERCA DE LOS EPIGRAMAS

Notas y selección: Mariano Cuevas

 

En diciembre, nuestro director viajó a Resistencia por trabajo. De su regreso, vino cargado de libros, todos valiosos. No obstante, por mis gustos personales, leí con mucho empreño ―no exento de fruición ―, los libros que incursionan en la literatura breve. Me sorprendió mucho Enrique Gamarra quien tiene una larga trayectoria literaria y sin embargo, no tiene la difusión que, humildemente, creo que se merece.
Leí dos libros de él: "Episodios" (que reúne numerosos micro textos compatibles con el minicuento o microrrelato), publicada bajo el sello de Editorial ConTexto ―una editorial chaqueña que apuesta fuerte por la literatura local y regional ―, y "Epigramas" de Editorial Vinciguerra. Es sobre este último libro, sobre el que quiero hacer algunas consideraciones.


En esta época de en qué el minimalismo se ha transformado un poco en la vedette de la palabra escrita, se vive en todos los ámbitos de la literatura, una especie de "volver a las fuentes". Una serie de Géneros o subgéneros ―o como se le quiera llamar ―que en la praxis habían desaparecido, han tomado nuevo impulso. El caso más paradigmático probablemente sea el microrrelato (o minificción, microcuento o minicuento) que se ha transformado en el género más poblado de autores de los últimos años pero no es el único. Entre los libros que uno va descubriendo en este cotidiano devenir en el ambiente de la palabra escrita, me ha llamado la atención ver (sobre todo en las redes sociales) la promoción y difusión de libros de algunos tipos de escritura como el haiku (que ha renacido desde el olvido), los aforismos y los epigramas.
Del latín epigramma que, a su vez, procede de un vocablo griego que significa "sobrescribir", se denomina epigrama a aquella inscripción que se realizaba generalmente en piedra (aunque también podía ser en metal u otro material). Originada en la antigua Grecia como una inscripción dedicatoria, más tarde, también tomó la forma de poesía breve que, con agudeza, expresaba un pensamiento principal.
Según he podido investigar (aclaro que la mayoría de los conceptos que verteré en este pequeño escrito son tomadas de numerosas páginas de Internet, de manera casi anárquica) en la antigua Grecia se podía encontrar este tipo de textos en las puertas de los edificios, en la parte superior de los mausoleos y hasta en el pie de estatuas y monumentos. Con ellos se conmemoraba un suceso de la vida de personajes importantes con el objeto de que no se olvidara las acciones que realizara en vida. En alguna medida, era una forma de búsqueda de la eternidad.
El epigrama ha adquirido diversas formas en distintas épocas de la historia de la historia de la literatura. En el Renacimiento quienes los cultivaban trataban de imitar a los clásicos y generalmente se escribían en latín o griego.
No obstante, como también se practicó como forma de escritura en España, el castellano tomó la forma de dos redondillas con rima independiente. (Una redondilla es una estrofa de cuatro versos octosílabos, de rima asonante o consonante según el esquema abba).
El epigrama alcanzó una gran difusión en el Siglo de Oro. Quevedo, Góngora y Lope de Vega lo modificaron. Durante el modernismo Martí y Rubén Darío también lo cultivaron.
A vuelo de pájaro, podemos decir que el epigrama se caracteriza por su extrema brevedad, su carácter satírico y además porque, casi siempre, es muy ingenioso.
Es menester reconocer en este punto que los temas a que alude el epigrama son muy variados e incluyen las más diversas cuestiones que indican las preocupaciones de las diferentes épocas.
Más adelante en el tiempo, la denominación de epigrama se extendió a cualquier poema ingenioso que, por su corta extensión, pudiera entenderse como un rótulo o una expresión breve.
Desde comienzos del siglo V a. C., y lejos de mantener un estricto lazo con su significado original, los griegos diluyeron cada vez más los límites del término, permitiendo su uso para identificar cualquier frase que tuviera un carácter punzante o agridulce, sin importar su forma, sin necesidad de que rimase o de que respetase una estructura rítmica determinada.
En la antigua Roma, el género fue cultivado con entusiasmo aunque es menester resaltar que, la versión latina, retuvo la estructura inicial, desarrollada en Grecia, aunque se le dio una mayor importancia a la intención, y sus rasgos lo emparentan más con el epigrama moderno.
Entre otros reconocidos escritores, Jonathan Swift, Alexander Pope, Voltaire, cultivaron este tipo de escritura. Entre los escritores de habla hispana podemos mencionar al argentino Oliverio Girondo, los españoles Camilo José Cela y Jaime Gil de Biedma y el nicaragüense Ernesto Cardenal.
Resulta interesante señalar que a lo largo de la Edad Media, el período de Juan de Iriarte equiparó a los epigramas con abejas, al sostener que son "pequeños, dulces y punzantes".

 

EPIGRAMAS DE ENRIQUE GAMARRA

 

TAPA EPIGRAMAS

  

Me lo enseñaron las estrellas: Todo lo que brilla tiembla.

 

El pasado no existe, el presente siempre está en fuga, el futuro no termina de llegar. ¿Qué queda?

 

Se cuenta que cierto personaje ilustre recibió en una sesión del Congreso un papel con una sola palabra: "imbécil".

Qué extraño ―comentó en voz alta ―. Es la primera vez que recibo una nota solo con la firma.

 

Anotaba en un cuaderno todo lo que debía olvidar. Finalmente, fue lo único que recordó.

 

En un juicio, una de las partes mostró al juez un billete.
Dijo el juez: Este tiene la razón. Pero la otra parte le enseñó dos billetes. El juez dijo entonces: Sin embargo, este otro tiene más razón.

 

La sabiduría no tiene nada que ver con el conocimiento. El hombre más sabio que he conocido era analfabeto.

 

El español es un idioma extraño. Con el nombre de los primeros seres define la condición humana. Adán es anagrama de Nada y Eva, de Ave.

 

Tan virtuosa era aquella mujer que nunca quiso escuchar una verdad desnuda.

 

Hay victorias que duelen más al vencedor que al vencido.

 

Un hombre habló, gesticuló y alzó la voz. El sabio guardó silencio. El otro volvió a hablar en idénticos términos y ahora el sabio sonrió. Entonces, el primer hombre se retiró, furioso. Comprendió que había perdido la batalla.