MICRORRELATOS DE DAVID LAGMANOVICH

Nota biográfica y selección de textos: Verónica Sotelo

 

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David Lagmanovich (Nicolás Bruzzone (Pcia. de Córdoba, Argentina)- Tumán Argentina, 2010) fue un crítico literario y escritor argentino. Como investigador en el campo de la microficción contribuyó a sentar las bases críticas del género delmicrorrelato con importantes obras como El microrrelato. Teoría e historia (2006) y La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico (2005).1Como escritor publicó, entre otras, La hormiga escritora (2004), Antología del relato hispánico (2005) y Los cuatro elementos (2007). Casi el silencio, Menos de 100 e Historias del mandamás y otros relatos Doctor en Literatura por la Georgetown University, además de su labor de crítico y escritor, fue docente en distintas universidades en Argentina, Estados Unidos y Alemania.

Los ojos

Estoy harta de sus críticas. Lo que más irrita a mis compañeros de excursión es la mirada que me atribuyen: murmuran que observo todo en derredor, que no dejo de percibir ningún movimiento de ellos, que no se me puede sorprender, que mi nerviosismo es extremo y que todo me entra por los ojos, esos ojos que ellos sienten como una amenaza que les impide toda intimidad. No los culpo: yo también, a veces, querría tener otros ojos. Pero todas las moscas somos así.


La mano
No la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada. El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con ella. Luchar contra los infieles ya no, pues necesitaba la fuerza de las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Duque de Béjar?¿Protegeria este alto señor al desconocido soldado Miguel de Cervantes? Nada se perdía con probar.

 

Pensaba sancho
Concluido el ciclo de sus aventuras, mientras el buen Quijano yacía en espera de la muerte, pensaba Sancho que tanto esfuerzo no debería ser en vano. Se decía: "¿Por qué no habría yo de continuar las hazañas del ingenioso hidalgo? No me lo impiden cuestiones de sangre, pues mi amo me enseñó que cada uno es hijo de sus obras. ¿Osaré proseguir su obra? Tal vez algún historiador futuro hablará de la primera salida de Sancho, el sucesor de don Quijote. Si no fuera tan difícil adelgazar...".

 

El frío
Los estúpidos se mueren de frío. Literalmente. La nieve está sembrada de cadáveres. Mis oficiales no son mucho mejores. Noto en ellos el mismo miedo, la seguridad de la derrota. Si los enemigos fueran superhombres, lo entendería. Pero los míos no temen a los hombres: le temen al frío. He comenzado a pensar en una retirada. Me equivoqué con ellos, y sólo ahora veo la razón: son incapaces de soportar variadas penurias, como en cambio lo aprendí yo en mi desolada niñez en Córcega.

 

Noches y días
Los microrrelatos no sentimos ni frío ni calor; no nos aqueja el hambre ni experimentamos la saciedad. En cambio, percibimos agudamente los días y las noches. Tal vez esto se explique por la importancia que tiene la luz para nosotros. En nuestra imperfecta fisiología, la luz está asociada con la claridad de la expresión; si alguna vez conseguimos lograr la belleza, ese momento mágico se une a una explosión de luminosidad. Desgraciadamente, lo contrario es también cierto: detestamos la oscuridad y la asociamos con la expresión deficitaria, la que fastidia o aburre a nuestros mejores lectores. De noche apenas si respiramos, pero la luz del alba nos devuelve nuestra plenitud.

 

Vicisitudes del texto
Una noche el texto se removió con furia, y las contorsiones hicieron cambiar su equilibrio interno. Los párrafos se alteraron, muchos diacríticos sollozaron con desesperación, y el interlineado comenzó a expandirse, víctima de una hinchazón infinita. Por la mañana, cuando el escritor volvió al texto para una revisión definitiva, cada uno de sus habitantes estaba sentado en el margen con aire desolado y ojos enrojecidos. Uno se deslizó hacia la nota a pie de página más próxima, pero fue expulsado por un par de referencias bibliográficas enfurecidas. Meneando tristemente la cabeza, el escritor constató que no faltara ninguna de sus ideas, y ellas en efecto estaban allí, aporreadas pero reconocibles. Las limpió del barro circundante, las depositó con cuidado al alcance de la vista, y reflexionó: «Es difícil darles libertad a mis textos. Alguien debería enseñarles la diferencia entre libertad y libertinaje». Minutos más tarde estaba tecleando a toda velocidad.

 

Ruptura
Me dices que estás harta de mí, que ya no puedes soportar mi presencia ni mis palabras, que quieres tu libertad y, en consecuencia, que me abandonarás para siempre. Sea, pero suponiendo que todo eso sea cierto ¿cómo es posible que el otro a quien ahora dices querer sea mi fiel copia en carbónico, alguien cuyo único rasgo notorio es parecerse a mí?

 

La fotografía que ilustra esta nota fue tomada de Ruta Norte Laguna http://rutanortelaguna.blogspot.com.ar/