ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA - Jorge Rosenberg

 

JORGE ROSENBERG

 

Jorge Rosenberg nació en 1948 en Santiago del Estero. Licenciado en sociología, su primer libro de poemas La pelota de la luna fue publcado en 1987. Posteriormente publicó el poemario La siesta (1999) y numerosas recopilaciones de sus viñetas publicadas cotidianamente en un matutino de Santiago del Estero con el nombre El Zoco de la Buri Buri (Estampas de la vida santiagueña). En 2015 publicó su libro de microtextos Mis anotes. Impulsó la reedición en forma fascimilar los nueve nmeros de la mítica revista La Brasa. Entre otras funciones, due Director de la Biblioteca Nueve de Julio y también se desempeñó como Subsecretario de Cultura de la provincia. Su obra ha sido ampliamente difundida en medios gráficos y virtuales de Argentina y otros países. 

 

La pelota de la luna. 25 poemas (1987)

 

POR DONDE YO VOY CAMINA MI PASADO

Por donde yo voy camina mi pasado,
La vida corre vertiginosamente al revés
No hay rastros de tiempo intermedios,
Vuelve el silbido del afilador sobre la siesta dormida,
Vuelve mi padre visto de atrás,
Sombra constante de mi pensamiento,
Esmeralda sin sentido;
La primera sonrisa de mi hija
Abriendo la ventana de mis días

Registro diariamente dos momento sublimes,
El se esa belleza y el de mi muerte.

 

RECUERDO

En un lugar de un campo de Antajé
existe un olvidado cerco que se parece a mí.
por las noches, en la liquidación del verano,
veo los hijos del dolor,
entre las estrellas iluminadas de ausencia,
y el trueno, el infundado trueno
que nota mi pesar.

Un bobadal celeste
que regala la siesta
junto a un pájaro mojado
que no puede volar.

Soy santiagueño por atardecer,
enjuto tordo de plumas empapadas,
cerca, muy cerca del brocal del mundo,
en los suburbios de La Banda,
y lejos,
muy lejos de mi.

 

SAMOVAR
                               (A mi padre, in memoriam.)

El anciano junto a un samovar
en la noche estrellada,
camina por el corredoir de su casa
de la Besaravia tremenda;
lleva en sus ojos la duda,
soñó que engendraba un hijo que fuese igual a él
y se lo llevaba la revolución;
el otro había partido para América
arrastrando la tormenta de vivir.

Hombre ruso junto a un samovar,
confundido entre el poder y las estepas,
medita sobre la Torá con los ojos en lágrimas,
eras el padre
del padre
de mi padre
del que se vino a América para quemarse vivo.

Puedo verte esta noche
a ciento ochenta años de tu blusa litúrgica;
sigue limpiando tu pipa,
temeroso del cielo,

que el ángulo de sombra
que forma un follaje sobre la tumba de mi padre
se parece a un samovar;
o al rastro que dejaron unas botas enormes
en la nieve de un portal
cuando un judío se inclinaba para mirar a Dios.

 

OTROS TEXTOS

 

LA MUERTE DE UNA SOLA MEDIA

Se quedó colgada
de uno de los barrales
de una cama de dos plazas.
Del lado derecho más precisamente,
en medio del más crudo invierno
de este siglo.
Colgada
con un abismo que la amenazaba
desde un piso helado y muy frecuente.
Ya sin par
porque la otra media, que le correspondía
había quedado extraviada en un trayecto.
Un cenicero repleto le servía de monumento.
Un sentimiento jubiloso le oficiaba de corazón
y por un patético agujero de su lana
huía, desconsolado,
para siempre, el amor.

 

DECLARACIÓN DE AMOR

Camino por la calle de los enmascarados
voy a amar a una mujer
que guarda en su corazón
una torcaza estrangulada.

De formas y momentos
que de ella desaparezcan
cuando caiga la noche
se habrá derrumbado para siempre la patria.

Si la inolvidable memoria detuviera sus pasos
y sin gorrión el viento norte
haga volar la cabeza de un amigo poeta
y la palabra herida convierta la metáfora en traición
se habrá derrumbado para siempre la patria.

Ya quebrado el leño enorme
que alumbraba la otredad
en el desierto rojo de sus ojos invictos
habré perdido mi patria
habré perdido mi amor.

Si de repente el viento
con el recuerdo y la distancia

torne imposible y no pueda copular.

Si mis pasos sean un remolino
en la calle de los enmascarados
y no pueda llegar a ese cuerpo de mujer
por deslumbrar su corazón
se habrá derrumbado para siempre la patria.

Aunque estos versos
emerjan de la tortura de un sueño espantoso de una noche
sirva ésta como última forma de vivir,
para decirle en silencio que la amo.