SEIS FÁBULAS FANTÁSTICAS DE AMBROSE BIERCE

 

PORTADA BIERCE

Los dos políticos
Dos políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.
–La recompensa que yo más deseo–dijo el primer político– es la gratitud de mis conciudadanos.
–Eso sería muy gratificante, sin duda –dijo el segundo político–, pero es una lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.

Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el primer político murmuró:
–¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recompensa, démonos por satisfechos con lo que tenemos.
Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satisfechos.

 

El león y la espina
Un león que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un pastor, le pidió que se la extrajera. El pastor lo hizo, y el león, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:
—Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.
Al oír esto, los otros leones honorablemente se abstuvieron, y el que habló se comió él solo al Pastor.

 

El lobo y el cordero
Un cordero perseguido por un lobo buscó refugio en el templo.
–Si te quedas ahí, el sacerdote te atrapará y te sacrificará –dijo el lobo.
–Me da igual ser sacrificado por el sacerdote o devorado por ti respondió el cordero.
–Amigo mío –dijo el lobo–, me apena ver cómo consideras una cuestión tan importante desde un punto de vista meramente egoísta. No me da igual a mí.

 

El hombre que no tenía enemigos
Una Persona Inofensiva que paseaba por un lugar público, fue atacada por un Desconocido, con un Garrote, y severamente golpeada.
Cuando el Desconocido con un Garrote fue sometido a juicio, su víctima dijo al Juez:
–Ignoro por qué me atacó; no tengo un enemigo en el mundo.
–Esa –dijo el acusado– es la razón por la que lo golpeé.
–El prisionero queda absuelto –dijo el juez–; un hombre que no tiene enemigos, no tiene amigos. Los tribunales no se hicieron para esta gente.

 

El secreto de la felicidad
Habiéndose enterado por obra de un ángel, que Noreddin Becar era el hombre más feliz del mundo, el Sultán ordenó que lo trajeran a palacio, y le dijo:
–Impárteme, te lo ordeno, el secreto de tu felicidad.
–Oh, padre del sol y de la luna –respondió Noreddin Becar–, yo no sabía que era feliz.
–Ese –dijo el Sultán– es el secreto que yo buscaba.
Noreddin Becar se retiró profundamente afligido, temiendo que su recién descubierta felicidad lo abandonara.

 

El canguro y la cebra
Un Canguro que marchaba a los saltos con un objeto que abultaba oculto en su bolsa, se encontró con una Cebra, y deseoso de llamar su atención, le dijo: -Por tu traje parece que acabaras de salir de la penitenciaría. -Las apariencias son engañosas -replicó la Cebra, sonriendo con plena conciencia del más insoportable de los ingenios-; si así no fuera, yo tendría que pensar que tú acabas de salir de la Legislatura.

 

bierce ambroseAmbrose Bierce nació el 24 de junio de 1842 en Meigs County, Ohio. Formó parte del ejército de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) y dirigió una expedición militar al oeste. Se trasladó a San Francisco, donde escribió breves e ingeniosos artículos políticos y una columna para el periódico News-Letter. Alrededor de 1868 se convirtió en su editor. Como periodistaalcanzó la fama y el reconocimiento de la mano del magnate de la prensa William Randolph Hearst. En 1872 comenzó a vivir en Londres. Utilizando el seudónimo de Dod Grile, escribió corrosivos artículos y relatos para las revistas Fun y Figaro, que posteriormente se publicaron en la recopilación titulada Telarañas de una calavera vacía (1874). En 1877 volvió a San Francisco, donde prosiguió con su colaboración con el Argonaut, fue editor del Wasp y escribió una columna para el Sunday Examiner, propiedad de Hearst. Entre 1899 y 1913 trabajó para Hearst en Washington, D.C., y se dedicó a revisar sus propias obras.Sus Obras completas se publicaron en 12 volúmenes (1909-1912) e incluyen el Diccionario del diablo, titulado originalmente Diccionario del cínico (1906). La última vez que se le vio con vida fue en la batalla de Ojinaga, en 1914, cuando luchaba a las órdenes de Pancho Villa durante la Revolución mexicana.

 

 

 

Los datos fueron obtenidos del sitio Web Biografías y vidas (La enciclopedia biográfica en límea) y se puede leer en el siguiente enlace: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bierce.htm