Aurora Santiagueña

 

 

 CUATRO MUJERES (Poesía de Santiago del Estero)

 

Conjuro para salvar de la muerte a un niño indio (Betty Alba)

Cae lenta

sobre la yegua blanca

la nube negra

En las entrañas de la cueva,

en el hueco del humo,

en las quijadas azules de la piedra,

cae lenta, lenta, lenta,

sobre la yegua blanca la nube negra.

                           La sangre es como un hilo de lágrima de estrella

                           La sangre es una mano flotando en la niebla

                           La sangre es un ejército de manos que cercan a la yegua.

La piedra negra,

la piedra seca,

el polvo de serpiente de la piedra

ha golpeado al niño indio.

                           Muerte en forma de manos cercan la luz del alba

el niño es una piel de pájaro quemado

la madre es un quejido

y la hechicera tiembla

y la luna se parte

como el cristal de un río…

Sangre de mano oculta huye hacia la tiniebla

deja la yegua blanca

deja la luz del niño

hazte polvo de estrella

vuelve a salir la luna

corre hacia la culebra

y que la vida salte

por las venas

del niño.

                         Por el monte galopa

la yegua blanca

con una estrella. 

 

 

La Casa (Selva Yolanda Ramos)

En este reino mío donde creció mi infancia

con sus mitos de siestas, cedrones y torcazas

en esta casa, digo, donde anduve los pasos

aquellos del pesebre, de los sueños en alto,

yo descubrí el secreto de los panes fragantes

y el canto de los pájaros.

Y tengo en mí las manos que guiaron mis manos

las cuatro azules manos de sangre siempre viva

las que me señalaron la ruta de la estrella

y este divino oficio de ceñir los silencios

con lazos de palabras.

Y tengo en mi encendidos los tiempos del milagro

los del amor primero, los de la patria niña

aquellos del misterio, de la simple alegría

aquellos que confluyen en los brazos del árbol.

Y estoy aquí y ahora con mi ilusión a cuestas

y dibujo nostalgias de sus muros bermejos

y en la higuera que sabe de las tardes celestes

hoy busco la certeza de la antigua memoria

que se fue con el viento.

Hoy vuelvo a mis ancestros, a la raíz del canto

a los duende traviesos que aprisionan ausencias

y rescato el poema que se gestó en sus noches

y al hombre inmemorial de las leyendas.

Yo decreto por siempre la eterna primavera

en este reino mío donde el amor palpita.

Yo decreto por siempre que el amor no se muera

y que se encienda el fuego sin tiempo de la espera.

En este reino mío, donde mi tarde llega

yo fui feliz acaso, con sueños de madera.

 

Mi patria lejos (Clementina Rosa Quenel)

(A mi madre in memoriam)

Parecía más alta

Entre las flores, esa noche.

Era como si fuera mi patria

Lejos.

Qué amapola azul,

qué buey más celeste

con ella,

en las pupilas!

Qué epístolas de herreros

en la verja,

qué solo todo!

Y qué frío el aire

de esa alba,

con las glicinas galopando

al sur de su piel!

Apagamos la lámpara

la novena noche.

¿Cómo detener la tarde?

Pienso ahora

en el paisaje.

En algún ángel suelto

entre los trigos y la ropa.

En dos goteras

de la casa.

Y me acuesto tarde,

con esta tristeza.

Y ella

en el espacio. Lejos.

Patria.

 

Son los ojos de los niños (Blanca Irurzun)


Tiene mi tierra un cielo, un cielo tan claro y limpio

que hombres con toda tarea, sabios, poetas, capitanes de navío,

sorprendidos como nunca a coros, todos han dicho:

que no es justicia prevista, que una tierra pobre y seca

se cubra, con el cielo mas lindo. Pero lo mejor de mi tierra

son los ojos de los niños.

Mi tierra tiene un río, todo un río antojadizo

que si quiere llega al cielo. Breves ansias de arbolito.

Y un salitral tiene vidrio blanco quebradizo

donde los ojos crean, fantasmas de luz y vidrio.

Pero lo mejor de mi tierra

son los ojos de los niños.

Y mi tierra tiene un bosque, gesto verde, verdísimo

con miles de enredaderas, que juegan al escondido

y una llanura tiene, llanura sin infinito…

Que el sol se cansa de andar

por ella, en el día indio.

Pero lo mejor de mi tierra

son los ojos de los niños.

Mi tierra es muy anciana, sus arrugas ya han escrito

en su cara de mujer, cuatrocientos jeroglíficos

y tienen digna de elogios, las trenzas de las mujeres,

todos los cantos dichos. La vidala que le duele

a la queja que es quejido, viruta de emoción dulce

que se envuelve en los sentidos. Pero lo mejor de mi tierra

son los ojos de los niños.


Mi tierra tiene rincones, donde los años vividos,

sazonan cuentos de “zupay” y de mil aparecidos.

Tiene leyenda y por qué para la gracia y el grito.

Pero lo mejor de mi tierra

son los ojos de los niños.

Color cielo, color tierra, color corazón de indio

color silencio sobrado, color angustia de siglos…

color que le duele el alma color que nunca se ha visto,

color de niño sufrido, color de color de Cristo…

lo mejor de mi tierra,

son los ojos de los niños.

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