ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA – Eugenia Páez

Selección de textos y edición: Verónica Sotelo

 

eugenia cara

 

Eugenia Páez (Córdoba, 1972) Poeta friense. También trabaja como docente. En sus trabajos une la poesía junto a las pinturas, entre ellas, la del artista Mex. Trabaja de manera independiente y lleva más de un centenar de libros liberados en distintos lugares de la ciudad donde reside para hacer conocer su trabajo. Actualmente trabaja en el Proyecto: "Poesía para el corazón". En el mismo, los domingos por la mañana interviene Plazas y Comercios de su ciudad. En los días que corren, dicho proyecto se ha ido expandiendo hasta llegar a Bélgica. También es aficionada a la música ya que compuso letras para tangos y chacareras. Participó en Talleres Literarios. Sus poesías viajaron con el Proyecto: "Te regalo un dibujo por día" del artista Luis Paredes y con diferentes músicos argentinos. Ha editado "Entre Peperina y Letras" (2017), obra presentada en la Feria del Libro 2017 de Santiago del Estero. Actualmente se encuentra trabajando conjuntamente a músicos frienses, uniendo poesía, música y baile. Prepara la edición de su segundo libro para 2018.

 

 

SOLDADO.
El musgo y el frío,
parieron al soldado
al ensordecedor ruido de bombas.
Valentía en niebla y luz.
Trincheras de fuego y sangre como hogar.
Piedras, improvisados baúles,
esconden historietas, cartas, fotos y algún chocolate al pasar.
Llovizna, los soldados se persignan,
la fe los abraza y los anima.
Destejen la vida entre los caídos.
De niño a hombre en apenas días.
Alaridos y gemidos,
se apagan muchos sueños.
Escarcha, gangrena,
bombardeo, cascos perdidos.
La noche más oscura
fue cuando ese soldado
acostado en la tierra,
ya no pudo seguir imaginando
que regresarían todos juntos.
Alguien le susurró moribundo
«Necesito volver»
Inmerecidas partidas,
silencio atronador,
fantasmas que se prendieron
en la tierra de sus borcegos.
Alguien los rescata,
pero la gente va y viene
como si nada.

 

MUJERES.
Somos mariposas y libélulas,
despertando en las mañanas,
presurosas por escapar por las ventanas.
Somos los ojos
que hablan a través de las miradas.
Somos romántico otoño
en la inquietud de un verde primaveral.
Somos las primeras y las últimas,
las que se quedaron o desaparecen.
Somos la combinación exacta
de la flecha, el veneno y la manzana.
Somos cuerdas, locas, tercas o sabias.
Somos alondras libres
que se tiñen el alma del sueño
que encuentran en las almohadas.
Somos una entre millones,
idénticas, diferentes o parecidas.
Somos el viento, el sol, el fuego y el agua
que en ti habita.

 

LA PODA
Alondra azul que encierra mi pecho,
Tiembla su voz en golpe seco de poda.
Débil luz defendiendo la alegría
Antes de que le quiebren el sueño.

Canto dulce y triste
En finos hilos de aire.
Pecho abierto de paloma
Envuelve y arropa a su pesar.

Mira las cepas,
Detén tu caminar,
Ellas juegan y hacen al amor brillar.

No hay tiempos para la poda.
En mi cuerpo vive la alondra,
Podar vuelos y podar árboles
Le da tumba en invisible riego ensangrentado.

Anhelo contra el suelo,
primavera en cincel profundo,
Rosal parido en invierno.
Sublime azul,
Que vive en mí besar.

 

LAS MANOS
Mi rosa espera las manos
para acunarlas bajo la luna.
Momentos guardados
en finas líneas de las manos,
teñidas dulcemente,
moliendo granos de café.

El corazón necesita prolongarse
Y bendice con manos que acarician,
cerrándose cuando no se brindan.

Las manos tienen dedos
y tienen alas,
se deslizan cuando trabajan
y escriben emociones cuando aman.

Manos benditas,
manos agradecidas.
Manos de hogueras
piedad de cuerpos
ellas respiran.

Manos que conjugan sustantivos,
que quieren salvarnos de cualquier
frío subterfugio.

Manos abiertas en el vacío.
Cuencos tan próximos.

Las manos emigrantes de palabras.
Manos,
las manos.

 

LA LLUVIA.
Pura, serena y fría.
Bendición del cielo
para mis nostalgias.

Naciente humedad,
profanas suspiros en las ventanas.
Y ahí te veo,
impávida con tu cristalina mirada.
¡Qué locura tan bella
sería ser gota por un instante!

La lluvia me recuerda y abraza.
Ella por amor, se rompe en el suelo.
Entre sus charcos espero
al amor que no viene.

Azucena y azahares
me pondré por collares.
La lluvia está en el pintar.
Como un gran acto de magia
me ilusionó y me ilusiona
con su parpadear.