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   ACERCA DE LA LITERATURA ERÓTICA 

Por Antonio Cruz*

 

Algo que ha despertado muchas polémicas a lo largo de la historia del hombre es el concepto y la definición de literatura. (Como para muestra basta un botón, se me ocurre que no hay persona en el mundo que, en algún momento de su vida no haya pensado o dicho "Eso no es verdadera literatura"). En general, la definición más aceptada o que más adeptos ha reunido, es la que sostiene que literatura son aquellos textos imaginados y creados por diferentes personas y que utilizan la escritura como una manera de formular ideas que interesen a la gente en general y de manera más o menos permanente.

Por tanto, si aceptamos que los textos eróticos son producto de la fantasía de aquellos autores que los escriben, podemos afirmar que, literatura erótica, es un conjunto de escritos que tienen el objetivo de estimular la imaginación de los lectores y que utilizan como recurso literario la insinuación para provocar sensaciones relacionadas con el erotismo. Dichos textos se caracterizan por ser sugerentes acerca de la sexualidad, sin entrar en el terreno de lo explícito y que pueden estar encuadrados en los diferentes géneros (poesía, narrativa, etc.)
En este punto, me parece adecuado hacer algunas observaciones: La primera está relacionada con el término erotismo y su significado. Según el diccionario de la Real Academia Española, erotismo se define como 1) Amor sensual. 2) Carácter de lo que excita el amor sensual. 3) Exaltación del amor físico en el arte. La segunda es diferenciar de manera clara el erotismo de la pornografía que nada tiene que ver con aquel. El mismo diccionario define a la pornografía de la siguiente manera: 1) Carácter obsceno de obras literarias o artísticas. 2) Obra literaria o artística de este carácter. 3) Tratado acerca de la prostitución, mientras que el Word Reference se refiere a la misma como "El género artístico que muestra con detalle escenas de carácter sexual para excitación de quien las contempla". De acuerdo con estas observaciones, podemos sostener que no es lo mismo literatura erótica que literatura pornográfica, aunque en los tiempos que corren, la frontera entre ambas se ha vuelto confusa y existe una gran tendencia en el público lector a confundir dichos términos.
Hecha esta aclaración, es importante resaltar que, el interés por el erotismo es tan antiguo como la humanidad. Desde que la palabra se transformó en un medio para trasmitir ideas, y más aún, desde que la imprenta permitió mejorar y facilitar la misma, la literatura erótica ha estado tan presente como cualquier otra. Desde Bocaccio, autor del Decamerón, uno de los clásicos de la literatura erótica, Dante o Chaucer, pasando por el Heptamerón de margarita de Valois, DH Lawrence, autor de El Amante de Lady Chatterley, que data del año 1928 y que es considerada una de las joyas de la literatura erótica, Georges Bataille con otra obra maestra de este tipo de escritos Historia del ojo, Pauline Réage que en 1954 escribe su Historia de O, Vladimir Nabokov con su famosa Lolita (de 1955 y que fue fuente de inspiración para películas extraordinarias), Emmanuelle de Emmanuelle Arsan (1959), Henry Miller, con sus libros Trópico de Cáncer, Primavera negra y Trópico de Capricornio, hasta el El amante de Marguerite Duras (1984), los cientos de páginas escritas sobre el erotismo así lo confirman. No puedo dejar de mencionar en este punto, un texto bíblico que indudablemente es muy sugerente y que nos refiere a este tipo de literatura que es El cantar de los cantares inequívocamente atribuido a Salomón (fue escrito aproximadamente en el siglo VII antes de Cristo). Si bien es cierto este poema escapa a cualquier categorización, la manera sofisticada en que los amantes Salomón y Sulamita declaman su amor lo acerca a la literatura erótica (en el estricto sentido del término).
Probablemente, debido a los nuevos paradigmas del mundo contemporáneo y, teniendo en cuenta que Internet desarrolla un papel fundamental en la difusión de un gran porcentaje de los textos literarios, no solamente a través de la Web 2.0 sino a través de los diferentes foros sociales, así como ha habido un resurgimiento de otros tipos de escritura, la literatura erótica que, tal como sostengo en el párrafo anterior, no es para nada un fenómeno de este tiempo sino que tiene antecedentes desde la más remota antigüedad, también ha tenido un crecimiento importante.
Teniendo en cuenta que, en alguna medida, acceder a los textos en Internet resulta más sencillo, estoy convencido que los numerosos sitios en los cuales los internautas pueden acceder a narraciones o poesía erótica, son el más claro ejemplo de ello. En la red se pueden encontrar desde los clásicos del erotismo, o textos relacionados o dedicados a este tipo de literatura escritos por autores contemporáneos consagrados y reconocidos hasta narraciones y poesías redactadas por aficionados. Por supuesto, que hay literatura erótica mejor o peor y también hay publicaciones que lindan con la pornografía, pero lo real es que uno puede encontrar una gama infinita de buena literatura erótica tanto en la red como en librerías. De cualquier manera, es menester aclarar que la diferencia fundamental entre literatura erótica y pornografía pasa por los valores estéticos que puede contener, como sucede con cualquier otro tipo de literatura. Tengo la convicción de que todo texto que insinúe, sugiera o ayude a dotar la imaginación del hombre de un escenario adecuado para el placer sexual y tenga en su esencia cierta dimensión artística puede ser considerado literatura erótica; de otro modo, solo llegará a ser pornografía.
Me parece oportuno destacar que ya en el siglo XX y, por supuesto, en lo que va de este, los escritores utilizan un lenguaje más llano, más directo conforme a las tendencias de comportamiento social que incluyen, fundamentalmente, la caída de tabúes de otras épocas.
Quizá por ello, sólo se puede diferenciar el erotismo de la pornografía por la calidad estética que encierra en su corpus y porque en general evita todo lo explícito y lo suplanta por lo sugerente. No obstante, cada escritor tiene el derecho de hacer conocer aquellas historias que nacen de su espíritu creador y puede hacerlo libremente más allá del encasillamiento que pueden recibir sus producciones por parte de los críticos y estudiosos.
Personalmente, he leído buena poesía erótica pero no es mi fuerte. También he podido acceder a textos de autores santiagueños (que, si bien es cierto no están muy difundidos, no son pocos) que han escrito narrativa o poesía que se encuadra sin dudas en la literatura erótica. Entre los precursores (por llamarles de alguna manera) no podemos dejar de mencionar a Carlos Artayer (a quien se refiere Heraldo Pastor en su blog "Mi Unicornio" como "el poeta santiagueño del amor") el que, en su magnífico libro Luz fabulada y otros poemas, libro al que he leído con detenimiento para sustentar lo que sostengo, tiene un capítulo denominado "Erosonetos", en el que da una clase magistral de poesía, Heidi Rótulo, que refiere la mayoría de sus textos, al amor pasional con párrafos tremendamente sugerentes y algunos otros que sé que escriben poesía erótica pero de los cuales no he tenido la suerte de leer sus textos.
En mi caso particular, quizás por formación ideológica y, hasta cierto punto cultural, he preferido siempre, a la hora de escribir, otro tipo de literatura sin que esto conlleve un menosprecio por el erotismo. Muy por el contrario, en mi primer libro Catarsis, hay dos o tres poemas que se acercan demasiado a la literatura erótica pero, reitero, no es el tipo de literatura en el que me siento más cómodo. Quienes me conocen, saben de sobra que en la narrativa siempre tuve inclinación al microrrelato y en la poesía me sedujo más la lírica, la paisajista o la poesía de compromiso antes que la poesía erótica.


*Director de Tardes Amarillas

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