Liliana Massara 

 

Sonidos que se hacen silencio

Dra. Liliana Massara*

Sonidos que se hacen silencio

Ana María Mopty

Macedonia Ediciones

2018 

Antes de comenzar a leer Sonidos que se hacen silencio, había observado en algunos textos que escuché de la lectura oral de su autora, la madurez que se evidenciaba en su escritura. No en vano, pasa el tiempo para algunos, y este es un caso, en el que la escritora, no solo conoce sobre el género, sino que lo pone en práctica en su propia producción. Es grato descubrir, al estar ante estos nuevos micros, el manejo, la proporcionalidad adecuada entre las historias que se narran, los personajes, las acciones. Tiene Ana María, la experiencia necesaria con el género para rodearlo y merodearlo con la palabra justa, sin excesos. No es su intención buscar las rupturas, agregar ingredientes al microrrelato que lo fracturan o que lo desestabilizan, sino, por el contrario, pretende fortalecerlo en sus formas más destacadas, construirlo desde su conocimiento teórico sobre los paradigmas establecidos; lo compone con su singular estilización y con su propio sello escriturario: darle vuelo a su imaginación y generar diferentes sentidos con los que cada lector tendrá que hacer su apuesta lectora.

Es un libro muy parejo en cuanto a los resultados que logra a partir de sus propuestas imaginativas, y de las estrategias que utiliza, con las que logra una acertada combinación entre algunos intertextos bíblicos, o bien, míticos como ciertas sugerencias con Ulises, o con personajes recordados y afianzados en su memoria de lectora, los que se perciben entre sus condimentos creativos, pero sobre todo, y aquí lo interesante, el trabajo desarrollado con la elipsis; como saltos y ruidos que suenan en nuestros oídos, que se pierden por momentos y que luego reaparecen o se recuperan mediante nuevas imágenes pero, en la mayoría de los textos, sin decir concretamente lo que quiere decir.
Ana María remite a temas de la sociedad, a las crisis de la realidad presente, sin poner la referencia concreta; reemplaza, desplaza, trasplanta, y así una cosa está en la otra. El planteo discursivo remite a una cuestión de la realidad que afecta, pero la cosa está sin estar. Es en el silencio de lo no dicho en el que está la cosa en sí.
Con la experiencia obtenida, nos entrega a una narradora más desafiante en la elección de los temas, en el manejo de las sugerencias, en el equilibrio de una nota de humor; lo sensual se escucha, la seducción se desliza entre las palabras, y a veces buscando cierta musicalidad como ocurre con "Saqueo", en el que, además, el discurso se politiza, politización que circula, que se reitera luego, en otras situaciones narrativas, al punto que podemos captar que hay una intención provocadora en el arriesgar discursivo que logra con acierto.
Con actitud desafiante, y con la seducción que instaura desde los vericuetos del lenguaje, deja mover libremente a la sensualidad de la palabra como sucede en "Nocturno" en donde se presenta cierto condimento ambiguo, por ejemplo la imagen de una almohada/mujer, ambas sumisas a la cabeza del hombre, pero no se claudica ante la adversidad del sometimiento, ¿quién no claudica? la mujer o la almohada?; o en "Cuadro" donde mezcla lo pictórico con la escritura para representar la pasión. ¿Cuál pasión? La del artista en su arte o la del hombre. Siempre la insinuación, siempre en un borde resbaladizo de los sentidos.
Un texto que despliega su capacidad de abrir ventanas a la percepción, imágenes que alteran lo percibido en primera instancia como ocurre en "Inauguración" en donde parece la figura de una mujer y luego es el ritual de descorchar una botella (53). Estrategias como el sueño en "Firmeza" (63) en donde se toma una posible resolución; o el desdoblamiento en "Sustitución" en donde ese rostro que mira a su otro trae un aprendizaje, un modo de adquirir sabiduría para no dejarse vencer por los golpes de la vida.
A medida que se suma la lectura se descubre un sentir profundo, un poner el cuerpo en lo que se relata; en la propia escritura en la que hay también, una presencia de lo metafísico, lo espiritual, como se construye a partir de "Diciembre" o de "El universo" (66, 67). 

 sonidos que se hacen silencio

A la vez, está presente la problemática de los límites entre realidad y ficción, ¿dónde acaba una y comienza la otra? La escritura que se mira a sí misma, la ficción que muestra la ficcionalización: son los casos de "Paternidad" y de "Creaturas" (72-73) en el primero, el texto literario nace y después llega al lector y éste lo procesa y tal vez vuelve a crear sobre él, y en el segundo, se figurativiza a la ficción que se descubre a sí misma.
Ana María Mopty se atreve con la imaginación, la deja fluir, no la corroe de referencialidad directa, la evita y lo logra. Ronda lo provocativo, gradúa ciertas notas de humor sin abandonar el tono crítico como en la Eva de la manzana transgénica, en donde genera cierto humor, abonando el sentido crítico de la realidad, y apelando para ello a un texto bíblico de los orígenes con la historia de Adán, y Eva reposicionada en estos tiempos modernos que muestran la preocupación en el discurso mediante algunas representaciones insinuadas del presente.
Hegel dijo: "Nadie puede salirse de su piel", digo que nadie puede salirse de su tiempo y esto es lo que se percibe en Sonidos que dicen silencio. La autora no se sale de su piel ni de su tiempo, dice lo que calla, irrumpe desde sus percepciones. Sin avisos concretos, deja ser al lector.
Destaco la presencia de la imagen en la tapa del texto, una pintura de arte visual realizada por Susana Babot en la que algo resurge desde el fondo y resalta sus alas para darle lugar a la imaginación a partir de vidrios rotos que no dejan ver ni sentir porque su transparencia está quebrada, lo cual impide obtener una realidad concreta, sí, una realidad difusa, ambigua, cargada de imágenes, de desvíos, pero que dice mucho desde la brevedad que el género le exige.
Ana María Mopty demuestra, así, la posibilidad de abarcar en pequeño los sonidos de la experiencia de vivir. Elíptica y vital su narrativa breve, construye sonidos de palabras que parecen no escucharse, pero suenan con fuerza.

 

*LILIANA M. MASSARA. Frías, Santiago del Estero. Reside en Tucumán. Prof. y Doctora en Letras por la UNT. Directora del IILAC y Miembro del Consejo Editor del Departamento de Publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Coordinadora por Tucumán, de la RELA. Investigadora del SCAIT. Prof. Titular en las Cátedras, de Literatura Argentina I y de Literatura Argentina del NOA. Publicaciones y colaboraciones varias. Colabora en la Gaceta literaria. Es fundadora y miembro de la Asociación literaria "Dr. David Lagmanovich" Últimas publicación: Escrituras del yo en color sepia; La Vie en Bref, (microrrelatos, colección traducido al francés. La Vita en Brevi (microrrelatos, colección traducido al italiano).