MINIFICCIÓN. TEXTOS DE JUAN JOSÉ ARREOLA

Juan José Arreola

Escritor y editor mexicano, Juan José Arreola nació en Ciudad Guzmán, el 21 de septiembre de 1918, y falleció el 3 de diciembre de 2001 en Guadalajara. Arreola desempeñó diversos empleos a lo largo de su vida, tales como encuadernador, corrector editorial, maestro, editor (labor por la que fue ampliamente reconocido), comentarista en televisión, etc. Publicó sus primeras obras en la década de los 40 del siglo XX, llegando a colaborar con Juan Rulfo en la revista Pan, de Guadalajara, en su Jalisco natal. En 1952 se publica una de sus obras cumbres, Confabulario, que fue galardonada con el Premio Jalisco de Literatura un año después. En 1955 ganó el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional Mexicano de Bellas Artes. En 1963 se publicó otra de sus mejores obras, La feria, pasando posteriormente a desempeñar la docencia en la UNAM: En 1979 el gobierno mexicano le otorgó el Premio Nacional en Letras. Recibió muchos otros reconocimientos, tales como ser nombrado hijo predilecto de la ciudad de Guadalajara, el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe, el Premio Ramón López Velarde o el Premio Jalisco en Letras. De entre su obra habría que destacar títulos como Confabulario, La feria, Palíndroma, Bestiario o Inventario.

 Ágrafa musulmana en papiro de oxyrrinco

Estabas a ras de tierra y no te vi. Tuve que cavar hasta el fondo de mí para encontrarte.

 

Armisticio
Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. Nos veremos las caras en la tierra de nadie. Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: Se alquila paraíso, en ruinas.

 

Cuento de horror
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

 

Camélidos
El pelo de la llama es de impalpable suavidad, pero sus tenues guedejas están cinceladas por el duro viento de las montañas, donde ella se pasea con arrogancia, levantando el cuello esbelto para que sus ojos se llenen de lejanía, para que su fina nariz absorba todavía más alto la destilación suprema del aire enrarecido.
Al nivel del mar, apegado a una superficie ardorosa, el camello parece una pequeña góndola de asbesto que rema lentamente y a cuatro patas el oleaje de la arena, mientras el viento desértico golpea el macizo velamen de sus jorobas.
Para el que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la última veta de humedad; para el solitario, la llama afelpada, redonda y femenina, finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria.

 

Cláusula III
Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas.

 

Diálogo con Borges
La última vez que nos encontramos Jorge Luis Borges y yo, estábamos muertos. Para distraernos, nos pusimos a hablar de la eternidad.

 

El sapo
Salta de vez en cuando, sólo para comprobar su radical estático. El salto tiene algo de latido: viéndolo bien, el sapo es todo corazón.
Prensado en un bloque de lodo frío, el sapo se sumerge en el invierno como una lamentable crisálida. Se despierta en primavera, consciente de que ninguna metamorfosis se ha operado en él. Es más sapo que nunca, en su profunda desecación. Aguarda en silencio las primeras lluvias.
Y un buen día surge de la tierra blanda, pesado de humedad, henchido de savia rencorosa, como un corazón tirado al suelo. En su actitud de esfinge hay una secreta proposición de canje, y la fealdad del sapo aparece ante nosotros con una abrumadora cualidad de espejo.

 

Felinos
Si no domesticamos a todos los felinos fue exclusivamente por razones de tamaño, utilidad y costo de mantenimiento. Nos hemos conformado con el gato, que come poco.

 

La jirafa
Al darse cuenta de que había puesto demasiado altos los frutos de un árbol predilecto, Dios no tuvo más remedio que alargar el cuello de la jirafa.
Cuadrúpedos de cabeza volátil, las jirafas quisieron ir por encima de su realidad corporal y entraron resueltamente al reino de las desproporciones. Hubo que resolver para ellas algunos problemas biológicos que más parecen de ingeniería y de mecánica: un circuito nervioso de doce metros de largo; una sangre que se eleva contra la ley de la gravedad mediante un corazón que funciona como bomba de pozo profundo; y todavía, a estas alturas, una lengua eyéctil que va más arriba, sobrepasando con veinte centímetros el alcance de los belfos para roer los pimpollos como una lima de acero.
Con todos sus derroches de técnica, que complican extraordinariamente su galope y sus amores, la jirafa representa mejor que nadie los devaneos del espíritu: busca en las alturas lo que otros encuentran al ras del suelo.
Pero como finalmente tiene que inclinarse de vez en cuando para beber el agua común, se ve obligada a desarrollar su acrobacia al revés. Y se pone entonces al nivel de los burros.

 

De L'Osservatore
A principio de nuestra Era, las llaves de San Pedro se perdieron en los suburbios del Imperio Romano. Se suplica a la persona que las encuentre, tenga la bondad de devolverlas inmediatamente al Papa reinante, ya que desde hace más de quince siglos las puertas del Reino de los Cielos no han podido ser forzadas con ganzúas.

 

Los datos biográficos fueron obtenidos del sitio http://www.lecturalia.com/autor/3990/juan-jose-arreola

 
La fotografía de J.J. Arreola que ilustra esta nota fue tomada de la siguiente página Web:
http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/09/21/juan-jose-arreola-confabulador-de-la-realidad-y-la-fantasia.