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   Hasta que la muerte nos separe

Pablo Seijas

 

 

No. No te asustes tesoro. Yo no estoy aquí. Aunque sientas ese frío sobre la nuca que te paraliza e inclines la cabeza sobre el libro y aprietes los ojos para no mirar, no estoy, y es inevitable que todos, pero todos sin excepción, lo crean. No hace falta que llames a alguien para que venga a comprobarlo, no me vieron llegar y tampoco me verán si vienen. Desengañate, que me estés escuchando con esa cara de susto no quiere decir nada bichito, porque nadie me oyó entrar, ni me oirá, ni me oye. Hacé de cuenta que vine descalza, en puntas de pie. Siempre te gustaron mis pies, no vas a decirme que no, entendés a qué me refiero. Más silenciosa imposible te lo juro, un rumor hubiese hecho más ruido. Vos sabés que siempre fui discreta pero ni te imaginás lo fácil que es ahora. No, no te levantes. ¿Pero qué hacés?, ¿estás sacado?, ¿en serio pensás que esto se soluciona con salir corriendo por la puerta? Pobre iluso.Si no es hoy, será mañana u otro día.

Y lo terrible es que vas a vivir con la angustia en la boca, clavándote alfileres en los párpados para que no te agarre de improviso al dormir. La verdad que no te veo pasar todas las noches en vela, volvé a sentarte, haceme caso, lo mejor es que pongamos los puntos sobre las íes de una vez por todas. No hay nada más insoportable cuando uno sufre que el sufrimiento dure, lo único que deseás es que se termine, te lo digo con conocimiento de causa, tesoro, ¿o ya te olvidaste de las que me hiciste pasar? Dejá de mirar para otro lado, no te hagas el desentendido, porque aunque te resulte difícil creerlo ya nadie me pone la mano encima, te guste o no te guste, es así. ¿Qué, tenés miedo de darte vuelta? No me sorprende, siempre fuiste un cobarde. Solo los cobardes pueden hacerles a las mujeres lo que vos me hiciste. Dale, ahora ponete a gritar. Me das lástima, bichito, ¿todo este barullo para qué? ¿O cómo te pensás que van a reaccionar cuando escuchen los gritos y rompan la puerta y no vean lo que vos presentís que estás viendo? Te apuesto lo que se te cante que solo van a tardar unos minutos en comprender lo que pasa. Cuando te tomen declaración, te van a seguir la corriente mientras intercambian miradas cómplices y sonrisas socarronas. De últimas, si te ven en pleno delirio, llamarán a un tipo de blusa celeste o blanca para que te abombe con una buena dosis de clonazepán y prescriba un peritaje psiquiátrico, psi-quiá-tri-co, como lo oís. Por una vez comportate como un hombre y cerrame esa boquita, las crisis de nervios, los ataques de ira no van a llevarte a ningún lado, ¿o perdiste la memoria? Siempre me criticaste que viviese en otro mundo, a otro ritmo, sin apuros, y ahora, lo que son las vueltas de la vida, yo que era tan pachorrienta, estoy hecha una luz. Como poco a poco irás descubriendo, no estar tiene sus ventajas. Y yo no estoy, metete eso en el coco, aunque me escuches razonar (porque mi pensamiento se escucha) y mi aliento frío te roce la nuca. Al principio resulta raro, te confieso, pero después una se hace a la idea. Eso es, calmate, me parece bien que recapacites y te vuelvas a sentar, así me gusta. Huir no tiene sentido, como tampoco tiene sentido arrepentirse ahora, lo hecho, hecho está, no olvides que los otros no lo sabrán nunca y es así como debe ser. Solo vos sabés que sabés. Y desde el fondo del alma, te soy sincera, hubiese preferido que lo ignores. ¿Que te disculpe? ¿Que fue un arrebato? ¿Que no te podías controlar? ¿Que no eras consciente de lo que hacías? Pero por favor, no me vengas con macanas, ya somos grandecitos. Los dos tenemos bien en claro que no se puede volver atrás. Tendría que haberle puesto punto final a nuestra relación, en eso estamos de acuerdo, ahora es una evidencia, pero entonces no me atreví. Varias veces lo pensé. No sé si te lo dije pero si hay algo que me sobra es tiempo para pensar. Te parecerá insensato pero en pensamiento se puede volver. A un momento, a un período de tu vida, a una fecha. ¿Cómo explicarte? Si en pensamiento reconstruís los espacios, las sensaciones con minucia, todo se vuelve concreto, todo cuaja. Aunque te cueste admitirlo no soy rencorosa y en vez de amargarme procuré revivir las cosas lindas. Las cosas lindas te ponen feliz y yo las sentía en carne propia, cuando salíamos, cuando nos despertábamos, cuando nos íbamos de viaje, cuando hacíamos el amor, como si lo estuviese viviendo en realidad y aunque te parezca insignificante, creeme que te ocupa. Pero por desgracia el andar por el pasado tiene sus límites y en cuanto te descuidás, el futuro que ignorábamos en aquellos años se te viene encima. Es como una escalera mecánica, el futuro está esperándote allá arriba y al final, por más que pedalees en sentido inverso para mantenerte en el primer escalón, subís aunque no quieras. No hay caso, el presente siempre acaba por asomarse desde las ventanitas del porvenir y en el presente estás vos, tesoro, sin remordimiento, disfrutando con las otras lo que dejé. ¿Podrías haber esperado un poco, no te parece? Qué sé yo, al menos para salvar las apariencias. No te importó que sospecharan, que unos pocos se comieran el verso de mi desaparición. Mucha gente desaparece de la noche a la mañana, porque sí, sin ningún motivo, no te lo discuto. Pero había algo que a los tipos no les convencía. Después de hablar con los vecinos, volvieron a la semana. Esta vez se la tomaron en serio, pusieron la casa patas para arriba, miraron con lupa los intersticios de la camioneta, examinaron las herramientas que tenías amontonadas en el taller y antes de irse hicieron dos o tres pozos en el jardín. Para mí que los hacían al tuntún sin saber por qué ni dónde escavaban. Yo los veía dar vueltas como desilusionados. Les hacía señas, agitaba los brazos, les tironeaba de la manga para que buscaran ahí pero los tipos se acomodaban el impermeable, encendían un cigarrillo y apoyados sobre la medianera, se quedaban contemplando el cerco de ligustrinas, perplejos. Al final me cansé. Como era previsible no encontraron nada y se terminó por archivar el caso. Me recriminé no haber insistido, no haberlos llevado a empujones a donde tenían que ir. Tenés que pensar que para mí era todo novedoso. Cuando sos solo pensamiento no te das cuenta de que no estás, te seguís comportando como siempre y eso no funciona. El día (el día es una manera de decir) en que realmente tomé conciencia, me agarré una depresión que ni te cuento. Ahora es otro cantar, como ya te expliqué no todo son desventajas. Estaba ahí, mirándote como te acostabas con Liliana, escuchando las porquerías que le susurrabas al oído, y me dije que era injusto que te salieses con la tuya. No te pongas así, ¿te sorprende que conozca su nombre? Mirá bichito, estoy al tanto de todos los detalles, hasta te daría vergüenza que te los cuente, y también de las otras, de las que vinieron los primeros meses, esas que usaste para olvidar lo que me hiciste. No sé cómo se lo bancaron, hay veces que no entiendo a las mujeres, pero esa es otra historia. De entrada no me pareció muy bien; eso de ver cómo te engaña el otro en las narices me resultaba malsano. Además, qué querés, me sentía incómoda. Después, para que te lo voy a negar, empecé a tomarle el gusto. Era como estar en el palco de un teatro en miniatura. Escuchar las conversaciones, admirar la escena que tenía enfrente sin que te tape ningún espectador, poder acercarme desde cualquier ángulo sin que vos ni la otra de turno se aviven y no perderte nada, tiene su atractivo. Siempre me gustaron los melodramas, no te voy a mentir, y esos desplantes, esas reconciliaciones, esos llantitos, esos besos apasionados, me ayudaban a pasar el tiempo. El tiempo... esa es la macana, no se mueve, se estaciona, como coagulado, no tiene principio ni fin, y para distraerte algo tenés que inventar. ¿Que qué estoy buscando? ¿De verdad no lo sabés? ¿Y por qué temblás entonces? Ah, no es que estés temblando, es una contracción. ¿Te dio una puntada? Normal, no te preocupes. Mucha gente se muere del susto. Los pajaritos también. Un buen susto es suficiente para que te fulmine un paro cardíaco. Pero yo quiero que dure, que te ahogues, que los segundos se te hagan largos, por eso hablo sin interrumpirme. ¿Te parezco cruel? ¿Y vos qué, te ves como un santito? Te juro que a veces me hacés reír. ¿Por qué vine ahora y no antes? Pero qué curioso, esa no te la conocía. No te impacientes, ya lo vas a ir descubriendo. De a poco, que yo no tengo ningún apuro. ¿Querés una pista? Liliana. Sí, me oíste bien, Liliana. ¿Que cómo sé lo que te pasa por la cabeza? Escucho el pensamiento y vos, andá enterándote, también me escuchás pensar. Alcanza, claro que alcanza, pero mirá cómo te ponés. ¿Otra puntadita? Aguantá bichito, hay que ser fuerte. ¿Por qué Liliana? Porque es buena piba. Tan inocente, tan de entregarse. La pobre confía en el amor, en tu amor, decime si no es gracioso. Van muchos meses que dura. Sigo la relación de cerca. No sé, debe ser que me identifico, a lo mejor porque ya estás empezando a maltratarla como me maltratabas a mí. No aprendés nunca, tesoro. Ella sufre pero tampoco se va. Bueno, no tanto como vos ahora. Sí, te falta el aire, qué feo. Me gustaría, pero no te puedo ayudar. La tonta te cree cuando le decís que no lo vas a volver a hacer. Se lo dijiste diez veces, las tengo contadas, y te sigue creyendo. Esto va a terminar mal, lo intuyo. No sabés lo que daría por que Liliana pudiese escucharme pensar pero no me escucha. Parece que solo funciona con vos. Fue eso lo que me decidió a entrometerme. Si fuese por mí, no habría movido un dedo. No te pienses que fue fácil aparecerse por acá. Requiere mucha concentración. Sobre todo si una busca inmiscuirse en las vigilias. En el fondo me dije, después de lo que me hizo por qué voy a dejarlo en paz, ¿para que se lo siga haciendo a otras? No tesoro, vos no vas a parar nunca. ¿Duele? Sí, claro que duele, bichito. A mí también me estalló el corazón. ¿Las puntadas son cada vez más profundas? No me asombra, qué querés que te diga. Ya falta poco, un esfuercito y chau. Dale, date vuelta. ¿Qué?, ¿te da miedo? No, por más buena voluntad que ponga, no puedo asegurarte lo que vas a ver. Para serte sincera preferiría no pensarlo. Un poco de coraje, tesoro. ¿Te estás sofocando? ¿Te explotan los pulmones? No me digas ¿y qué te parece que sentí yo cuando me pusiste las manos en el cuello? ¿Qué decís?, alzá la voz que casi no te oigo. ¿Qué te perdone? No seas patético. Y encima te ponés a llorar. Dale, date vuelta y mirame. Secate las lágrimas que quiero ver tus ojos. No, no es un capricho, quiero ver lo que hay en tus ojos ahora que soy yo la que aprieta, la que no te saca las manos de encima, la que hace presión mientras tus pupilas se dilatan y no entienden cómo es posible, cómo puede ser que si no estoy aquí te estrangule con el pensamiento hasta que se te vaya el aire, ¿y todo para qué?, para que nadie sepa lo que viste tesoro, solo yo, justo en el instante en que te da el ataque, cuando te das vuelta y te caés de la silla con los ojos abiertos, bien abiertos bichito, mirando vaya a saber qué, con la esperanza de que la muerte nos separe, y el silencio como una manta que lo cubre todo y dejás de respirar, y esos ojos inmóviles todavía tratando de espantar lo que están viendo.

 

Pablo Seijas (Buenos Aires, 1956), egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (U.N.B.A.) y de la Sorbonne (Paris III) D.E.A. en Etudes Ibériques et Ibero-Americaines, en 1981 se radicó en París donde ha trabajado y trabaja como profesor de español en instituciones de enseñanza superior como en la Universidad Americana de París, en el Institut Mines-Télécom, en el grupo Haute Enseignement de Management en Alternance y en L'Ecole Polytechnique Feminine. Su primer cuento, "La historia del Señor Quetzalcóatl", obtuvo una mención en el concurso organizado por la revista "Hispamérica" para celebrar sus cinco años de existencia con un jurado integrado por Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos y Mario Vargas Llosa (publicado en "Hispamérica", nº 23-24, 1979). Su primer libro de relatos Los comedores de loto obtuvo una mención del jurado integrado por Enrique Pezzoni, Liliana Heer y Ángel Mazei, en 1980 y uno de los textos que lo componían ("Junto al recuerdo de vos") fue publicado el mismo año en un diario de Buenos Aires. Ha escrito dos libros de relatos y dos novelas, textos inéditos hasta la fecha.