Eduardo Belloccio

 

 

CHE

Doblarse para largar un maratón,

y apretarse las rodillas con las manos.

Soplar el hálito que queda,

e inspirar lo poco que entra,

abriendo más los ojos que la boca

para ver el aire que no llega.

Traicionera como patrulla boliviana

el asma doblega voluntades.

Fatigado de aguantar campesinos delatores.

Las frías noches sin ropas.

Los habanos.

El calor de los días desproporcionados.

La humedad de la sierra.

La cercanía de los Rangers

y octubre del polen agitado.

Y días sin aire.

Más fatiga y desánimo.

Herido.

El silbido de los bronquios lo delata.

En La Higuera la muerte es una liberación.

“¡Apurá el tiro, carajo!”

La pólvora mortal le besa el alma

y la calma llega, cuando el último

y escaso aliento, íntimo, exhala. 

 

 

Historias de la gacela y el tigre

He visto sus pasos de gacela

caminando sobre un papel de arroz,

con las orejas paradas en contra del viento,

buscando el destino del tigre inexorable.

Estoy calmando mis eneros entre la ironía y el misterio

de las cambiantes fortunas del tiempo. Y aquella

gacela silenciosa, fantasea sobre los sueños vanos

porque no huelo su perfume.

La imagino vestida de nada, ocupando el mismo lugar

que el rocío y las estrellas,

los peces y los hombres, queriendo minimizar

el impacto de su ternura.

Tendría que encontrarse la gacela con el tigre,

porque se extraña la espesura, el verdor y el agua clara,

las sombras de la noche y las dos orillas

del puente de mañana.

Es que se extraña mucho detrás de los barrotes.

Soy un tigre prisionero de mis rayas.

del libro “Encargos del alma”

 

 

Esta mañana

                           (A Enrique Urani)

Esta mañana

he despertado afónico.

Yo, que tengo la voz clara;

que duermo con un pañuelo de seda

rodeándome la garganta;

que no fumo ni bebo alcohol,

que me cuido del frío de este tiempo;

que nunca levanto la voz;

que no canto, que no tomo helados;

que me lavo los dientes y me limpio

la garganta con agua natural.

Yo, que todo el día me protejo el cuello

con una corbata;

que guardo eternos momentos de silencio,

y que respiro siempre por la nariz,

no puedo encontrar la razón de mi afonía.

Debe ser que anoche, en sueños,

grité tu nombre.

 

 

Digo en tres versos

I

El río suave,

en la perfumada tarde,

pasó ayer por mis ojos.


                              

III

Son velas desplegadas

en noches de tormenta

tus ojos de mar.

IV

La luna es mi suerte

en la sombra

de todos los olvidos.

V

Cumplo en informarte.

No preguntes nunca

el origen de mis sueños.

VIII

Quimera en la vigilia,

fantasía en el sueño.

¿En cuál me perteneces?

IX

Desordenado sueño

amarrado a la noche.

Te has ido.

 

 

Eduardo Bellocio (Villa María, 1951) Poeta cordobés de amplio predicamento. Ha editado los siguientes libros de poesía: “Después de ayer”  (1987), “Encargos del alma”  (1998) y”La memoria de los sueños”  (2001). Ha participado en numerosas anrtologías y sus plaquetas de poesía han sido traducidas, publicadas y distribuidas en Brasil, Italia, y diversos países de habla hispana. Distinguido en diferentes concursos de poesía, se ha desempeñado como presidente de la  SADE Villa María en diversos períodos. Trabajador permanente en pos de la cultura ha sido Co-organizadorr de los Encuentros de poetas latinoamericanos de la Sade V. María años 2006/07,  Co-organizador, de los V Juegos Florales Villa María  Octubre de 1999, entre otras numerosas actividades que realiza para difusión de la poesía. 

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