Laura Elisa Vizcaíno

FICCIÓN A CONTRAPELO:

 

Una breve mirada a la enorme trayectoria de Agustín Monsreal

 

Laura Elisa Vizcaíno*

 

El pasado 14 de octubre, el escritor mexicano Agustín Monsreal recibió el Premio Iberoamericano de Minificción “Juan José Arreola”; galardón que han recibido Raúl Brasca (2017) y Ana María Shua (2016). El reconocimiento se otorga a la mejor trayectoria en el ámbito de la minificción. Como puede observarse, desde hace dos años, se premia a autores con una amplia obra de calidad y, sobre todo, dedicación al género. Estas celebraciones son parte del Encuentro Iberoamericano de Minificción, organizado por Javier Perucho y Marco Antonio Campos y se lleva a cabo durante tres días en el mes de octubre, dentro del marco de la Feria Internacional del Libro del Zócalo en la Ciudad de México. Ahora esperamos que los cambios de gobierno de mi país permitan la continuidad de estos eventos.

 El jurado de este 2018, para otorgar dicho premio, estuvo compuesto por Ana Calvo Revilla de España, Nana Rodríguez de Colombia y Raúl Brasca de Argentina. Ahora bien, ¿cuál es la trayectoria de Agustín Monsreal que le permite ser acreedor de este premio por unanimidad? La respuesta está en su treintena de libros, sus numerosos premios y distinciones.

En las próximas líneas mencionaré algunos datos de su recorrido literario de la mano de algunas de sus minificciones que ejemplifican su trabajo, invitando a una “Ficción a contrapelo”;[1] es decir, intercalando la ficción con la realidad, no porque deba confundirse la vida del autor real con su literatura, pero sí haciendo una alusión lúdica al discurso autoficcional, pues al mismo Monsreal le gusta diluirse en sus textos, como en el siguiente relato que resulta útil para comenzar a hablar de su vida.  

Sobre Monsreal

(Apunte anecdótico) 

Según los datos que han llegado hasta nosotros, nació hacia el 25 de septiembre de 1941; otras fuentes no menos fidedignas afirman que fue el 24 de septiembre, y otras más sostienen basadas en el testimonio de una prima hermana suya, muertecita de amor por él, que en verdad ni siquiera nació, que es sólo un invento de la familia y lo que pasa es que él se creyó el cuento y pues ahí anda y todo el mundo reconoce en él a un hombre de profundo y noble talento para imitar el canto de los colibríes.[2] 

monsreal2

A la fecha de nacimiento descrita en esta minificción debe agregarse la ciudad de Mérida como ubicación geográfica, sobre todo porque es allí donde se realiza el concurso de cuento anual que lleva por nombre “Agustín Monsreal”. Sin embargo, desde muy niño, nuestro protagonista emigró a la Ciudad de México y siempre estuvo rodeado de mujeres…  

Asunto de familia 

Ella me besó en la frente, humilde y satisfecha, y salió del cuarto. Al ponerme el pantalón, advertí que mi cartera había desaparecido. Ya no puede uno confiar ni en su propia madre.

Serpiente al acecho 

La vi en paños menores, o sea en calzones y sin corpiño, y se me paró, y me la hice por primera vez, y cuando me llamó para comer y me preguntó qué estaba haciendo, no la pude mirar a la cara y le contesté: nada, mamá.[3] 

En su juventud, Agustín Monsreal se dedicó al teatro hasta que decidió que no le interesaba repetir lo que otros decían, sino decir lo que él quería. 

Luz de teatro 

El mago, muy magamente, con inteligencia, inspiración y madura perspicacia, como si ejerciera fenomenal ilusionismo, portentosa prestidigitación, fue desnudando a la muchacha, hermosísima de pe a pa, y pum, la poseyó con indudable talento erótico y escénico. Despuesitamente, aprisitamente, arregañadientesmente, asupesarmente, la tuvo que desposeer pues clap clap clap clap el tiempito de su acto había concluido y el público apreciaba su prolijo y exhaustivo mérito pero ya, quería otra cosa mariposa, lo que sigue como siempremente pasa.[4]  

A finales de los años sesenta publicó sus primeras minificciones en la Revista Punto de Partida, editada por la UNAM. Por esto, en el 2016, esta misma revista publicó “Escaparate de Pigmeísmos” de Monsreal. Se trata de un conjunto de 21 breverismos, de donde rescato tres: 

Todo por servir se acaba 

No, ahora yo no soy ni remedo de lo que fui. Argos muy disminuido, muy venido a menos, no me quedan sino dos ojos.

 

Intimidad de alcoba 

Marido y mujer duermen. Ella sueña que mata a uno de sus hijos. Al despertar, él le pregunta: ¿a cuál de los dos?

 

Bodas de oro 

Lo que los mantenía unidos era el deseo secreto de saber quién de los dos quedaría en pie cuando la muerte los separase.[5]  

Monsreal

La revista Punto de partida precisamente fue el punto de partida para que Monsreal tomara talleres con Augusto Monterroso en la misma UNAM, donde se gestaron muchos relatos, conversaciones y, por supuesto, relaciones interpersonales.  

Complicaciones sentimentales 

Cuando dices que darías cualquier cosa por la Mujer de tu Prójimo, deberías tomar en cuenta el dineral que cuesta mantenerla (casas, vestuario, viajes, caprichos, autos, cenas), bendecir la suerte que tienes al permanecer tan lejos de que se cumplan tus deseos y agradecer a ese pobre infeliz todo lo que hace por ella.[6]  

De 1970 a 1971 formó parte del Centro Mexicano de Escritores. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y es necesario mencionar la función que tuvo en el Consejo Editorial y de Redacción de la Revista El cuento, donde actualmente colabora en la Biblioteca Digital de dicha revista. Esta labor, fundada por Edmundo Valadés, debió haber tenido una influencia positiva en el trabajo de Monsreal. 

De carácter testimonial 

La ordenación aleatoria de las minificciones, los microrrelatos y los breverismos que componen esta obra, se debe en principio a dos gratas y magníficas razones: una atribuible de manera exclusiva al azar; la otra, al capricho del autor, acostumbrado desde pequeño a ejercer su santa voluntad, característica inconfundiblemente suya que con los años y la preciosa colaboración mística de no pocas mujeres se le ha ido acentuando en forma intensa, inquietante, iluminadora. De ello dan fe cautiva varios personajes que conviven a diario con él en su jardín: hormigas, ardillas, lagartijas, carasdeniño, un águila de mediana edad y una vecinita regordeta que suele tomar el sol, casi desnuda, en el jardín de al lado. Si a ella por cualquier motivo se le hace tarde para salir, el sol, extrañado y temeroso de perderla, se lanza en su busca por los demás jardines de la colonia y de aquí a que regresa resulta que ella ya se asomó un ratito a ver si lo encontraba pero le dio frío y mejor se metió a su casa y deja eso de tomar el sol para mañana y el autor, frustrado, abatido, también se mete a su casa (la de él) a seguir ordenando aleatoriamente las minificciones, los microrrelatos y los breverismos que componen esta obra.[7] 

Libro Agustín

Edmundo Valadés, Noé Jitrik o Mempo Giardinelli ya se han detenido a expresar la conciencia narrativa de nuestro protagonista, así como a enlistar los neologismos monsrealianos como “soledumbre”, “uñirraídos”, “gruñideras”.[8] Sin embargo, agrego que si la minificción es más vieja que la noche –como lo mencionó el autor en la premiación– Monsreal es esa bisagra entre lo viejo y lo nuevo: que así como entabló amistad con Juan Rulfo, en la actualidad provoca una enorme fila de jóvenes dispuestos a conseguir un ejemplar de su antología Minificciones, editada este 2018 por Ficticia como parte del mencionado premio, quizá porque sabe “buscar la luz en los subsuelos del alma humana”, así como ganar sonrisas con: 

Reencarnación 

¡Carajo, otra vez perro![9]

 

 Algunos libros exclusivos de minificción de Agustín Monsreal: 

Minificciones. Antología personal, México, Ficticia, 2018. 

Breveridades y breverismos, Puebla, BUAP, 2017. 

Los pigmeos vuelven a casa, México, Ficticia, 2016. 

Mínimas minificciones mínimas, Puebla, BUAP, 2015. 

Diccionario al desnudo no ilustrado, México, Laberinto, 2009. 

Los hermanos menores de los pigmeos, México, Ficticia, 2004. 


 

[1] “Ficción a contrapelo”: “Lactancio y Astucio, ángeles desdeñosos que comen del pan de los pobres y veneran por igual las intimidades de la crueldad de las perversiones de la misericordia, son quienes se encargan de limpiar de cualquier pecado a las almitas nacidas durante la séptima lluvia de estrellas del año. Asimismo, son los dispensadores más engañosos del bálsamo imprescindible de la esperanza. Se dice –sin que nadie se haya atrevido jamás a confirmarlo– que sus alas, en lugar de plumas, están cubiertas de escamas, y que su aliento es fétido y venenoso”. (Agustín Monsreal, Minificciones. Antología personal, México, Ficticia, 2018, p. 89)

[2] Monsreal, Los pigmeos vuelven a casa, México, Ficticia, 2016, p. 233.

[3]Monsreal, Minificciones. Antología personal, México, Ficticia, 2018, pp. 22, 74

[4] Ibid., p. 23.

[5] Monsreal, “Escaparate de pigmeísmos”, Punto de partida, núm. 200 (2016), pp. 8-9.

[6] Monsreal, Minificciones. Antología personal, p. 98.

[7]Ibid., p. 45.

[8] Edmundo Valadés, “Monsreal gran cuentista”, Vivir del cuento (La ficción en México), ed. Alfredo Pavón, Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala, 1995, pp. 29-35.

[9] Monsreal, Minificciones. Antología personal, p. 15

 

*Laura Elisa Vizcaíno es doctora en letras por la UNAM.Realizó la licenciatura en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana, la maestría en Letras Mexicanas por la UNAM, desarrolló estancias de investigación en la Universidad de Buenos Aires y en la Autónoma de Barcelona. Se dedica a la investigación de la narrativa breve y sus estudios sobre minificción han sido publicados en: Cuadernos americanos, Cuento en red, La estética de lo mínimo: Ensayos sobre microrrelatos mexicanos, Revista Destiempos y Revista Ritmo. Ha publicado los libros de microrrelatos: CuCos (Ficticia, 2015) y Bienmesabes (La tinta del silencio, 2017). Participó en distintas antoilogías compiladas en México y en otros paíes de habla hispana.