el ombligo de piedra

 

EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes

 Agua en botellitas para Shakespeare y Cervantes

 

Cuando era niño (que también lo fui) me gustaba leer esos cuadritos de temas breves y variados, firmados por gente llamada Caldwell, o Ripley, o Ferguson, o Fola, o como fuere. Columnas sencillas y de dudosa veracidad llamadas CRÉASE O NO, o ¿SABÍA USTED QUE...?, o ESTO SUCEDIÓ, o VAYA SABIENDO, o DIVÚLGUELO, han tenido millones de lectores en todo el mundo y durante muchos años.
La fórmula era simple: cosas al estilo de «Un hombre que ha llegado a los setenta años ha respirado la cantidad de aire suficiente como para llenar un globo de una capacidad de tres millones de metros cúbicos»; o bien «Los indígenas africanos de Dahomey se aprietan los nudillos de las manos, haciendo sonar los huesos, para saludar de ese modo a los amigos con quienes se encuentran», y a veces (sólo a veces) cosas algo más elaboradas, como «Entre los siglos XVI y XIX a Inglaterra le resultaba tan difícil conseguir hombres para su marina, que pagaba a bandas de secuestradores una comisión por cada individuo que apresaban o que podían obligar a engancharse. Una mujer se dio cuenta del negocio que podía realizar con esto y abrió un bar. En un período de 12 años se hizo millonaria, pues, con la ayuda de gotas anestesiantes, consiguió 26.000 marineros para su rey y para su patria».

Pero lo cierto es que siempre esperé (en vano, por supuesto) encontrarme con alguna viñeta que, bajo el título de TRISTE COINCIDENCIA, o el que fuera, dijese algo como «William Shakespeare, el más grande dramaturgo inglés, y Miguel de Cervantes Saavedra, el escritor más glorioso de la lengua española, fallecieron en la misma fecha: el 23 de abril del año 1616». Tampoco sería mala idea titular algo con el nombre SIEMPRE MIRANDO AL CIELO y recordar que "El observatorio astronómico más antiguo del mundo, y que todavía existe, es el Chomsog-Dal (en Kyongju, Corea del Sur) construido en el año 632".
El tiempo ha pasado e ignoro si sigue publicándose VAYA SABIENDO, que era la mejor de esas columnas. Mucha literatura (creo que demasiada) ha corrido bajo este puente; pero poca (en verdad muy poca) me ha producido la crédula e inocente emoción que me despertaban aquellas frases, mezcla de verdades improbables y de mucha magia. Hoy, amontonadas todas en un saco de «Curiosidades», rellenan una que otra página de las tantas revistas de presunta divulgación que se editan y, al parecer, se venden.
La triste verdad es que no consigo darme el gusto de hacer textos como aquellos. Decir, por ejemplo, VUELTAS Y MAS VUELTAS (que sería el título) y escribir: «Datar un escrito en el siglo pasado era algo que tenía sus complicaciones. Al menos había que saber un mínimo de historia reciente, tener algo de paciencia y aceptar, sin cuestionarse demasiado, los vaivenes de la política nacional. En un texto redactado (o al menos, firmado) por don Vicente Rodríguez, juez de 2º Orden de Jáchal, referido a Pampa del Chañar, puede leerse: 'Viva la Federación. Valga para los años mil ochocientos treinta y nueve, mil ochocientos cuarenta, 30 y 31 de la libertad, 24 y 25 de la Independencia, 10 y 11 de la Confederación Argentina. En la villa de San José de Jáchal a veinte y cuatro días de septiembre de...' y a partir de allí toda la escritura, con un lenguaje tan rimbombante como el que todavía se usa hoy en día en los documentos con valor jurídico. Lo que no se sabe es si don Vicente Rodríguez llegó a buen puerto, o si murió en el intento».
Creo que sería maravilloso poder publicar algo así, suelto, sin inhibiciones. O bien decir EL AGUA NO HACE DAÑO (que sería otro título) y escribir: «Durante el reinado de Napoleón III el agua fue el medicamento (ilusorio) de mayor poder curativo. Cuentan que el médico de la corte llenaba botellas de agua natural, etiquetándolas con diferentes membretes latinos bellamente diseñados. El latín, como lengua, ya estaba muy lejos y al parecer resultó fácil engañar a un pueblo todavía crédulo y, como los nuestros de hoy, escaso de cultura. Seguidas de un número para hacerlas más creíbles, las leyendas de las etiquetas rezaban: 'iteram ejusdem 0.6, aqua destillata 5, nil aliud 9.4, eadem repetita 17 y aqüe fortis 68'. O sea: 'según dice arriba 0.6, agua destilada 5, nada más 9.4, la misma 17 y agua de pozo 68'. No hay estadísticas acerca de la cantidad de muertes por enfermedades ocurridas antes, durante y después de las botellitas de agua; pero sea quien sea el que manejó la parte económica del negocio, consiguió una buena cantidad de dinero a cambio de prácticamente nada».
Otro buen texto, refinado e ingenioso, podría ser el siguiente. EXCELENTE PUNTERIA (al estilo de los viejos noticieros que pasaban en el cine). «Suiza, famosa por la buena puntería de sus guerreros, descendientes directos del infalible Guillermo Tell, recibió la visita del káiser Guillermo II en ocasión de sus maniobras militares. Éste, muy satisfecho, elogió la precisión de los soldados e interrogó a uno de ellos:
—¿De cuántos hombres se compone el ejército suizo?
—De cien mil, su majestad.
—¿Y qué sucedería si doscientos mil soldados alemanes invadieran Suiza?
—Entonces cada soldado suizo tendría que disparar dos veces».
Y si bien ese es un género que hace años tenía sus seguidores, y hoy ya no tanto, yo sé que algún día me daré el gusto de escribir y de publicar algo parecido a lo que ya escribí y publiqué en los renglones anteriores. No cosas como «¿Sabía usted que las ropas amarillas o blancas son menos atractivas que las negras, azules o rojas para los mosquitos?» por supuesto; pero sí textos como «Uno de los artefactos musicales más complicados que se conocen es el orquestón, que puede verse en Alemania, en el museo de Stuttgart. Construido en Viena en 1805, consta de 259 instrumentos, entre los cuales figuran 37 flautas, 16 bajones, 38 clarinetes, 36 oboes y 8 trombones, además de tambores, cimbales y triángulos». Y entonces, ahí sí, la pregunta: «¿Sabía usted que Beethoven compuso una sinfonía especial para ese aparato?».

RogelioRogelio Ramos Signes, nació en San Juan en 1950 y actualmente vive en la ciudad de Tucumán. Ha publicado numerosos libros de poesía y narrativa entre los que podemos destacar Las escamas del señor Crisolaras (Cuentos, Sudamericana, Buenos Aires, 1983), Diario del tiempo en la nieve (Nouvelle, Minotauro 10, Buenos Aires, 1985), Soledad del mono en compañía (Poesía, Libros del Hangar, Tucumán, 1994), Polvo de ladrillos (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 1995), El ombligo de piedra (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2000, segunda edición 200), Un erizo en el andamio (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2006) y La casa de té (poesía, Ediciones en Danza, 2009) entre muchos otros. Esta columna pretende acercar a nuestros lectores los textos que fueran publicados cada mes desde diciembre de 1995 a junio de 2000 en la revista Arquitectura y Construcción y que fueron reunidos en el libro El ombligo de piedra.