ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA - Álvaro Méndez 

 Álvaro Méndez

Álvaro Méndez: Nació al mediodía de un diciembre santiagueño. Actualmente vive en Córdoba, publicó en la plaqueta Poesía y Sangre (Córdoba); formó parte y publicó en la revista ¿Quién mató a Boby? (Córdoba, 2008-2011); formó parte y publicó en la revista y editorial UMAS. Su primer plaqueta Músicas I (Córdoba, 2013); su libro de poesía Un fuego de adentro (Llanto de mudo, Córdoba, 2014); publicó en la antología de poesía Marcia Larvaria (Larvas Marcianas, Santiago del Estero, 2015), en el fanzine digital de poesía "Quince minutos con vos. Tomo #6" (Almadegoma Ediciones, Jujuy, 2016), en la antología Salí Dulce (27 Pulqui/Almadegoma ediciones, 2018).

En desarrollo

Cuando el poema
se desliza
hay un moribundo
que escribe
sobre cosas vivas

cuando el poema
se interrumpe
hay un muerto
que camina
sobre cosas sobrevivientes

la realidad
es un continuum
de un renacido
desarrollándose
desovillándose
en el vientre
de un exomorfo. 

Escuchar

¿Para qué
querría saber
los secretos
del mundo?

¿Sería cómplice
o hundiría
la duda
en falsas apuestas?

Evitar la nostalgia
es corromper
el camino,
el mundo.

El mundo
inmundo
de rutas
terminales.

La fatalidad
irrefrenable verdad
más temprano
o más tarde.

Apagá el foquito
del escritorio,
¿la voz parla
cuando escuchas? 

Mathilda

Levante la mano
quien quiera bailar
y diga que sabe del amor
se la doblamos como Neo
como si fuera una cuchara
en un mix de Mathilda y Gilda.
Que nadie se arrepienta del amor
levanten las manos
esto es un asalto
ha llegado excupido
ha bazookearnos las patitas
para que rengueando
le hagamos una toreada
a la espera.
Hay saberes y saberes,
en la cicatriz
y en la huella
sueño, cuando duermo
duermo tronco,
actividad cerebral puede ser,
sueño ninguno,
represión
un puñado por calle,
soy estas palabritas
el negrito sobre blancura
hormiguitas devorando la ostia prohibida
analista analista
usted tampoco sabe qué es el amor.
Play a Bowie
y el Títere Amarillo es el hombre
que está vendiendo el mundo,
Hank este hombre
sí que no sabe
ni conoce el amor,
si es el hombre
que nunca ardió. 

Llevo un viento
dentro del pecho
sopla más bien despacio
silenciosa
mente,
me atrae la idea
de un colchón
destrozado
derruido
por los poros
de pieles extrañas
y en continua
mudanza.

Nada lo resuelve
mas que la Legui
unos criollos de hojaldre de la Nueva Imperial,
y ese viento
cada vez más quieto
cada vez más intenso
cada vez
que sopla
temo lo peor,
y asoma desde atrás
una luz
perturbada. 

Le hago una pitada
y me persigo
me transmuto
en el líquido
del muerto temprano.

Desde el 80 pude presentir
una especie de trueno,
a don Hermes rengo
como regodeo del dulce griterío
de un cuervo herido
por flechas medievales
de la mente
de un niño en Vietnam.

Ya los laberintos de sal
para extraviar al diablo
que descansa
en la boca
de un delfín deforme,
habla la lengua del vulgo
entre los dioses
y recita la cumbia
de un Heisenberg
o un Prometeo
bombero,
anciano
y moribundo. 

Zafar

Nos miramos
chispearon las cerraduras
abrimos las puertas de nuestros hogares
invitamos al misterio
que no podemos develar
y eso nos atrae

cuatro latas
furor
y una melodía
hipnotizante

a veces
cuando más hermoso está todo
alguno recibe las demandas
de la molleja que protege el cráneo
engrasa el viento
y nos pega fuerte en plena cara
no quiere riesgos
quiere garantías

un rompeviento
nos ponemos a veces
otras kamikazeamos

por ahora zafamos
luchamos por algo
que aún nos atrae
no es costumbre
si esto varía cada vez
no es hambre
si degustamos la piel y el pensamiento
no es sed
bebemos de la fuente de sentirnos

quizás es ansiedad
de despertar
preparar el desayuno
lavarse la cara
cebarte un mate
donde sea que hayamos elegido
pasar el día
sobre todo
la noche de los mambos

ponemos otro disco
bailamos desquiciados
se alimenta al caldero
reímos y nos sonrosamos

hagamos magia esta noche
que mañana la rutina nos dormirá
pero despertaremos
para seguir bailando
para seguir desquiciados
para seguir
porque la anestesia es una canallada
cuando comanda el estrecho amo,
con hierbitas y con cosas que no contaré
lo ahuyentamos y zafamos.