El ombligo de piedra 

  

 EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes   

Sin SOS hasta SDM es HDP

Con la vertiginosa carrera del tiempo (potenciada de manera desaprensiva en estos últimos años) el lenguaje escrito, y hasta el hablado, han sufrido numerosas modificaciones. Esto no sólo se debió a la incorporación de lunfardismos, barbarismos, neologismos y germanías de toda laya, sino también a la adopción de siglas y de cifras por parte del periodismo, en primer lugar, y de la lengua con la que a diario nos comunicamos.

La sigla («letra o signo que se emplea como abreviatura de una palabra» según los diccionarios de figuras filológicas) se ha incorporado a la lengua activa como símbolo de premura en las comunicaciones. Así lo aceptamos, así lo entendemos y, por supuesto, lo decimos mal. Mencionamos algo tan simple como una SRL (Sociedad de Responsabilidad Limitada) y damos por sentado que es «una sigla», cuando en verdad deberíamos hablar de «siglas», ya que SRL está compuesta por tres siglas: la ese, la ere y la ele.

Hace algunos cientos de años esto de las siglas no era muy frecuente, tal vez porque no habían tantas sociedades, entidades y agrupaciones que requirieran de una denominación más breve. Se usaba en los documentos oficiales, sí, aquello de SDM (Su Divina Majestad) y alguna otra zalamería ya caída en desuso, como MPS (Muy Poderoso Señor) o MSM (Muy Señor Mío); pero todo lo que ha crecido esa costumbre en estos tiempos, es algo que apabulla a cualquiera.
Sucede que cada grupo, por razones operativas, incorpora sus propias siglas al hablar cotidiano. La desazón se genera cuando la comprensión de esas siglas se da por sobreentendida e intenta incorporárselas en otro ámbito. De esta manera es como a diario (y en los diarios, vea usted) nos encontramos con textos que nos hablan del PBI, de los ATN, de las AFJP e inclusive de la CAME, gracias a los eficientes servicios de SNI, ANSA, DYN y DPA. Perdón. Creo que ya hace largo tiempo que me perdí en esta maraña de palabras sigladas que mucho pretenden y poco explican.
Antes era más fácil. Estaba la CGT (Confederación General de Trabajadores), estaba la AFA (Asociación del Fútbol Argentino, y alguna vez Amateur Football Association), estaba el rótulo latino INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum) que llegó a usarse como palabra, estaba el QEPD de las necrológicas (que en paz descanse), pero llegó el ACA y la ACA (Automóvil Club Argentino y Acción Católica Argentina, respectivamente) y la AAA (Asociación de Actores Argentinos) y su homónima AAA (Asociación de Árbitros de la Argentina) y su recontrahomónima AAA (la tristemente activa Alianza Anticomunista Argentina, luego llamada Triple A para diferenciarla de las dos anteriores que nada tenían que ver con esa lacra). Y así fue como la popularísima SA (Sociedad Anónima) quedó corta y necesitó de una SACI (o SAIC) y de una SACIF y de una SACIC y hasta de una SACIFIA. Luego llegó la SH (Sociedad de Hecho) con una finalidad algo más casera. Y así como en alguna época un funcionario de mediano rango no podía preciarse de tal si no inventaba y ponía en circulación su propia planilla, hoy en día ya casi es imposible ir a tomar un café con un amigo si no le ponemos un nombre (una sigla, ¿vió?) a nuestro acto compartido.
Algunas veces los nombres se deciden buscando una sonoridad: ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad; es decir Gordos Anónimos) y otras veces decididamente no: UTGRA (Unión de Trabajadores Gastronómicos de la República Argentina), tanto como para dar dos ejemplos que son las puntas opuestas de un mismo ovillo: la comida. Asimismo están los que buscan una palabra existente y con sentido en sí misma, para luego desmenuzarla en siglas. Ese sería el caso de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) que es toda una declaración de principios; pero también sería el caso de un grupo de rock llamado ANIMAL, cuyo significado deliberadamente desconozco, y que nada (pero nada) tiene que ver con el maravilloso grupo inglés Animals de los años '60.
De la misma manera en que hay siglas aceptadas desde siempre, por países de diferentes lenguas, como el SOS (Save Our Souls) para pedir ayuda, hay otras como NATO y AIDS, que son usadas en su metátesis castellana OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) y SIDA (síndrome de inmuno deficiencia adquirida), sin preocuparnos demasiado, en este último caso, por no haber sabido que ya había una SIDA anterior (Società Italiana di Assicurazioni) sin relación alguna con el otro tema. Pero, inicial más inicial menos, sabemos que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura es la UNESCO, y que el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas a Favor de la Infancia es UNICEF. Aunque las letras en nuestro idioma no coincidan, es el sentimiento lo que debe coincidir.
¿Recuerdan ustedes el noticiero UFA (Universal Film Aktiengesellschaft)? ¿tienen presente la WATA (World Association of Travel Agencies) que no guarda ninguna relación con cierta panza sudamericana? ¿saben que existía ABRACADABRA (Abbreviations and Related Aeronyms Associated with Defense Astronautiques Business and Radio-Electronics) en extraña conjunción de cifra y de lo que venga? ¿escucharon hablar del BRUTO (Brussels Treaty Organization)? ¿imaginaban que CAFTA (Central American Free Trade Association) nada tenía que ver con la cocina árabe, y que en la SED (Sociedad Española de Difusión) no encontrarían bebidas? ¿sospechaban que la COCA (Cooperativa de Olivicultura, Citricultura y Agraria Concordia, de Entre Ríos, Argentina) no estaba relacionada con la droga ni con las gaseosas ni con Isabel Sarli? ¿intuían que NITO (Norges Ingeniör Og Teknikerorganisasjon) podía ser el diminutivo de Mariano? ¿creían que el PUS (Paysan d'Union Sociale) requería de un desinfectante, que OSA (Ontario Society of Artists) terminaría en un zoológico, que NATA (National Aviation Trades Association) iría a parar al colador, o que el CID (Criminal Investigation Department) era una oficina relacionada con las campañas bélicas de don Rodrigo Díaz de Vivar? ¿qué me dicen de la FIFA (Féderation Internationale des Foot-ball Associations)? al menos ¿qué me dicen de la primera vez que escucharon nombrar a la FIFA? Todos los malpensados se equivocaron. Se equivocaron de cabo a rabo; porque CABO, tal vez, quiera decir Comando de Asistencia Bengalí Obligatoria, pero no es seguro; y RABO, Residuos Arábigos Bordados en Oro. No sé. Estoy improvisando, ya que todo es posible, salvo dar por sentado a quien todavía sigue en pie. Hasta no hace mucho PC sólo quería decir Partido Comunista, pero hoy en día casi todos tienen una PC (Personal Computer) en su casa, aunque algunos detesten a los comunistas, amen el american way of life y suscriban a las tradiciones occidentales y cristianas.
Los especialistas en el tema aseguran que las mejores siglas son las de tres letras, pero no las que forman en sí mismas una palabra pronunciable (USA, CAT, NOA, IVA, OCA, TOP, UFO, UOM, TIA, NEA, ONU, ALA, COB, CIA, UTA, FUA, VIP) porque eso sería algo rebuscado; sino las que deben ser pronunciada letra por letra (sigla por sigla) a saber: ADN, BCG, HBO, TNT, DNI, PRT, DGI, LSD, BBC, IBM, TDK, ATC, KGB, FMI, JVC, PCI, EPS, BMW, BGH, PVC. Y como la voz de los entendidos no debe ponerse en duda, es que concluye aquí (con timidez y respeto) este texto de RRS, hijo de RRD y de FST, amigo de EDG para más datos, y con las formalidades del caso. Atentamente. SSS (Su Seguro Servidor).

 

Rogelio Ramos SignesRogelio Ramos Signes, nació en San Juan en 1950 y actualmente vive en la ciudad de Tucumán. Ha publicado numerosos libros de poesía y narrativa entre los que podemos destacar Las escamas del señor Crisolaras (Cuentos, Sudamericana, Buenos Aires, 1983), Diario del tiempo en la nieve (Nouvelle, Minotauro 10, Buenos Aires, 1985), Soledad del mono en compañía (Poesía, Libros del Hangar, Tucumán, 1994), Polvo de ladrillos (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 1995), El ombligo de piedra (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2000, segunda edición 200), Un erizo en el andamio (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2006) y La casa de té (poesía, Ediciones en Danza, 2009) entre muchos otros. Esta columna pretende acercar a nuestros lectores los textos que fueran publicados cada mes desde diciembre de 1995 a junio de 2000 en la revista Arquitectura y Construcción y que fueron reunidos en el libro El ombligo de piedra.