Adriana Rodríguez 

 

Dina Grijalva: MINIFICCIÓN Y EROTISMO

Entrevista: Adriana Azucena Rodríguez

Minificcionista sonorense, es autora de libros de minificción en los que destaca su interés por el tema del erotismo, como el recientemente publicado Mínimos deleites. Se doctoró con una tesis sobre minificción y erotismo y reunió la antología Eros y Afrodita en la minificción. En el prólogo, afirma que "la minificción, como el propio erotismo, también puede ser arrebato, encantamiento, voluptuosidad". Y agrega que "si la minificción busca la participación de quien lee y mantener en vilo la mente de la lectora o el lector, cuando se trata de una minificción erótica propicia, además, que las palabras permitan vislumbrar el universo de la pasión y estremecer no sólo la mente, sino el cuerpo".

¿Cómo empezaste a escribir minificción?
Mi acercamiento inicial a la minificción sucedió en los albores de este milenio. Fue en un seminario impartido por Lauro Zavala, en la UNAM, cuando vislumbré por vez primera el universo de las intensas brevedades (en años anteriores había sido lectora asidua de la revista El cuento; pero no había hecho consciente la importancia de los textos de la Caja de Sorpresas). En ese tiempo del seminario escribí algunas minificciones, las guardé como fruto de un desliz y continué con mis estudios académicos. Terminé mi maestría y empecé el doctorado, en esa etapa hice una estancia en Buenos Aires, el 2008, y allí fue el deslumbramiento: tener ante mis ojos la biblioteca minificcionista de Luisa Valenzuela fue como una revelación. Allí, en su casa de Belgrano, nací como hacedora de textos liliputienses.


¿Quiénes fueron o han sido tus maestros?
He leído con pasión a Luisa Valenzuela, Ana María Shua, Agustín Monsreal, Julio Cortázar, Fernando Iwasaki, Marco Denevi, Pía Barros y a otras y otros minificcionistas. Ojalá algo de ellas y ellos haya llegado a alguna brevedad textual mía.


¿Has tenido dificultades para publicar minificción? ¿Y para dedicarte académicamente al género?
Creo que he tenido una gran suerte en la publicación: Goza la gula y Las dos caras de la luna fueron publicadas (por decisión de dos editoras sinaloenses) apenas terminé de escribirlos. Y, gracias a Anaïs Nin, lo mismo sucedió con Abecé sexy y Mínimos deleites. En cambio, con Miniaturas Salmantinas y Cuestión de tiempo, el proceso fue más lento, tal vez porque me impuse el reto de publicar en otros países.


¿En qué momento fuiste consciente de que querías escribir un libro de minificción?
Como dije líneas arriba, escribí primero unas cuantas minificciones y las guardé, en 2008 escribí con un poco más de conciencia de que estaba escribiendo minificciones y fue tres años después cuando, al darme cuenta de que tenía una cantidad como para seleccionar y armar un libro, cuando decidí formarlo, así nació Las dos caras de la luna. Y, casi simultáneamente empecé a escribir los 29 tautogramas minificcionales que forman Goza la gula, estos 29 textos sí los escribí pensándolos parte de un libro.


¿Cómo defines el género? ¿Qué condiciones le plantearías al género?
Tengo una especie de adicción por definir la minificción con textos que pretenden ser minificciones. Por ejemplo:


La minificción
La minificción hispánica (espléndido género brevísimo: máximo una página) es lúcida, lúdica, etérea, irónica, onírica, icónica, mítica, mínima (y máxima), críptica (o nítida), súbita, intrépida, fantástica, magnífica, epifánica y quimérica. Jamás cándida.
Es éxtasis estético, vértigo, pájaro, relámpago.

La minificción es un universo hecho de palabras.

Al escribir una minificción creamos un mundo. Escribo flor y un jardín brota de la página. Agrego la palabra agua y una fuente riega el jardín. Surgen de entre las flores las palabras colibrí, mirlo y pájaro; al nombrarlos cientos de ellos abren sus alas y vuelan. Tal vez ahora habiten en otro texto.

Clitoridiana
La minificción se semeja al clítoris: es pequeña e intensa, lo que muestra es solo la cúspide: lo mejor está oculto y es un supremo placer descubrirlo.
Lo que me gusta de la minificción es la exigencia de trabajar la palabra. Alguna vez he dicho que todo cabe en una minificción, sabiéndolo acomodar. Creo que cada palabra debe ser idónea y estar en el orden adecuado.

Dina Grijalva 2

¿Cuál o cuáles considerarías las mayores aportaciones del género a la literatura?

Me fascina cómo en textos breves (y algunos brevísimos) se puede sugerir todo un universo. Y me parece un género que exige mucho de quien lee. Propicia y exige de la lectora o el lector poner en juego toda la concentración y recurrir al bagaje cultural para poder comprenderla. 

¿Consideras que existe una "comunidad minificcionista" mexicana? ¿Cuál sería su función?
Empecé a escribir minificción después de las clases de Lauro Zavala y de descubrir la biblioteca de minificción de Luisa Valenzuela, en la primavera porteña del 2008. Escribí en soledad, la escritura es siempre un acto íntimo, y meses después me atreví a mostrar mis escritos a Sandra Bianchi, minificcionista y crítica del género de la brevedad. A partir de allí seguí escribiendo y puliendo mis textos mínimos en soledad. Y a partir de la publicación de mis primeros dos libros de minificción: Goza la gula y Las dos caras de la luna, entré en comunicación con minificcionistas, antólogos, críticas, académicas y académicos de ese universo que formamos, quienes escribimos, estudiamos y asistimos a congresos y encuentros del arte verbal de lo breve.
Creo que esa comunicación con quienes integramos el universo de lo mínimo de alguna manera nos permea y nos lleva a compartir una visión del género y eso se manifiesta en la creación, que siempre es íntima y personal; pero que se nutre con todo lo que vivimos y leemos, incluyendo la comunicación con hacedores de minificción. 

Hablemos de tu obra en particular. Hay una presencia constante de preocupaciones, digamos, fonéticas en tu obra: los juegos de sonidos y palabras. ¿Qué dirías de esta particularidad de tu obra?
Confieso ser una persona proclive a las adicciones. Y, por periodos, soy una verdadera adicta al juego, incluyendo los juegos de palabras. Juegos de palabras de todos tipos y sabores, desde los juegos por el juego mismo hasta los juegos que permiten aflorar elementos profundos de la psique o juegos de palabras que permiten decir cosas tan terribles que si no se recurre al juego lingüístico serían difíciles de escribir.
Esa fascinación por los juegos de palabras (que a veces intento controlar, porque me lleva al exceso y a la desmesura) me ha llevado a escribir muchas minificciones con diversos recursos lúdicos (algunas las publico y otras las desecho o guardo), también me ha llevado a investigar sobre las figuras retóricas que entran en el universo lúdico y con esa pasión he formado un libro que será publicado el 2019 y que lleva el nombre de Fuegos de palabras. También esa pasión me ha llevado a convocar a quienes escriben minificciones a participar en una Antología de Minificción lúdica y que hemos concluido recientemente Agustín Monsreal y yo, llevará el nombre de Ferialuz. 

Otro de tus temas de trabajo es la relación entre erotismo y minificción ¿Qué caracteriza el erotismo femenino?, ¿y el masculino?
Sí: otra de mis pasiones es leer literatura erótica. Durante años leí literatura erótica escrita por hombres, por ser la que tenía a mi alcance. Después de descubrir a Anaïs Nin y El gato eficaz y algunos cuentos de Luisa Valenzuela me apasionó el tema de la construcción verbal de una narrativa del erotismo femenino. Me volqué durante unos años en la lectura y el estudio del surgimiento de la narrativa erótica femenina en nuestra lengua, y de allí pasé a unir este placer con mi descubrimiento de la minificción.
Creo que el estudio de la escritura del erotismo es un terreno propicio para observar los aportes femeninos a la literatura erótica. Al escribir el deseo femenino, la mujer está reapropiándose de su cuerpo, cuerpo femenino que había sido (d)escrito desde el falogocentrismo. Al escribir su erotismo, la mujer emprende la búsqueda de las palabras que permitan decir el deseo y el placer femeninos desde la mujer misma, convirtiéndose en sujeto enunciador y lo enunciado es su deseo. La mujer se convierte en sujeto textual y cuenta su historia, independientemente de la que le habían inventado los hombres.
Gracias a la narración del erotismo femenino (que surge en la década de los 60 del siglo pasado), hoy la literatura permite a la mujer dejar sentir y oír su voz. Desde el punto de vista de la crítica feminista francesa, la escritura es un acto de subversión que sumerge a la mujer escritora en su propio ser y la lleva a descubrirse, encontrar caminos, trazar sus propios mapas y construir el imaginario femenino. 

 Adriana Azucena Rodríguez. Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Profesora-investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la Facultad de Filosofía y Letras en áreas de teoría y creación literarias. Autora de los libros de cuento La verdad sobre mis amigos imaginarios (Terracota, 2008), De transgresiones y otros viajes (Samsara, 2012) y El infierno de los amantes (UACM, 2017). También ha publicado los libros de minificción Postales (Mini-hiper-ficciones) (Fósforo, 2013) y La sal de los días (BUAP, 2017). Ha sido antologada en volúmenes como Alebrije de palabras (José Manuel Ortiz Soto y Fernando Sánchez Clelo, BUAP, 2013) y Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano (Javier Perucho, Micrópolis, 2016). 

La fotografía de Dina Grijalva fue tomada del sitio Web:
https://www.youtube.com/watch?v=Patmdrs5H5w

 

En este mismo número, se publica una  selección  de minitextos de Dina Gerijalva. Puede leerlos haciendo click Aquí