#MICROLEE 2018 

LABORATORIO DE LECTURA 2018 

Invitada Esther Andradi 

MICROLEE N2 ANDRADI

  ESTHER ANDRADI Por Ana MaríaMopty

LECTURAS SOBRE ESTHER 

Esther Andradi nos presenta una producción breve original y profunda, donde se percibe la médula espinal de su humanidad peregrina. El tiempo y la distancia hacen que en ella se marquen las diferencias de un "aquí" y un "allá que se advierte desde su libro "Sobrevivientes". A partir del epígrafe, observamos mundos que señalan su vida en el país de origen, Argentina y el regreso que enseñorea el recuerdo y lo agiganta. Pero no todo es duelo por la pérdida porque estas reminiscencias señaladas con elementos representativos de una geografía latinoamericana concluyen con el buen humor de sentenciar "no soy ninguna papa frita".

El vuelo lírico, siempre presente, evoca el todo, cuando los gestos dicen y la palabra se confunde y quien escribe, afirma su situación con la gata o es la misma narradora la que se instala, tal vez, para obedecerle a su gata. Estar de aquí o de allá no es lo mismo para Andradi, quien observa a una vendedora ambulante y pretende ayudarla y no puede, su esfuerzo no alcanza para transformar la vida de esa mujer que por un instante se cruzó en su vida. Con sensibilidad de viajera mira y observa, se mete en la piel de los que pasan, de los que vio; se pregunta por los ferrocarriles que ya no están. Visita, a su regreso, "La cueva", aquel lugar que cobijaba estudiantes en otro tiempo y allí se encontraban versos, gente diferente, idealistas. Todo albergaba "La cueva" como recinto y cobijo. Destruida, desarticulada, evoca la vida de los estudiantes controlados o sospechados por uniformados de la década del setenta.
Pasado y presente disputan su protagonismo y todo sucede como en un viaje a otra geografía, otro tiempo y el deseo de rescatar aquel pasado cuando se pregunta por los juguetes de los niños hechos en el país, aquellas sábanas graffa cuando afirma: "todavía no ha sido escrita la elegía por la muerte de la sábana graffa" (p. 11).
La escuela es recordada con cariño, cuando el río pasaba y se señalaba en el mapa con el cuerpo, marcando en la breve anatomía de la infancia el fluir acuoso: "El Carcarañá era un río donde arrojaron todos sus cuerpos/ a la altura de la memoria duele de pies a cabeza/ mutilado/ hubo una vez un río/ se llamaba Carcarañá". (p. 15). La narradora se define en el texto XLVI como una "despatriada" que llegó a la estación al final de la tarde "cuando el monte se hacía más cargo de los rieles, las vías eran lentamente abrazadas por

a maleza. . . Y dejé que la hierba creciera en mí". A esta altura de la lectura, nuevamente se hacen presentes las frases del inicio, aquellas palabras de Atahualpa Yupanqui "De tanto ir y venir/ todo es maleza confusa/ pero mi huella está abajo".
En cuanto a Microscópicas, encontramos juegos de representación a partir de "Axioma doméstico" en un juego de comparaciones para definir la escritura "Escribir es meterse en el caos" (p.11). Esta modalidad nos conduce a mirar tras la imagen que ofrece el texto para descubrir, mediante el desciframiento de la polisemia, otra verdad allí escondida. Un claro ejemplo es el cuento narrado a Raquel sobre el malvado rey que castigaba a quienes no eran petisos en "De donde se deducen las razones de la desaparición del reino". La estatura del monarca obliga a castigar a los súbditos de mayores posibilidades y eso hace un país de pequeños. (p.41). También en "Vieja pared" nos advierte sobre la furia del muro en una animización que figurativiza un ser despechado, capaz de vengarse con brotes de violencia en otras partes del mundo. (p.42).
El libro crece en miradas desde lo doméstico para indicar otras problemáticas planteadas con un humor original, que aquilata lo medular del texto. Encontramos un caleidoscopio que se centra en diversos hechos organizados en momentos musicales para finalizar, en el corpus de "Fine" con "Sueño de una noche de verano,". Allí leemos una inversión de mundos: "Y cuando la memoria informática conectó con los códigos de la especie, todos los bichos se liberaron. . . Los ratones felices se fueron a potrerear en el fresco de la noche". El cambio de situación permite la felicidad de los sometidos en el microcosmo de Esther Andradi. Sus producciones instalaron la música con vibraciones de sonata porque en el regreso los recuerdos andan, andan.

 

Prof. Ana Mopty

 

 

LA PEREGRINA
Por Mónica Cazón 

¿Qué saben de ella?
Acaso alguien la vio cruzar la frontera.
Acaso la vieron histórica, histérica
colocar el mantel.
Algo habrá que justifique la música en su mesa.
La ella que emerge con los pies descalzos.
Pero qué
¿qué puede importarle lo que otros dicen
cuando anuncian su nombre?
En ciudades remotas
ha plantado letras en hojas vacías,
ha rescatado un perro,
se ha sentado a mirar el mar,
hasta perder su simetría.
M.C.

Esther Andradi es una peregrina en el sentido más amplio del significado, como es el de realizar, a través de su escritura, un recorrido por regiones desconocidas. Una mujer que lee, siente y escribe. Que maneja con fluidez la sintaxis, los silencios, el lenguaje despojado y un vocabulario nutrido. Que sabe lo que sabe y puede remontarse; una mujer empoderada.

Dice Andradi, Desde que yo recuerdo me interesaron las sociedades, sus casi imperceptibles movimientos. Y su relación con los cuerpos, siempre en danza, en una banda ancha que va desde pulsiones biológicas hasta aspiraciones místicas, anclados en neurosis, bailando con el eros. Las sociedades escriben su marca en el cuerpo. Lo nutren, lo violentan, lo seducen. Lo enajenan. Mis narraciones se ocupan de esos movimientos poco o nada perceptibles, casi invisibles, cotidianos (Blog de Narradoras Argentinas) lo que nos confirma la versatilidad con la que encara la hoja en blanco.
Escribió ficciones, poemas, ensayos, microrrelatos, y realizó numerosas entrevistas como periodista. Interesada también por las migraciones y metamorfosis de una lengua a otra, reunió en Vivir en otra lengua, trabajos de escritores latinoamericanos que tienen su
residencia en países europeos, y volcó su escritura en otro de sus compromisos, las problemáticas del exilio y del ser mujer.
Intensa, cuando manifiesta, A mí lo que me interesa es la recepción de mis textos en español. Yo trabajo para un público hispanohablante. Siempre uno tiene un lector ideal
en la cabeza, que puedo ser yo misma, y ese lector es un lector español. Cuando escribo sobre temas de acá, trato de trasmitirlos a la gente de allá. Nunca voy a poder escribir como alguien de acá. Porque yo soy de allá. Mi mirada es la de alguien de afuera. (Revista Desbandada, febrero 2017). Su mirada que describe lo que nadie ve, y lo que incorporó en diferentes lugares de América y Europa.
Cuenta con múltiples creaciones; Chau Pinela (Cuentos, Ediciones Tigre de Papel, Lima, 1988), Come, éste es mi cuerpo: 30 textos eucarísticos 30 (Último Reino, Buenos Aires, 1991/ 1997), Tanta Vida (novela, Simurg, Buenos Aires, 1998), Sobre Vivientes (Simurg, Buenos Aires, 2001/ Uber Lebende/Sobre Vivientes, español/alemán, teamart Verlag, Zürich, 2003), Berlín es un cuento (novela, Alción, Córdoba, 2007) por mencionar algunas.
¿Y qué es Microcósmica? El cosmos de Andradi, que habla de sus curiosidades, preocupaciones y vacilaciones; que indaga sobre el universo interior y exterior sin preocuparse por la extensión como lo haría Monterroso.Desaforada y creativa ¿quién cuenta la historia de una ladilla? Ella.
De ladilla a su cría (pag.60. Microcósmica).
Sus microrrelatos la revelan y no. Juegan a las escondidas con humor y nos introducen en diferentes espacios, sin preocuparse Con fluidez transita por la violencia de género en Corte de mangas (pag.29; Microcósmica); o el dinero, en Las hojas muertas (pag.14; Microcósmica).
La Donna é Mobile (pag.17; Microcósmica) es un híbrido que coquetea con el relato y la poesía. y nos muestra su inquietud con la situación de la mujer; el mundo femenino surcado por la violencia:
Mamá, la cigarrera, era mujer de rosas en la liga y deseada por todos.
Hasta que la disputó un guapo de mala leche y poco seso.
Dicen que me salvé por un pelo, pero yo era muy chica entonces y no tengo memoria.
Me crió la patrona en el silencio.
Hasta que un día me enteré que mi vieja había muerto a navajazos y no de cáncer de
pulmón como me habían contado, y que su asesinato inspiró una ópera famosa y un montón de películas que llevan su nombre: Carmen.
Desde entonces, bailo su historia.
Recuperé su vestido rojo, sus sedas y su talante.
Taconeo su gloria con sólo subirme al ruedo.
Su vida es la mía, su pasión mi deseo.
La diferencia es que yo quiero morirme centenaria, con un búho en el hombro y un gato en la falda.

Sólo reemplacé la rosa por un puñal.
Por las dudas.

¿Y qué es Come, este es mi cuerpo? (Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1991 2da edición 1997 páginas 2-8) Una provocación, una invitación:

Vino
Mi cara se parece cada vez más a una pasa. Las arrugas me visten la sonrisa de lomo de tortuga, el llanto de crisálida, la seriedad de pasa nomás. Por eso bebo tanto. Para macerarme en alcohol y así poder tragarme. Lástima que no puedo sobornar al espejo.
Pero quizá termine disolviéndome en saliva, acogiéndome al privilegio de las hostias.

En este microrrelato, la brevedad es contundente y se visualizan formas verbales conjugadas, indispensables para el relato. La narración es lineal con secuencias de hechos puntuales, enmarcados por la ironía, que harían la delicia del Dr. David Lagmanovich,
Alcachofa (Come, éste es mi cuerpo, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1991 2da edición 1997) es otro híbrido, en donde el sexo está latente, y se entremezcla con los alimentos, para que el lector disfrute de un texto que juega con la osadía, y una reflexión intencional.
Carnes (Come, éste es mi cuerpo, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1991 2da edición 1997) nos muestra un microrrelato voraz, preciso, que presenta una reflexión aguda de la realidad. Carnal y vegetariano, esta dicotomía lúdica encuentra la narratividad que nos remarca Fernando Valls.
En XII y XXIII (Sobre Vivientes Simurg Ediciones, Buenos Aires 2001, páginas 9-11) la autora nos enseña un presente que hilvana los tiempos y se manifiesta con representaciones de la infancia.
Pasado y presente, alimentos, sexo, política, problemáticas sociales, universo, violencia de género, brevedad, precisión del lenguaje, anécdota comprimida, la intertextualidad, la sugerencia, humor, ironía, final no conclusivo, y mucho más, nos convida Esther Andradi en un plato suculento, para devorar sin prisa. Por supuesto, elaborado por una gourmet exquisita: ella.