Toño 61 

 

     JOEL Y ETHAN COEN.

Un cine que atrapa

Antonio Cruz*

Como saben muchos que me conocen, no soy un crítico de cine ─no podría compararme con algunos que he leído por ahí y que han demostrado tener muchos más "argumentos" (valga el juego de palabras) para escribir una crítica de cine─, sino un simple cinéfilo aficionado que se ha deleitado viendo películas a lo largo de toda su vida. .

Desde que existe Tardes Amarillas (2014) más de una vez me he sentido tentado a escribir mis impresiones sobre ciertos filmes, directores o actores y, venciendo mi natural renuencia a opinar sobre tema tan peliagudo, más de una vez he tenido la osadía de hacerlo. Entre esos temas que me seducían está la filmografía de los hermanos Coen, esos hermanos que se han convertido en referencia ineludible del cine estadounidense en los últimos años del milenio pasado y la primera parte de este. De allí que, desde hace un tiempo venía pergeñando esta nota aunque no me decidía de manera definitiva.

Por si fuera poco, en el año 2016, se me ocurrió ver la ¿comedia? que filmaron los famosos hermanos ese año ─¡Ave César! (Hail, Caesar! El título original)─ y me llené de dudas. Esa comedia, de un argumento poco sólido y sostenida apenas por la capacidad de los actores no se parece en nada a aquellos filmes que me deslumbraron en su momento: Muerte entre las flores, Fargo o No es país para viejos; ni siquiera se acerca a Barton Fink, esa película que no es una de los mejores de los Coen pero que sin embargo perturba y atrapa. 

 ETHAN Y JOEL COEN

No obstante, ocurrió un hecho que determinó que volviera sobre mis pasos y tomara la decisión de una vez por todas. Anoche, (noche de insomnio), mientras trataba de entretenerme viendo un poco de tele, "pesqué" en un canal de TV por cable True Grit ─conocida por estas tierras como Temple de acero o Valor de ley─ el Western que filmaron los Coen en 2010 y, como cuando la vi por primera vez, no pude evitar que mi memoria me arrastrara al pasado para recordar aquella película de John Wayne que me impactara a principios de los setenta del siglo pasado. De acuerdo a lo que suele ocurrir con algunos canales de cine, la repitieron apenas dos horas después así que la vi dos veces. Mi dilema cambió de dirección. Durante largo rato, estuve preguntándome si no estaba siendo injusto con los Coen ¿Acaso un desacierto puede de alguna manera empañar que los Coen ganaron cuatro premios Óscar y numerosos otros permios como la "Palma de Oro" y un Globo de oro, viniendo desde el cine independiente? Esa película que vi anoche, fue el detonante para escribir sobre ellos de una buena vez y decir lo que pienso.
Conocí el cine de los Coen a finales del milenio pasado (1997 o 1998) más que nada presionado por las sugerencias de amigos más cercanos y de quienes habitan mi entorno íntimo (recuerdo con particular agrado la insistencia de mi hijo mayor Fernando) para ver un título que había causado furor, no exento de polémica Fargo. Una noche, de mucho calor y con el aire acondicionado puesto en su máxima potencia, me dediqué a ver la película de la que tanto me habían hablado. Como una anécdota curiosa, confieso que la vi por primera vez en un viejo televisor de 21 pulgadas, conectado a un ya, para aquellos tiempos, vetusto sistema de VHS.
Debo reconocer que al principio, la historia se me hizo pesada y poco llevadera; no es casualidad. Imaginen un tórrido verano de Santiago del Estero, con la canícula derritiendo el mundo y vos viendo en una pantalla largas tomas sobre la nieve, de un lugar lejano y poco conocido de Estados Unidos donde sin dudas, la temperatura de ese mismo momento estaba en las antípodas. «Mal comienzo» me dije. Afortunadamente, a medida que se iba desarrollando la historia, me fui olvidando de los factores externos y cuando la historia terminó de atraparme, ni siquiera me había dado cuenta del tiempo que había pasado. Apenas terminada la película, la vi nuevamente desde el comienzo y ya con otra mirada.
A partir de aquella noche me dediqué a buscar películas de los Coen para conocerlos a fondo. No pude verlas a todas pero vi varias de las que dirigieron.
Desde la filmación de su ópera prima, "Sangre fácil" en 1984, los hermanos Coen no han dejado de funcionar como un equipo que filma buen cine y que, por supuesto, permiten a la industria del séptimo arte hacerse de buenos dividendos. Probablemente debido al rigor del crudo y largo invierno de Minnesota, su patria chica, y cumpliendo con una de las características más llamativas de intelectuales y artistas del estado, también se mudaron tempranamente a estados de clima más benigno.
A Sangre fácil, le siguieron Arizona Baby (1987), Muerte entre las flores (1990), Barton Fink (1991) y El gran salto (1994), películas que fueron rodadas en otros estados del sur. El regreso a su estado natal, se produce a mediados de los noventa, para rodar precisamente el filme que actuó como disparador de esta nota, Fargo (1996), un film que a prima facie resulta enigmática pero que tiene la virtud de investigar a fondo lo que se cocina en el alma y el pensamiento humano cuando la codicia supera el ansia de un crecimiento económico y se transforma en una casi patología.
FARGOIker Zabala, en un artículo publicado en sitio Web JOT DOWN sostiene que la filmografía de los Coen, es «como GPS de la geografía norteamericana, recorriéndola de norte a sur y de este a oeste, y que constituye, sobre todo, un recorrido espiritual y folclórico por buena parte de la herencia social, histórica y cultural de los Estados Unidos. Puede decirse que, en el sentido estricto del término, no hay unos cineastas más americanos que los dos hermanos de Minnesota».
Se me ocurre que yo no soy el más indicado para evaluar este concepto cuasi sociológico. Desde mi óptica de un simple aficionado y por haber leído algo sobre psicología, tengo la certeza de que los Coen son más que nada inquisidores del alma de los hombres. Usan el cine no solamente como un medio para crear arte, sino también para generar nuevas miradas sobre el comportamiento de los seres humanos en este galimatías en que se ha transformado el mundo contemporáneo. Prueba cabal, es Fargo, una enorme película que se enmascara en una historia sencilla, que si no miramos de manera atenta, puede parecernos nada más que "un policial ingenuo" y que sin embargo, hunde sus raíces más profundas en la codicia, en el desamor y, por supuesto en el mal como elemento inevitable en algunos seres humanos. No puedo obviar aquí, hacer referencia a una comparación. El algoritmo del pensamiento y la manera en que lo desarrolla Marge Gunderson (la jefa policial que investiga el caso) me ha sido recordado recientemente por las formas en que actúa el Profesor Teerlinck en la serie "Profesor T", sin que el comportamiento cotidiano seas el mismo. Me refiero exclusivamente, a esa manera de razonar de algunos investigadores en las que una pequeña pista los conduce al resolver el caso.
Otro ejemplo de la capacidad de crear joyas cinematográficas de estos dos hermanos es No Country for Old Men (No es país para viejos), conocida en Argentina como Sin lugar para los débiles ─¿A qué se deberá esa manía de cambiar los nombres? Probablemente a cuestiones de márquetin─, una película llena de simbolismos y cosas no dichas ─que resultan más elocuentes, "dicen más" que lo que la palabra expresa─, que termina por demostrar que el mundo que vivimos por estos días en los países de occidente no es el lugar más adecuado para quienes hemos atravesado la barrera que indica el comienzo de la llamada tercera edad.
A lo largo de su carrera, los Coen han incursionado en casi todos los temas considerados como fundamentales en la filmografía estadounidense. El "género negro" (Sangre fácil), el policial típico (Muerte entre las flores), la comedia, y hasta el wéstern, pero siempre hicieron gala de sus recursos para meterse con el humor negro y el absurdo.
Juan Luis Caviaro en la página ESPINOF , describe siete razones para amar el cine de los Coen. Segú él, serían: 1) La puesta en escena, 2) La violencia, 3) El humor, 4) Destapan las miserias del ser humano, 5) Sacan todo el partido de sus actores, 6) Crean personajes únicos y 7) te obligan a esperar lo inesperado.
Seguramente, todas estas razones son absolutamente válidas. No obstante, desde mi personal mirada, los Coen son muchas cosas más. Por ejemplo, llama la atención su noción del mal absoluto como concepto psicológico del villano ─y aquí es ineludible traer nuevamente la simetría de ese concepto con el pensamiento de Jasper Teerlink, el criminólogo de la serie Belga Profesor T que ya mencioné más arriba─.
En el punto 6 Caviaro refiere «Crean personajes únicos». Tengo la certeza de que ellos saben cómo hacerlo. Como dotar al intérprete de la personalidad y el carácter adecuado para encarnar "ese" villano.
También me gustaría referirme a algo que, en mi opinión, es casi común en el cine actual y que sin embargo ellos dejan de lado. La idea de generar películas versátiles que van y vienen en el tiempo narrativo. Los Coen, en general, narran en su filmografía historias lineales que engañan con una sencillez que perturba. El desarrollo es más o menos cronológico. La excepción podría ser True Grit que, globalmente funciona como un inmenso "flash back"; la película comienza y termina con una narración en pasado, pero el desarrollo es absolutamente lineal.
Con un dejo "tarantinesco", son amantes del buen cine, el que, indudablemente, los han marcado y han dejado en su mente y en su corazón, huellas indelebles; por supuesto ellos, en su afán de crear historias tan trascendentes cono esas, tratan de recrear esas historias como un modo de homenajear el buen cine. No es algo menor. Con esa manera de filmar, terminan generando obras maestras que muchas veces resultan difíciles de clasificar pero que sin embargo seducen y atrapan.NO ES PAÍS PARA LOS VIEJOS
Y la cuestión es que tienen demasiado talento y sólidos argumentos ─ambos son graduados universitarios, vienen de una familia acomodada que les ha permitido acceder a una filmadora siendo niños y han podido degustar desde edad temprana las grandes películas de la filmografía estadounidense ─, para conseguirlo.
Otro de los elementos que caracteriza a los Coen es que ellos mismos producen, escriben, realizan y montan sus películas utilizando, muchas veces, sobre todo en su juventud, los métodos más rudimentarios.
La otra referencia que me gustaría hacer es a los escenarios que utilizan los Coen en sus filmes, pero ya lo expresó mucho mejor de lo que yo lo podría hacer, alguien que escribe una nota (que, curiosamente no lleva firma), en al Sitio Web revista de cine "Encadenados", bajo el título de "El cine de los hermanos Coen"
« El paisaje es esencial en sus películas. Paisajes desolados que señalan una u otra estación del año. Paisajes y ambientes se unen de forma inseparable. Lugares, sitios desnudos en su elementalidad: una barbería, una habitación de un hotel, un desierto inacabable, bosques repletos de hojas, interminables espacios repletos de nieve... De arriba abajo, de un lugar a otro las películas de los Coen recorren la geografía de los Estados Unidos no solamente en espacios también en distintas épocas».
Ya dije más arriba que no vi todas las películas que filmaron. De la veintena que dirigieron, solamente alcancé a ver apenas once pero, se me ocurre, estas películas justifican de manera absoluta escribir una nota sobre ellos.
Para el final, quiero reservarme un espacio para hacer una breve reseña de los filmes que más me marcaron.
Más allá de lo que piensen quienes han estudiado y saben mucho de cine, mi preferida sobre cualquier otra es Fargo. Una obra maestra, que tiene todos los condimentos para ser catalogada en el "cine noir" pero que es contada con un desenfado y un manejo tan extraordinario del humor negro, que termina por ser inclasificable. Por ahí alguien dijo que es una "comedia despiadada" y probablemente lo sea. Lo que más destaco de esta película, es como, los hermanos Coen, han sabido construir personajes tan variados y tan heterogéneos para crear una cinta que tranquilamente puede ocupar un sitial entre las mejores de los años noventa. Por supuesto, ese conjunto de personajes, son retratados en el ambiente justo. Rural y con la simbología de la nieve como telón de fondo. No es lo único para destacar. También merecen ser tenida en cuenta la elección de los actores: McDormand, Macey, Buscemi y el resto del elenco cumplen a rajatabla con su misión sin desentonar. Un párrafo aparte se merecen los travellings (que no tienen nada que envidiarle a los de Paul Thomas Anderson o Quentin Tarantino) y las características que exuda ese inefable y espléndido personaje que compone Frances McDormand como una policía, podríamos decir, única en la historia del cine.
Mi siguiente estación es No country for old men. Esta película, fue para la crítica especializada, la "gran" película de ellos. Por algo se llevaron los premios Óscar a la mejor película, la mejor dirección y el mejor guión adaptado. No fueron los únicos. El español Javier Bardem se hizo con el Óscar al mejor actor de reparto.
El guión de la película, escrita por los propios hermanos, está basado en la novela del mismo nombre cuyo autor es Cormac McCarthy, ganador del premio Pulitzer.
Si bien el guión y la puesta en escena son impecables, no podemos dejar de destacar a ese villano extraordinario que compone Javier Bardem, quien reúne todos los condimentos de estos directores que les adjudica Caviaro ─mencionado más arriba─, cuando escribe «Son creadores de personajes únicos». Bardem se transforma así en uno de los más extraordinarios y más temibles villanos que yo recuerdo haber visto en el cine. Un retrato que logra ser uno de los más fieles ejemplos de la crueldad y la violencia de los tiempos actuales. No obstante, al igual que varios críticos (más autorizados que yo) el personaje principal termina siendo Llewelyn Moss encarnado por Josh Brolin, un personaje impecable cuyo comportamiento resulta vital para el filme. La codicia ─sin descuidar el remordimiento─, van marcando cada uno de los giros de la película. Una película sin fisuras y que seguramente  será recordada por mucho tiempo. 

 zTemple de acero

Por último una breve referencia a True Grit. El Western ha sido uno de los géneros míticos del cine estadounidense. En mi caso particular, ocupó y ocupa un lugar preponderante en mis preferencias. En los últimos veinte o treinta años, muchos cineastas ─Clint Eastwood con su inolvidable Unforgiven o Quentin Tarantino con su memorable Dajngo Unchained, entre ellos─, han intentado acercarse al género con una nueva mirada que no deja de ser un homenaje a un tema que tiene mucha historia.
Los Coen, no pueden resistir a la tentación de hacer lo que otros ya hicieron y en 2010 filman True Grit (que, como ya dijimos más arriba en Argentina se exhibió como Temple de Acero).
Quizás por el recuerdo reciente ─la vi hace apenas 48 horas atrás─, no tengo dudas en afirmar que es una película sublime.
Volviendo al principio, la filmografía de los Coen es muy buena y creo que se merecen largamente una nota como esta.

*Director de Tardes Amarillas