ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA

Carlos Eduardo Figueroa

 

Carlos Figueroa

 

Carlos Eduardo Figueroa (Buenos Aires, 18 de febrero de 1939) vive en Santiago desde sus primeros años. De profesión Contador Público Nacional, durante su juventud vivió en Alemania y visitó numerosos países de Europa. Dueño de una profusa obra poética que ha trascendido los límites de nuestra geografía, tuvo también activa participación institucional en la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Dueño de un lenguaje poético caracterizado por un excelente manejo de la metáfora y las figuras poéticas, sus trabajos se han publicado en la prensa local, nacional y extranjera. También fue figura descollante en los Cuadernos de Cultura de Santiago del estero. Entre los libros publicados por Figueroa, podemos mencionar Los juguetes del sueño (1978), Diálogo secreto, (1984), Señales de dos mundos (1993), Soles de la memoria (1998), Días sin regreso (2005) y la palabra encendida (2008).

Isla Negra

                  (A la memoria de Neruda)

Allí está tu cama
recostada hacia el sur buscando el cielo
afuera, blanca espuma, negra la piedra
y una sombra de recuerdos cubriendo la casa.
Allí están tus cosas,
la mesa que un día te trajo moroso el oleaje
y tus enamoradas, esos mascarones de proa
con sus rostros de manera y el misterio de oriente
velando junto a ti tu sueño de lejanos mares.
Allí quedó mi espíritu, mi deseo
cumplido una tarde de palpitante enero
cuando vibró mi corazón al unísono con las olas
ésas que siguen bañando tu memoria,
tu pie dormido para siempre.

 

Lo efímero
Es tu única riqueza.
Rumiando por las estepas
las ovejas, muestran indiferencia
Mientras el paisaje ríe eternidad.

El tiempo parece detenido,
entonces inventa su fluir
para justificar lo efímero
de tu existencia.

 

Presente
Digo aquí y te transformas,
ya no eres.
Efímera es tu vida, lamentablemente.
Prestas tu rostro al instante
para que después te ignore.
Triste destino del presente:
ser y no ser al mismo tiempo.

 

Primeras palabras
Primero fueron los gritos,
sombras que salían
de su pequeña boca;
después la necesidad dio forma
al asombro de la palabra
para nombrar las simples cosas;
esas que hermanan a los hombres de esta tierra.
Más tarde, cuando urdió su primera mentira,
nació la ficción en su vida y con ella,
el camino del arte.

 

La casa, un sentimiento
La imaginamos sólida, inalterable
enclavada en un punto luminoso del universo,
donde se refugia la piadosa luz
de un dios eternamente bueno.
Así la idealizamos siempre,
sabiendo que en su corazón
quedó la alegría de los pantalones cortos.
Cuando la buscamos...
sus formas se escapan,
se vuelven viento
y sus límites, son nada más
[que recuerdos
aprisionados por el tiempo.
La casa envejece con nosotros
y nos sobrevive, sin saberlo.

 

Ritual del Regreso
Golpean las aguas un tambor de penas
sobre las costas augurales del olvido,
porque la muerte viene y se lleva los reucerdos
del hombre que arde entre los leños.
Sin embargo nadie llora
la desintegración de sus formas.
De pronto, desde la hoguera vuela una paloma
que busca morar en otro suelo,
la voz del ayer, hoy melodía en retirada
se aleja en alas del viento,
en tanto su mirada, luz del alma,
se pierde en los destellos.
Consumado a la vera del Ganges
el ritual del regreso,
despierto a la memoria del día
con un río sagrado surcando mi pecho.