MINIFICCIÓN
DIEZ TEXTOS DE DINA GRIJALVA 

 Dina Grijalva

Dina Grijalva. Escritora, investigadora y profesora mexicana. Nació en Ciudad Obregón, Sonora. Conoció de la minificción en los cursos de Lauro Zavala en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en el primer año de este milenio Es Doctora en Letras por la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa UAS. Forma parte del Sistema Nacional de Investigadores SNI, nivel I. Ha sido auspiciada por el Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noreste forcan. Su línea de investigación es la narrativa en lengua española. Ha publicado diversos artículos para revistas especializadas en literatura, además de publicaciones periodísticas. Ha escrito, además, libros de ensayo y minificción. Entre sus libros destacamos Goza la gula, Las dos caras de la luna, Goza la gula y Mínimos deleites. Ha sido antologada en numerosas ocasiones. Ha impartido e imparte talleres de minicuento. Dicta clases de Literatura –con énfasis en el estudio de cronopios– en la Escuela de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

Obsesión

Elegí la minificción como mi género literario y desde entonces mi pasión por lo mínimo es total: abandoné mi gran casa construida en medio de una alameda donde tan feliz fui. Ahora vivo en una buhardilla cultivando un precioso jardín, en él un bonsái da sombra a unas briznas de hierba. Contemplo y acaricio a mi caniche mini toy, mientras tomo mi petit dejeuner. Sueño con dormir una breve siesta y despertar en Liliput. 

David
De día lo contemplaba entre los miles de visitantes de la Academia. Por las tardes se escondía detrás de alguna de las innumerables estatuas del piso superior y en la oscuridad bajaba anhelante hasta estar cerca de David.
Le acercaba un pequeño caracol del mar de coral, una gota del perfume de su pubis, una moneda de espuma o acaso un espejo invisible. Susurraba pétalos de vida y acercaba los latidos de su corazón al níveo, sedoso y firme pecho de su amado.
Una noche, apenas rozó con sus labios el hombro de su adorado, él olvidó siglos de mármol, descendió del pedestal y sus rizos parecieron movidos por un aliento de ángel. Se amaron con pasión de amantes primigenios.
Por la mañana, el vigilante dijo: qué extraño: hoy David sonríe. 

Las yemas de sus dedos
Me invitó a su sala privada; el calor de sus palabras recorrió mi cuerpo. Las yemas de sus dedos me llevaron con frenesí a la embriaguez del deleite: de mi interior brotó la fuente que me inundó toda y surgieron en mí voluptuosidades insospechadas. Alcanzamos el éxtasis al unísono. Nos despedimos todavía temblorosos de placer. Olvidamos intercambiar nuestros mails. Ahora navego en el ciberespacio sin lograr encontrarlo. 

Réquiem
Leyó que la escritura es un salto al vacío, sin saber a ciencia cierta qué nos espera abajo. El consejo era lanzarse. Después de días, meses y años decidió: se lanzaría a la aventura literaria. Tomó impulso, saltó, cayó en un manantial de aguas profundas. Entonces supo que no sabía nadar. 

Fantasía feliz
El placer era tanto y tan intenso que exclamé: es como vivir un sueño y desperté. 

Redacción rápida
Jorge le pide una pausa, un tiempo.
«¿Cómo una coma?», pregunta Elva.
El rostro de él se ilumina: «sí, eso: un tiempo para respirar».
«Mejor pongo punto final», decide ella. 

Generosa
Se volvió tan, tan fanática de la escritura de género que sólo escribe obras en femenino: novelas, tragedias, comedias, elegías, relatas y cuentas. No escribe cuentos ni poemas porque son masculinos. 

Amor de novela
Siempre ha dicho a mis estudiantes que la literatura es parte de la vida. Ahora eso ha pasado de ser mera retórica y lo vivo en carne y alma: al escribir las primeras líneas de mi nueva novela, el personaje me deslumbró de tal manera que lo amé al instante. Página a página y capítulo tras capítulo mi pasión crece; aún no termino de escribirla y ya he abandonado a mi marido y renunciado a todo por él. Lo que me desconcierta es que ni siquiera es el personaje protagónico. 

De México a Bs As y viceversa (O De la tinga al tango y todo lo demás)
Viajó a Buenos Aires y acompasó allí su corazón (y todo lo demás) al latir de un bello rubio. Con él conoció ciudad, paraíso e infierno.
Al regresar a su país, extravió su maleta, le robaron su bolso y del dichoso rubio ni sus luces.
Ahora llora sin tango, sin tinga y sin tanga. 

Él y yo
Hay instantes felices: él y yo nos amamos, jugamos, bailamos; lo llamo, acude, lo acaricio y él responde solícito a mis deseos. Es entonces cuando mi felicidad no tiene límites, un abanico multicolor de palabras parece desplegarse ante mí y torrentes de fluidos alegres surgen de mi cuerpo. Hay, en cambio, días en los cuales él se me rebela y es indó- cil, egoísta, mezquino; lo invoco y se niega a responder a mis demandas, a mis deseos. Entonces la desazón, el desasosiego y una profunda tristeza me invaden. Cuando siento que tal vez me ha abandonado para siempre, mi vida se torna gris. Cuando días, semanas o meses después, el lenguaje retorna a mí, regresan los sublimes instantes de dicha. Tal vez el placer siempre sea efímero, pero esos instantes fugaces de felicidad lo significan todo.  

 

Lea la entrevista realizada por Adriana Azucena Rodríguez que se publica en este número accediendo Aquí